No hizo falta que se detuviera el carro para verlo. Parado, como una torre hermosa y varonil, con el resto del grupo, estaba él. Miraba perdido a todos lados, aunque tratara de disimular, debido su carácter discreto y serio, él estaba avergonzado, expectante. Seguramente pensaba que ese no era su lugar, pero lo era como Castro y algo había hecho que Chico le diera por fin ese sitio. ¿Nilda? ¿Perder a Santos? ¡La constante gritería de su mujer o que junto con su dominante hijo menor pretendieran tomar las riendas de sus negocios? Milagros apretó muy fuerte mi mano. La vio. Mariana estaba en la entrada tomada de su novio con el oficial Escalante también. Era un entrada amplia, las luces de adentro iluminaban todo hasta afuera, habían ruidos de todo tipo. Cornetas, motores, voce

