—¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué actúas así conmigo, Juan? ¡Dime!
—No me pasa nada, solo que no quiero hablarte.
—¿Así? ¿Y por qué no quieres hablarme? Ah, dime el motivo…
—No lo sé, Emili, solo sé que no te quiero hablar. Y colgó. Vaya, me colgó, no lo puedo creer; no creo haber hecho nada para que esté así. Bueno, ya se le pasará. Con eso llegó el lunes, y espero que sea la hora del primer receso para buscarlo.
Cuando voy camino a su salón, me lo consigo muerto de risa hablando con una de sus compañeras de clase y, no sé, pero sentí unas ganas de agarrarla y desmoñarla; pero me tuve que contener porque estaba en el colegio y no quería una expulsión. Además, ¿qué motivo expondría para haber hecho eso? Solo me acerqué y, cuando iba a hablar, apareció César y me abrazó por detrás. Me sorprendo porque nunca esperé que hiciera eso, pero lo aprovecharía, ya que Juan está muy risueño con su amiguita y seguramente por ella es que no me quiere hablar; así que le sigo la corriente a César.
—César, ¿qué haces? —Me echo a reír y él me abraza más fuerte—. Suéltame, no vaya a venir un profesor y nos vea… Me da un beso en la mejilla y me pregunta:
—¿Viniste a darme una respuesta, verdad? Obvio que no venía a eso, pero para molestar a Juan le digo que sí.
—Sí, claro, pero me gustaría que habláramos sin tanta gente.
—Muy bien, vamos, conozco un lugar. Y me voy con él dejando a Juan con su amiguita, pero por su cara puedo ver que está molesto.
****************************************
— No he querido ni escribirle a Emili porque me siento molesto. No sé qué me pasa, pero me incomoda que alguien esté tras de ella; no quiero que tenga novio, quiero que siempre sea mía. Con ese pensamiento llego al colegio y, antes de salir al receso, me llama Gabriela para preguntar si quiero ser su pareja para el taller de ciencias y le digo que sí, que no hay problema. Luego nos quedamos platicando un rato y me cuenta unos chistes que estaba oyendo la noche anterior que de verdad me dieron risa. Cuando de pronto veo que viene Emili, mi corazón saltó a millón, pero cuando veo que aparece César y la abraza, me sentí morir. Quería agarrarlo y torcerle el cuello en ese instante, pero no podía porque estaba en el colegio. Ella estuvo muy risueña con él hasta que se fueron juntos no sé a dónde. Los quiero seguir, pero no soy persona de hacer eso, así que me toca esperar a ver si se hacen novios o no; pero ojalá que no, no soportaría verla besarse con nadie. Quiero darle su primer beso yo, no puedo permitir que otro me quite ese privilegio. Pero ¿cómo hago?
Pasa un rato y me pongo a hablar con Carlos y Julián mientras llega la otra clase. Después del segundo receso voy a nuestro lugar y la veo ahí desayunando; me siento a su lado sin decir nada aún, hasta que ella habla.
—¿Qué haces aquí? ¡Creí que no querías hablarme! —pronuncia molesta.
—Y no te estoy hablando, tú eres quien me habla —le digo en burla. Cuando veo que está tomando sus cosas para irse, la agarro por el brazo y le digo:
—No te vayas, por favor, siéntate, ¿sí?
—¿Para qué? Si andas de un odioso conmigo y ni me quieres hablar, entonces ¿para qué me quedo? Ve y busca a tu amiguita, que con ella sí estabas muy feliz.
La observo extrañado.
—Acaso... ¿estás celosa?
—Sí, sí lo estoy, ¿y qué? Tú eres solo mío y no te quiero compartir con nadie. Mi corazón late a mil por hora. ¿Será que está enamorada de mí?
—Yo tampoco te quiero compartir, Emili. Y tú ahora estás con César, dime, ¿ya le dijiste que sí?
—No le he dado respuesta, Juan, no estoy segura de lo que siente mi corazón.
—¿No estás segura de lo que sientes por él?
—¡No estoy segura de lo que siento por ti, Juan!
Me quedo en shock. ¿Acaso dijo "por mí"? Será que…
—No pienses tanto, Juan, que yo sola te puedo dar esas respuestas que necesitas. Sí, estoy enamorada de ti desde hace tiempo, pero no lo he querido aceptar ya que no sé si tú sientes lo mismo por mí; nunca te lo había dicho por eso, pero ahora que estás actuando como un celoso te lo digo: ¡ESTOY ENAMORADA DE TI, JUAN DA SILVA!
