Bostecé por décima cuarta vez. Aunque estuve bastante emocionada toda la noche, a la mañana siguiente no la pasé tan bien. Mis ojos se cerraban instintivamente y mis bostezos llenaban la sala. Mylo me miraba preocupado, tratando de despertarme moviendo mi hombro. Aunque agradezco sus esfuerzos, es difícil que pueda quedarme despierta si es que no tengo energía. La profesora se dio la vuelta, enojada por el molesto ruido que causaban mis bostezos. Ella se acercó rápidamente a mi fila y al lado de mi asiento. .- Supongo, señorita, que usted que entiende la materia, ya que ni se molesta en prestar atención a la clase ¿Me haría el favor de resolver el ejercicio en la pizarra?-. Me levanté lentamente de mi asiento y me acerqué al pizarrón. Con la tiza puesta en uno de los extremos del pizar

