CAPÍTULO 8.-6

1923 Palabras

La dueña de aquel sitio, al vernos llegar se alarmó: ―Van a coger ustedes una pulmonía ―nos dijo a modo de saludo, nada más vernos―. ¡Vengan!, ¡vengan deprisa!, tienen que quitarse esas ropas y secarse enseguida. Todos nos encontrábamos temblando y la verdad arrepentidos de habernos embarcado en esa aventura, pero qué se le iba a hacer ya estábamos allí. La señora nos hizo sopa caliente, y ya todos secos nos la estuvimos tomando, y la verdad que nos vino estupendamente a todos. Por la tarde la pasamos en la cama, pues aunque no queríamos hacerlo ninguno, tanto ella, como su marido insistieron tanto, que no tuvimos más remedio que quedarnos echados, y la verdad, que al menos a mí, me vino estupendamente. Lo primero porque aproveché para dormir y quitarme ese sueño que tenía del madrugón

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