Caminaba de un lado a otro nerviosa, faltaban unos minutos para que Fabrizio llegara, tenía miedo de cómo podía salir esto, si ellos no se convencían de que estábamos enamorados, las cosas se complicarían bastante, me quedé estática al escuchar el timbre de la casa, sentí que la respiración se me cortaba, como mi cuerpo comenzaba a volverse gelatina, tragué saliva girándome despacio hasta la puerta.
Abrí la puerta viendo a Fabrizio del otro lado, llevaba un par de bolsas en la mano, lo saludé haciéndome a un lado permitiéndole entrar, me quede observándolo mientras se quitaba el abrigo poniéndolo en el perchero, llevaba una jersey gris que se le pegaba un poco al cuerpo marcando sus músculos, unos pantalones vaqueros negros, me mordí el labio contemplando su cuerpo, de verdad que el muy desgraciado, estaba para comérselo.
Sacudí la cabeza alejando esos pensamientos, me acerqué agarrándolo de la mano, al hacerlo, sentí un cosquilleo que me recorría todo el brazo, respiré hondo comenzando a caminar hacia el salón donde todos nos esperaban expectantes.
— Familia, os presento a Fabrizio Benedetti…—presenté forzando una sonrisa
— Es un placer Fabrizio, yo soy Camelia, su madre—saludo ella tomando acercándose dándole un abrazo y un beso
— El placer es mío de poder conoceros al fin—dijo devolviéndole el abrazo y el beso, le ofreció una de las bolsas haciendo que ella lo mirase ligeramente sorprendida— Es un regalo, espero que te guste—
— Son jabones artesanales, me encantan, muchas gracias, no debiste molestarte—comentó contenta volviendo a abrazarlo
— No es molestia, para mí, es un placer—le ofreció una pequeña sonrisa, que para mi sorpresa, esta no estaba cargada de burla o malicia, parecía sincera, y la verdad, se me hizo bastante bonita
— Yo soy su padre, Cesar—se presentó mi padre con un apretón de manos, mirándolo con seriedad— Es un placer conocer al inesperado prometido de mi hija—
— Igualmente señor, me hubiera gustado conocerlos antes—
— ¿Y porque no lo hiciste?—cuestionó Lorenzo con el ceño fruncido— Soy su hermano mayor, Lorenzo—
— Encantado—dijo ofreciéndole su mano, pero mi hermano solo se quedó mirándola, me mordí el labio sintiéndome nerviosa, miré de reojo a Fabrizio, su semblante estaba serio, pero sabía que por dentro estaba que echaba humo, vi como respiró hondo alejando su mano— Daniela no quería que lo supierais—comentó a lo que mi hermano sonrió de lado negando con la cabeza
— La pones como excusa, ella nunca nos ha ocultado nada, así que no me creo eso, debe haber otro motivo—
— Es la verdad Lorenzo, yo no quería que supierais nada aun, él siempre me ha insistido para hacer esta reunión, pero me negaba por miedo—conté sintiendo una gran mentirosa, mi hermano me miró con suspicacia
— ¿Miedo de que?, somos tu familia, ¿acaso te hemos dado motivos para no confiar en nosotros?—cuestionó en tono molesto, suspiré colocándome el cabello hacia un lado
— No se trataba de confianza, se trataba de que yo, quería que fuese así—dije mirándolo con enfado
— Pero—
— Basta—intervino mi madre callándolo— Son decisiones de tu hermana, tú, no tienes cabida en eso, ella tiene sus motivos, no debes cuestionarla—comentó bastante enfadada, mi hermano solo asintió mirando hacia otro lado
— Yo soy Gianni, su mellizo, y hermano mayor—se presentó ofreciéndole su mano con una sonrisa
— Un placer—contestó estrechándosela
