Capitulo 13

1377 Palabras
—Hermano, ¿qué pasó? ¿Cuál es la urgencia para que me llamaras así? —me dice Julián al verme llegar. —Estoy destrozado, hermano. Esa mujer lo volvió a hacer conmigo: me utilizó y me trató como a un juguete al cual maneja a su antojo… —¿Qué fue lo que hizo ahora, Juan? Le conté lo que pasó desde el principio: cuando chocamos en la mañana, después la ida al hospital, el regreso a su casa, el baño y cuando casi hacemos el amor o, mejor dicho, cuando me utilizó para su satisfacción. —Ay, hermano, no te quiero repetir esto, pero te lo dije: Emili no es la misma de antes. —No puedo creer en lo que se ha convertido. Prácticamente me dijo que lo haría con cualquiera porque siempre tiene ganas. Y me dio una cachetada, Julián, solo por decirle la verdad en su cara. Es una pu… —respiro profundo y no termino la frase porque me duele más a mí que a ella. —¡Tienes que calmarte, Juan! Y dejar de sufrir por ella, hermano. Búscate a alguien que te quiera y respete, y olvida ese pasado que no te hace nada bien. —Créeme, lo intento cada día; solo me faltaba decepcionarme de ella para dejarla ir, y con esto creo que es suficiente. Ya no puedo seguir sufriendo y añorándola cuando ella nunca lo ha hecho conmigo. Se convirtió en una mujer fácil y yo no quiero a alguien así para mi vida. —¿Quieres decir que vas a olvidar todo ese asunto de buscar la verdad? —Eso no, hermano. Ahora no solo lo hago para vengarme de César y Carlos, sino para que ella sepa que no la traicioné porque quise, sino para salvar mi vida; o era lo que me hicieron creer esos dos en ese momento. —Entiendo, Juan. —Y no hago esto para que "me perdone" o regrese conmigo, sino para que sufra por haberme tratado así, cuando yo la he amado toda mi vida. —Ay, amigo, ojalá y no sigas saliendo lastimado por ese empeño de buscar la verdad. —Siempre salgo lastimado cuando se trata de Emili. Hasta me compré un apartamento para estar cerca de ella y me paga así. No sabes cuánto deseaba hacer el amor con esa mujer; el probarla me hizo llegar al cielo y ver su cuerpo desnudo fue algo maravilloso para mí. Lástima que no fue mía, porque le hubiese demostrado que soy mejor que todos esos hombres con los que ha estado. —Estás pasado de tragos, Juan. Lo mejor es que te lleve a tu hotel ahora que todavía puedes caminar y no te tengo que llevar arrastrado. —No me quiero ir; más bien pide otra botella, que esta noche la olvido porque la olvido. —¿Crees que una borrachera te hará olvidar? Lo que te va a dar es una soberana resaca mañana. —No me importa; con tal de que la olvide esta noche, soy feliz. Y así bebí hasta más no poder. Al día siguiente me levanté en mi habitación del hotel con un dolor de cabeza tremendo y ni me acuerdo de cómo llegué aquí. —Dios, ¿por qué tuve que tomar tanto? Me levanto, me doy una larga ducha pero no se me pasa. Al salir, llamo a recepción para que me envíen algo de comer y un par de analgésicos porque siento que se me va a explotar la cabeza. Recuerdo que estuve anoche con Julián y lo llamo para preguntarle cómo llegué aquí. —¡Hermano, sigues vivo! —es lo primero que dice al contestar. —¡Sigo vivo!, pero siento que muero poco a poco por este dolor de cabeza que tengo. —Te dije que ibas a amanecer fatal, pero no me hiciste caso. Preferiste tomar casi tres botellas y luego te tuve que arrastrar hasta tu habitación. —¡Quéee! ¿Tres botellas? No lo puedo creer. —¡Sí!, tres botellas y una caja de cigarrillos. —¡Vaya! ¿Y por qué dejaste que bebiera tanto, Julián? —Traté de detenerte muchas veces, pero ¿cómo le