Mi corazón no resistió más, así que salgo de mi shock, la agarro y le di un beso. Su primer beso ahí, delante de todo el mundo, y no me importó quién nos viera. Ella me correspondió; aunque éramos dos inexpertos, salió bien.
—¿Y eso qué significa? —preguntó después de separarnos.
—Que tú también me gustas, Emili Garbosa, y que casi muero al pensar que te harías novia de César y que le regalarías tu primer beso a él.
—Tonto, siempre quise que eso sucediera contigo.
Nos abrazamos y luego nos sentamos; me contó que le dijo que no a César y que le confesó que estaba enamorada de mí, y este lo aceptó.
Así fue pasando el tiempo; estábamos súper enamorados y ya pronto cumpliríamos un año de novios. Quería hacerle algo especial. Mi amigo Julián me ayudó a preparar todo, ya que yo tenía 17 y él era mayor de edad y podía reservar una habitación en un hotel, porque sí quería estar con ella. Cabe destacar que Julián jamás diría nada de esto porque era mi mejor amigo y nos contábamos todo.
Llegó el día y ya estábamos en esa habitación de hotel. Nos costó mucho llegar aquí, ya que por nuestras edades no podíamos entrar así nada más, pero bueno, aquí estamos. La habitación estaba llena de flores y en la cama había un corazón de pétalos de rosas que, en medio, tenía una cajita con dos cadenitas con dijes exactamente iguales.
—¿Te gusta? —le digo.
—¡Sí, me encanta! —Me da un beso y puedo sentir su nerviosismo; la entiendo porque yo estoy igual.
—Quiero que cada uno use estas cadenitas. Esta dice tu nombre, que la usaré yo, y esta dice mi nombre, que por supuesto la usarás tú. Con ella quiero que nos hagamos la promesa de que nos amaremos siempre y que solo seremos tú y yo, beba.
—Prometo que en mi vida solo serás tú, bebé. Te amo con todo mi corazón.
Nos colocamos las cadenitas y con esas palabras sellamos nuestra promesa con un beso que se prolongó más y más, hasta que pasó lo que tenía que pasar. Ella se entregó a mí y yo a ella de tal manera que juramos que nunca ella estaría con otro hombre ni yo con otra mujer. Salimos del hotel, ella siendo mía y yo de ella para toda la eternidad.
Un par de meses después llega el día de mi graduación. A Emili le faltaban dos años todavía en el colegio, pero igual podía ir a la fiesta de grado. Pasé por ella a su casa, ya que mi padre me había prestado su camioneta, y llegamos juntos a la celebración. Estaba muy animada y todos disfrutaban: bailamos, reímos y conversamos con nuestros amigos. La estábamos pasando de lo mejor.
Rato después me llaman Carlos y César, así que dejo a Emili con sus amigas y le digo que vuelvo rápido. Ellos querían conversar conmigo de lo que íbamos a hacer ahora luego de graduados y yo les comenté que iba a la universidad a estudiar Negocios Internacionales. Ellos también me hablaron de sus planes. Después propusieron un brindis y, como no era alcohol, acepté el vaso que me daba Carlos. Sentí un sabor extraño, pero como era una bebida ácida, no le presté mucha atención.
Unos 10 minutos después me sentí un poco mareado. Ellos preguntan qué me pasa y les dije que me sentía un poco mal; decidimos salir un rato a tomar aire fresco, pero cada vez me sentía peor. Sentía que me quemaba por dentro. Lo peor era que me sentía excitado, necesitaba estar con una mujer, así que iba por Emili cuando estos dos no me dejaron volver a entrar.
—¿Qué pasó, Juan? ¿A dónde vas?
—Voy por Emili, tenemos que irnos.
—No, ¿cómo te vas a ir? Si ahora es que empieza la noche, amigo. Mira, te quiero presentar a una amiga, ella se llama Susan, y es de las que te hace de todo.
La saludo e intento irme de nuevo, pero no me dejan y, como estoy débil, no puedo soltarme de su agarre.
—Vente, vámonos con ella para que veas todo lo que es capaz de hacer.
Yo no quiero ir, pero me llevan a rastras a su carro, me montan y llegamos a una casa que no sé de quién es. Me tiran en el mueble y estoy ardiendo por dentro; siento que estoy prendido en llamas y lo que quiero es quitarme toda esta ropa.
—Juan, ¿qué tomaste para que estés así, amigo? ¿Acaso has consumido algo? Parece que estuvieses drogado —comenta Carlos.