— Solo eres mayor, por un minuto—comenté haciendo que me mirase con burla
— Pero sigo siendo mayor que tu—me guiñó un ojo a lo que bufé rodando los ojos— ¿Esa otra bolsa para quién es?—cuestionó mirándola
— Oh, sí lo siento, es para usted señor, un regalo—se la ofreció a mi padre que se veía sorprendido, la acepto abriéndola, era una caja con una botella de vino, al verla vi como los ojos de mi padre se iluminaron— Daniela me dijo que ese vino lo sirvieron el día de su boda, pero por desgracia ya no se fabrica, y solo quedan alguno en el mercado—
— Cierto…pero esas botellas, tienen un precio astronómico—murmuró mi padre aun sorprendido
— No tanto—
— Gracias—agradeció con una sonrisa la cual Fabrizio le devolvió
— ¿Y regalo para los cuñados no hay? —
— ¡Gianni!—exclamé haciendo que riera
— ¿Qué?, también debe comprar a los cuñados con regalos—dijo encogiéndose de hombros, suspiré negando con la cabeza
— Lo tendré en cuenta para la próxima visita—miré a Fabrizio sorprendida ante sus palabras
— Bueno, pasemos a comer, o se enfriara la comida—comentó mi madre
Todos fuimos hacia el comedor, nosotros nos sentamos juntos, empezamos a comer en un ambiente un tanto tenso, nadie decía nada, solo se escuchaba los cubiertos golpeando con el plato
— ¿Te gusta?—cuestionó mi madre mirándolo
— Esta exquisito, ahora sé de dónde sacó Daniela su mano para cocinar—comentó haciendo que mi madre sonriera encantada, pronto volvimos a quedar en silencio
— Fabrizio—llamó Lorenzo haciendo que lo mirásemos todos— Me encantaría saber, ¿qué te enamoró de mi hermana?—inquirió con una sonrisa socarrona, suspiré comenzando a hartarme de su comportamiento de niño pequeño
— Me enamoraron muchas cosas, su belleza, su torpeza que la hace ver adorable—comentó agarrándome de la mano dándole un beso con una sonrisa, sin poder evitarlo sonreí también sintiendo como algo en mi estómago comenzaba a aletear— Pero sin lugar a duda, lo que me llamó la atención e hizo que me enamorase, fue su tenacidad—
— ¿Su tenacidad? —cuestionó Gianni a lo que Fabrizio asintió
— Reconozco que trabajar para mí, es duro, pero me gusta que las cosas salgan bien, ella era muy torpe, se le caían las cosas, mezclaba documentos, se le olvidaban llamadas o reuniones—
— Con todo eso, ¿Cómo no la despediste? —
— ¡Gianni!—exclamé mirándolo enfadad, el solo sonrió guiñándome un ojo, suspiré bebiendo de mi vaso, la verdad, es que cuando comencé con él, era un desastre, siendo como era, esa misma pregunta me la hacía muchas veces
— Estuve a punto de hacerlo en alguna ocasión, pero ver como se esforzaba por mejorar, me hacía echarme para atrás en esa decisión—lo miré sorprendida, la verdad jamás me imagine que él, se daría cuenta de eso, sonreí sintiendo algo cálido en mi pecho, quizás no era tan malo como yo creía
— Entiendo…—comentó Lorenzo con seriedad— Por cierto ¿tus padres que opinan sobre este matrimonio sorpresa?—nada más hacer esa pregunta, sentí como mi cuerpo se tensaba
— ¡Lorenzo, cállate!—grité mirándolo furiosa, mi familia me miraron sorprendidos, miré a Fabrizio con preocupación, su rostro no mostraba ninguna emoción, pero su cuerpo estaba tenso, vi como su agarre en los cubiertos se iba haciendo más fuerte— Esto ha sido un error, será mejor que nos marchemos—comenté colocándome de pie, iba a retirarme de la mesa, cuando una mano en mi muñeca me lo impidió, miré a Fabrizio, me contemplaba con una sonrisa forzada