dices algo a un terco y, de paso, borracho? ¡Ah! —No, no, no, eres un mal amigo. No debiste dejarme tomar así; ¿no ves que ahora me estoy muriendo por el dolor de cabeza? —Jajajajajaja, tómate una cerveza bien fría y verás cómo se te pasa rápido —dice Julián riendo. —Estás loco, no quiero saber más de alcohol por lo que resta de mi vida —le respondo. —¡Ya te veré, amigo mío! Ahora voy a colgar porque tengo que terminar de revisar unos documentos que urge que entregue. Si quieres, nos vemos esta noche y nos tomamos una botellita que me regalaron… Le cuelgo sin más, para que no siga burlándose de mi desgracia. Suena el timbre y voy a ver quién es; imagino que es la comida y, sí, es así. La verdad es que tengo mucha hambre, así que sin más preámbulo me la devoro toda. Es una sopa nutritiva más un platillo con carne de res, puré de papas, arroz y ensalada mixta, y una jarra con jugo de naranja bien frío, con el cual aproveché y me tomé los dos analgésicos que me trajeron. Luego saco la mesita con la bandeja al pasillo para que se la lleven y me siento a ver la televisión, ya que no quiero salir hoy. *************************************************** Después de llorar casi toda la noche, siento que no me quedó ni una lágrima, y eso es bueno porque quiere decir que no derramaré ni una más por él, y menos por ningún otro hombre. Me levanto con mucho dolor en mi tobillo; ni siquiera lo puedo afincar un poquito. ¿Ahora qué voy a hacer? No me puedo mover, no tengo teléfono ni nadie que me pueda ayudar, y pego un grito de desesperación porque quiero ir al baño. No me queda más opción que arrastrarme por el suelo como una culebra hasta llegar al baño; lo logro, hago todas mis necesidades y me aseo un poco. Luego vuelvo a hacer lo mismo hasta el clóset para vestirme y seguido ir a la sala. Me siento en la silla de la mesa para descansar; de verdad, cansa arrastrarse. Observo que hay una caja, la agarro y noto que es un teléfono celular nuevo. Mi corazón se aceleró: sí me trajo un teléfono, pero ¿por qué no me lo dijo? Levanto mi mirada y en la sala veo algo más: son unas muletas. Ahora sí se arrugó hasta mi alma. ¿Por qué tiene que ser tan lindo "a veces", y yo que lo traté tan mal ayer? Voy por ellas arrastrándome de nuevo y, al agarrarlas, al fin me pude levantar y mover con mayor facilidad. Estoy tentada a enviarle un mensaje para agradecerle, pero no tengo su número. Al sacar el teléfono de la caja, cae una nota: "No sé si es mejor que el que tenías, pero fue lo más costoso que vi. Perdón por lo sucedido esta mañana, pero aunque fue un accidente, para mí fue una oportunidad para entrar de nuevo a tu vida; es lo que más deseo. Sigues en mi corazón como el primer día; solo permíteme demostrarte que no tuve la culpa de aquella traición que arruinó nuestras vidas. En el teléfono anoté mi número, llámame cuando quieras, y más cuando necesites amor. Se despide Juan, tu Juan. Ah, ahí te traje unas muletas para que puedas moverte por ti sola, aunque me gustaría que me llamaras cuando necesites ir al baño, cuando tengas hambre o solo para pedir un vaso de agua, que aquí me tendrás como tu perro sirviente". Mis ojos se llenaron de lágrimas por todas esas palabras. ¿Por qué esto tiene que ser así? ¿Por qué tuvo que decirme todas esas cosas? Si no tuviera su número, me serviría como pretexto para no escribirle, pero ¿qué voy a hacer ahora que lo tengo? —MENSAJE RECIBIDO —dice, apenas le envié un mensaje a Juan (después de pensarlo mil veces, claro está).
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR