Capítulo 28. Arena fría y promesas calientes

2784 Palabras

Sergio lo había organizado todo con esa precisión callada que a veces me sorprendía. No era solo la reserva del hotel o el coche con el depósito lleno; era haber metido en la maleta un bikini mío que yo había olvidado en el fondo del cajón, junto con una nota escrita a mano: “Aunque sea invierno, quiero verte con el sol en la piel”. La leí en silencio mientras él conducía por la A-3, y sentí un nudo en el pecho que no era exactamente ternura, sino algo más ambiguo, como gratitud mezclada con desconfianza. No íbamos a Valencia o a la Costa del Sol, que en enero siguen siendo frías y ventosas, con el mar gris y el viento que corta. Él había elegido la Costa Tropical de Granada: Almuñécar o Salobreña, donde el microclima regala temperaturas de 18-20 grados incluso en pleno invierno, días sol

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