— No te preocupes—iba a decir algo, pero me silenció, suspiré volviendo a sentarme— Mi madre falleció cuando tenía ocho años, y mi padre, se suicidó cuando tenía diecisiete—contó, mi madre jadeo sorprendida, mi padre respiró hondo viéndose incomodó, Lorenzo se quedó helado en su asiento
— Yo…No lo sabía, de verdad que lo siento—se disculpó avergonzado
— No te preocupes, aunque fue algo muy sonado en su momento, pocos recordaran eso ya—
— Siento mucho tu perdida, querido—comentó mi madre mirándolo apenada
— No pasa nada, era algo que tarde o temprano debía contarse—dijo forzando una sonrisa, nos quedamos en un silencio bastante incomodo
— ¿Entonces no tienes más familia? —preguntó mi madre en un tono algo afligido
— Tengo una hermana pequeña la cual ya está casada y con hijos, ella y ahora Daniela son mi familia—dijo entrelazando nuestras manos, le dio un beso y me dedicó una sonrisa, la cual le devolví
Después de comer, nos trasladamos al salón donde tomaríamos el café, estábamos en silencio, suspiré ante la situación, escuché? un suspiro por parte de mi padre, se acomodó en el sofá mirando fijamente a Fabrizio
— Debo preguntártelo, ¿por qué has saldado la deuda de mi familia?—cuestión mi padre con seriedad
— Por Daniela, no me gusta verla llorar y si está en mi mano hacer que sea feliz, lo haré sin dudarlo un instante—contestó mirando a mi padre sin una pizca de duda
— Hablemos en privado—pidió mi padre levantándose al igual que mi madre, Fabrizio asintió imitándolos
— Un momento, ¿de qué vais a hablar que no podamos escuchar? —pregunté mirando a mis padres
— No te preocupes cielo—comentó mi madre dándome un beso en la frente, sin decir más los tres se fueron hacia el pequeño despacho
Caminaba de un lado a otro en el jardín, estaba nerviosa, hacia cerca de media hora que se habían encerrado en el despacho, me preocupaba no saber de qué hablan, me preocupaba que pudieran descubrir que todo era una farsa.
Suspire sentándome en el banco, miré levante la cabeza mirando al cielo, estaba muy despejado, hacia un buen día, algo normal, estando tan cerca de la primavera, volví a suspirar poniéndome de pie decidida, tenía que entrar al despacho, al darme la vuelta me quede quita viendo a Fabrizio salir al jardín, rápidamente me acerqué a él.
— ¿De qué hablasteis? ¿Sospechan algo?—cuestioné por lo bajo mirándolo ansiosa
— Eso quedara entre tus padres y yo—dijo con una sonrisa, fruncí ante sus palabras
— De eso nada, dime que—me silencio colocando sus dedos en mis labios, me agarró de la mano tirando de mí hasta el banco
— No es bueno hablar tan cerca de la puerta—comentó sentándose, asentí comprendiendo su punto— No sospechan nada, me agradecieron por haber ayudado, pero que van a devolverme todo el dinero—
— ¿Qué?, ¿accediste?—
— Me negué lo que pude, pero finalmente accedí—dijo encogiéndose de hombros
— ¿Para qué voy a casarme contigo si ellos van a pagarte?—pregunté cruzándome de brazos, el suspiró, sacó de su bolsillo la cartera y de esta una tarjeta de crédito, la cual me ofreció, la agarré con cierta dudas
— Esa tarjeta está vinculada a una cuenta que está a nombre tuyo—lo miré anonadada, él sonrió de lado—Sabía que esto sucedería, así que la hice, ellos ingresaran el dinero, pero jamás me llegará a mí, seguirá siendo vuestro—mi impresión se hizo aun mayor, él, lo tenía todo calculado, ahora entendía, porque era tan buen empresario, siempre iba dos pasos por delante de ti.
