—Me calmo después de un rato en la cocina hasta que escucho que me llama. Voy al baño y toco antes de entrar para asegurarme de que está lista; no me vaya a tirar algo y romperme la cabeza con alguna cosa.
—Al responderme, entro y la veo envuelta en una minitoalla. ¡Dios! Tengo que tragar grueso para no saltarle encima. Vamos a la habitación y me pide que la deje en la orilla de la cama; al bajarla, la toalla se sube y puedo ver una de sus nalgas. Eso hizo que mi erección volviera de forma inmediata y ya no podía controlar mi respiración cuando me lanza esa mirada llena de deseo. Luego, al ella soltarse de mí, se resbala; intento agarrarla pero caemos juntos en la cama.
—Ahora estoy encima de ella. Las palpitaciones de mi m*****o se hacen presentes y ella lo siente. Me acerco a su boca y ella no se mueve; siento su respiración agitada, así que me acerco a su oído y le susurro que la deseo. Se pone roja como un tomate, igual que cuando llega al orgasmo, y ya no me puedo aguantar más: la beso…
—Ella corresponde a mi beso con la misma intensidad. Es un beso lleno de deseo, y es que lo deseaba tanto… Introduzco mi lengua y recorro cada centímetro de su boca. Acaricio su abdomen con mi mano y la voy bajando hasta su centro; al tocarla, ella jadea. Está tan húmeda… La acaricio haciendo círculos con mis dedos y ella pronuncia mi nombre: «¡Juan!», mientras levanta sus caderas. Siento que voy a estallar.
—Sé que está a punto de llegar, así que dejo de tocarla, le quito la toalla y la veo expuesta para mí. Beso sus senos, lamo uno y luego el otro; la vuelvo a besar en la boca y luego voy dejando un camino con mi lengua hasta llegar a su v****a. Al llegar ahí, la saboreo como si fuera el helado más exquisito del mundo y, vaya, sí que lo es. Cómo extrañaba su sabor… Siento que se dobla, levanta su cadera y toma mi cabello para aferrarme más a ella, hasta que se derrama en mi boca. Bebo todos sus jugos hasta que ya no queda nada. Vuelvo a subir y devoro su boca. Estoy desabrochando mi pantalón y, de repente, ella me frena.
—¡Juan! Espera…
—¿Qué pasa, amor?
—Me duele…
—¿Qué te duele?
—El pie, ¡ay! No aguanto… —Paro y la reviso.
—Sí, está más hinchado. Creo que es mejor colocar la venda. —Ella asiente. Se tapa y yo voy a la cocina por la venda y la pomada.
—Ven —le digo, y coloca el pie en mi pierna. Le aplico la pomada y le doy un masaje suave para que no se le encalambre; luego le coloco la venda ajustada para que no se le hinche más.
—¿Mejor? —le pregunto.
—Sí, gracias… —Respiro profundo para calmarme. La miro a los ojos.
—¿Qué me ves?
—¿Quieres terminar lo que empezamos? —Me siento más cerca de ella.
—Lo que tú empezaste —me dice, y la miro incrédulo.
—Creo que tú también lo querías, ¿no es así?
—¡Yo siempre quiero! —responde con una media sonrisa. Siento fuego dentro de mí.
—¿Qué quieres decir?
—A buen entendedor, pocas palabras —espeta sarcásticamente.
—¿Quieres decir que lo hubieses hecho con cualquiera? —Hace un gesto con la cara pero no responde.
—Ya veo… No lo puedo creer. Me utilizaste… —Sigue sin responder.
—¡Maldita sea, Emili! ¿No me piensas responder? Muchas veces me dijeron esto de ti, pero no lo podía creer. Ya veo que todo es verdad: te has convertido en una cualquiera… —Me lanza una bofetada.
—A mí me respetas…
—¡Por Dios! Pero si ni te respetas a ti misma, ¿cómo puedes pedir respeto de los demás?
—¡Vete! Lárgate de mi casa.
—Niego con la cabeza.
—Y yo de estúpido, queriendo buscar la verdad para demostrarte mi inocencia. Qué imbécil he sido todos estos años pensando en ti, añorándote, y tú revolcándote con todo aquel… Pero no más, Emili, no más. Hasta hoy llega este sentimiento por ti; ya no me interesa demostrarte nada, no vale la pena. Razón tenía mi padre: ya no eres digna de mí.
—Salgo de su apartamento como un loco. Me voy a un bar y, cuando llego, está Julián esperándome; lo llamé de camino aquí.
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—Correspondí a su beso, y es que lo deseaba tanto… Cambió su forma de besar, pero es mucho mejor. Me volví loca cuando introdujo su lengua en mi boca; luego bajó hasta mi centro y lo acarició con esas enormes manos. Sentí que iba a tener un orgasmo, pero él se detuvo y ahora lo hacía con su lengua. ¡Dios mío, sí que estoy excitada! Lo agarro del cabello y marco el ritmo que quiero hasta que logro mi placer y me derramo en su boca…
—No quería que pensara que, porque logró hacer eso, ya lo iba a perdonar. No; al contrario, lo dejé mal inventando que me dolía mucho el tobillo. Claro que me dolía, pero no al grado que le hice creer; eso fue para que aprenda que conmigo no se juega.
—Creo que fui muy dura con mis palabras, pero era lo mínimo que se merecía por traicionarme en el pasado. Ahora se fue muy enojado y no comprendí sus palabras. ¿De qué verdad está hablando? ¿Y se cree que voy a pensar que fue un casto todo este tiempo? Con esa manera de besar ha de haber tenido a muchas mujeres, y viene a mí con ese cuento.
—Fue muy ofensivo conmigo. Claro, "ahora no soy digna de él", ¿pero qué sabe él de mí para venir a decir eso? Seguro se dejó llevar por todos los comentarios de la gente. Piensan que ando de boca en boca, pero no saben la razón por la cual hago todo eso; no saben por todo lo que he pasado después del bullying que sufrí tras la publicación de ese video. Nadie me entiende, ni siquiera mi propio padre.
—Mis lágrimas salen y no lo puedo evitar. He sufrido tanto por Juan y eso solo lo sé yo, porque nunca se lo comenté a nadie ni nadie me vio sufrir por él. He guardado mi dolor y sufrimiento en mi pecho; por eso juego con todos los hombres que llegan a mí, porque no lo tenía a él para vengarme. Pero ahora que está aquí, sufrirá en carne viva su traición…