El trayecto hacia la oficina se me hizo más corto de lo habitual, cuando llegué a mi mesa, coloqué mis cosas y me senté sintiéndome nerviosa, respiré hondo un par de veces intentado tranquilízame, encendí el ordenador, lo mejor sería trabajar para no pensar en nada más. El día se me estaba pasando demasiado lento, o quizás era el hecho de estar mirando el reloj cada minuto, resoplé recostándome en la silla, los nervios no me dejaban trabajar tranquila, mis piernas temblaban ligeramente, tenía la garganta seca a pesar de beber agua continuamente. Me sobresalté al escuchar el ruido del teléfono, volví a suspirar contestado, de inmediato me puse rígida, él había llegado, colgué respirando hondo, me puse de pie yendo hacia la puerta de Enzo, di unos toques en esta, para acto seguido abrirla.