Nos quedamos unos minutos en silencio hasta que decidimos volver a entrar, nos tomamos el café mientras que charlábamos de forma amena de cualquier trivialidad
— ¿Cuándo será la boda?—preguntó mi madre haciendo que me tensara ligeramente
— Aun no tenemos fecha, pero me encantaría que fuera pronto—contestó Fabrizio
— Siento que es una boda precipitada, ¿Por qué casaros si aún no habéis convivido juntos?, quizás deberías hacer eso primero, y después planificar la boda—comentó mi padre dando en un punto flaco de toda esta farsa
— Daniela, ¿porque aún no vivimos juntos?—inquirió mirándome con burla, sentí a todos mirarme, respiré hondo forzando una sonrisa
— No quería irme de casa, como todo era secreto, iba a ser chocante que un día de repente dijera, me voy a vivir con mi novio—conté encogiéndome de hombros
— ¿Y no te pareció más chocante contarnos que ibas a casarte? —preguntó Gianni arqueando una ceja
— Si…bueno, la verdad no quería alejarme de ti, tú, sufriste un ataque hace unos meses, ¿Cómo iba a marcharme en esa situación?—cuestioné haciendo que me mirase sorprendido
— No debes frenar tu vida, por la mía—dijo mirándome con cierta tristeza, haciéndome sentir la peor persona del mundo— Así que, no hagas esperar más a nuestro cuñado, y vete a vivir con él de una vez—comentó guiñándome un ojo, sonreí levemente asintiendo.
La charla tomo otro rumbo, preguntas sobre su vida, o cosas sobre nosotros como “pareja”, yo apenas participaba, pues me sentía mal aun por haber usado como excusa la enfermedad de mi hermano.
Una hora después, Fabrizio anunció su retirada, se despidió de todos, y salimos de mi casa, en silencio fuimos hasta su coche donde se apoyó contra este mirándome
— Ha sido…interesante conocer a tu familia—
— Siento mucho la actitud de mi hermano, se ha comportado como un idiota—me disculpé un tanto avergonzada por todo, desde el rechazo a estrechar su mano, hasta la imprudencia de preguntar por sus padres
— Deja de disculparte, tu no lo controlas, y si te refieres a lo de mis padres…Él no lo sabía, ¿o sí?—cuestionó en un tono siseante, rápidamente negué con la cabeza
— Nadie sabía nada acerca de tus padres…musité casi con miedo evitando mirarlo, sentí sus dedos colocarse en mi mentón levantándome la cabeza
— Eso espero, porque si tu hermano, lo sabía y aun así me pregunto…Créeme que no lo dejaré pasar—temblé ante su tono de voz tan frio, y su aura amenazante, sus ojos se clavaban en mi como dos puñales, tragué saliva sintiendo miedo
— De verdad que nadie sabía, yo me olvide de comentárselos para evitar que preguntaran, fue mi error, lo siento—susurré temerosa, me observo durante unos segundo, para después asentir alejándose un poco
— Bien, lo dejaré pasar…Tengo que irme—comentó caminando hacia la parte del conductor
— ¿Dónde va?—cuestioné casi de un impulso, antes de subir al coche se detuvo a mirarme
— ¿Celos de que pueda irme con otra?—preguntó apoyándose en el coche mirándome con burla, bufé cruzándome de brazos
— Me da igual que vayas con otra, o como si quieres acostarte con toda Italia—respondí cruzándome de brazos, su sonrisa se borró, solo me miraba fijamente poniéndome nerviosa a cada segundo que pasaba, me di la vuelta caminando hacia casa, a mitad de camino una mano en mi muñeca me hizo girar.
Al hacerlo, me encontré con sus ojos grises que me miraban de esa forma que no lograba entender, intenté soltarme de su agarré pero solo conseguí que tirase de mi pegándome a él estrechándome entre sus brazos.
— Suel—la palabra murió en mis labios en el momento que los suyos se posaron sobre los míos dándome un corto beso
— Puedes estar tranquila en ese aspecto, no iré con otra mujer, desde el instante que firmaste el contrato…tú eres solo mía, y yo, soy solo tuyo—me quedé estática ante sus palabras, una bonita sonrisa se dibujó en sus labios
Sin esperármelo, sus labios asaltaron los míos, de inmediato cerré los ojos correspondiendo el beso, sintiendo ese aleteo en mi estómago y unas anormales pulsaciones, esas que me aterraban de forma descomunal.