Capítulo 30. Café amargo, verdades a medias y decepción

2458 Palabras

Pasaron dos días desde esa noche en Malasaña. Dos días en los que el beso de Sergio en la plaza, el baile torpe bajo las farolas y el orgasmo que llegó con lágrimas se repetían en mi cabeza como una película que no terminaba de encajar. Me despertaba con su brazo alrededor de la cintura, sentía su respiración calmada contra mi nuca y por un segundo todo parecía posible. Luego abría los ojos del todo y el colgante de la ola rozaba mi piel, recordándome que Sergio me lo había regalado en la playa, en esa escapada que había sido un intento desesperado de pegarnos de nuevo. Y el beso de John en el parking de Ikea aparecía sin permiso, como una mancha que no se quita con agua fría. No le había contestado a John. Su mensaje seguía ahí, sin leer desde el miércoles: “¿Estás bien?”. Lo había abier

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