Capítulo 43. Culpa y promesas

2528 Palabras

El hospital olía a desinfectante y a café rancio, ese aroma que se pega a la piel y no se va ni con una ducha larga. Me desperté con el cuello rígido, la cabeza aún apoyada en el colchón de la cama de Sergio. El vestido rojo se me había subido por las piernas, arrugado como un trapo viejo, y mis pies descalzos tocaban el suelo frío de linóleo. Miré el reloj en la pared: las nueve de la mañana del domingo. Sergio seguía dormido, su pecho subiendo y bajando con un ritmo más regular ahora, gracias al suero que goteaba lento en su brazo. Me incorporé despacio, frotándome los ojos. La culpa me golpeó como una ola fría, inundándome el pecho. Anoche había estado riendo en galerías, entrelazando dedos con John, sintiendo esa electricidad prohibida que me hacía sentir viva. Y mientras tanto, Sergi

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