Respiré hondo, contemplándola, sentí mi pecho oprimirse ante su mirada llena de dolor, decepción, me agaché recogiendo los papeles que se habían salido — Mamá, por favor, cálmate, puedo explicarte las cosas—pedí sintiendo un nudo en mi garganta — No vas a explicarme nada, ahora mismo cogerás tus cosas y nos iremos a casa—me agarró por el brazo con fuerza intentando tirar de mí hasta las escaleras — Mamá, yo estoy en casa—dije soltándome, ella me miró incrédula, suspiré colocándome el cabello a un lado— Déjame por favor explicártelo—ella asintió cruzándose de brazos, fuimos hacia el salón, nos sentamos en el sofá, y comencé a contarle todo, desde el principio — ¿Qué clase de madre soy?, no podía salvarle la vida a mi hijo, y mi hija debe venderse para cumplir con mi deber—se cuestionó m

