A la espera de salir al pasillo de la iglesia ya terminada, me mordía los labios, las uñas no porque acaba Carmen de retocarlas de un color blanco perla, en la habitación contigua a la salida, antes de que saliera vestida de blanco. Blanco inmaculado. Vestido de diseñador, cola larga y velo cubriendo mi rostro. Todo eso elegido por mamá en una de esas boutiques para novias a las que ella también fue con Astrid. Yo dejé que fuera feliz, después de todo hasta había llorado cuando los invitados confirmaron su asistencia. Creo que si alguien no podía dar crédito a que esto estuviese ocurriendo era Reynaldo. Mientras estos meses pasaban, seis meses en total, él vivió un suplicio. Pensaba, cada mañana que habría una razón para no encontrarme en la casa de mis padres y cada noche al irse me abr
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