Caminé tanto por la habitación que temí hacerle un agujero al piso. La discusión en la oficina de Chico no había terminado para cuando regresé a la casa. Como era una estúpida quise huir arriba pero después recordé a Flor en la cocina y fui por ella. Me temblaban las piernas y también las manos. Reynaldo insinuaba que me veía cediendo a los caprichos de Eugenio y por eso él se apartaba de mí. Porque estaba seguro de cuál era su lugar, creía que no era junto a mí. Por más que yo le asegurara, le jurara que lo amaba, que lo deseaba tanto que hasta quedaba sin aliento cuando lo encontraba y me miraba. Seguí comiéndome lo poco que me quedaba de uñas, tardaba demasiado en devolver una respuesta. Quizás el doctor no estaba, tal vez tenía otros pacientes. ¿Y si no lo convencí

