Capitulo 5

1670 Palabras
—Yo no tomo y menos consumo, no sé por qué estoy así. Necesito quitarme esta ropa, llévenme a casa. ​—Espera, estoy leyendo en internet qué produce esos síntomas que tienes tú. Es una droga llamada ******** y lo único que puedes hacer para que se te pase el efecto es tener relaciones, Juan —espetó César, muy confiado de sí mismo. ​—¡Quéee! ¡Estás loco! —exclamó en un grito. ​—Loco por qué, te puedes morir si no te liberas, amigo. Y cada vez me siento peor, ya no aguanto. ​—Susan, ayúdalo por favor, es nuestro amigo y no queremos que le pase nada, así que haz que se libere, por favor —dice Carlos. ​—Por supuesto que sí, me encantaría ayudar a su amigo. ​Sin más, me agarra y me lleva a su cama. A duras penas puedo caminar, me faltan fuerzas, pero le digo que no, que quiero a Emili. Ella me va quitando la camisa y el ardor en mi cuerpo es inaguantable, así que termino de desnudarme e intento arrancarme la piel. ​—Tranquilízate, que después de que termines la primera vez, todas esas sensaciones desaparecerán, ya verás —comenta una Susan desnuda. ​Yo no quería, me negaba a estar con otra mujer, yo quería a mi Emili... ¿dónde estáaaaas? ​Pero aquella mujer y el desespero por dejar de sentir esto fueron más fuertes que yo. Para cuando se montó encima de mí y se penetró ella misma, de repente todo ese vapor quiso salir de mi cuerpo; la agarré y se lo hice como un salvaje hasta no sé qué horas de la noche. ​Cuando desperté ya era de mañana. Estaba desnudo junto a esa mujer y no sabía qué hacer, así que tomé mi ropa y salí corriendo de ahí como un loco. No sabía ni dónde estaba, pero cuando salí, la camioneta estaba estacionada afuera. No sé cómo llegó ahí, pero busqué las llaves, estaban en mi bolsillo, así que me subí, encendí y me fui a mi casa después de dar vueltas y encontrar el camino. ​Cuando llegué, el sermón de mis padres fue increíble. Me castigaron por lo que quedaba de fin de semana, así que solo me duché y me tiré en mi cama. De repente llega a mi mente Emili y me levanto corriendo a buscar mi teléfono, que está en uno de mis bolsillos, y noto que está descargado. Lo enchufo, espero que cargue un poco y doy vueltas en mi cuarto pensando en qué le voy a decir. ¡Dios, le fallé al amor de mi vida! Ahora qué voy a hacer, cómo la voy a mirar a los ojos. ​Cuando enciendo el teléfono, tenía más de 100 mensajes: de Emili, de mis padres, de Julián, de Carlos y César... en fin, se volvió loco el teléfono, sin mencionar el montón de llamadas perdidas. Emili me va a matar. ​Intento llamarla, pero no responde, cosa que agradezco porque no sabría qué decirle. Antes de escribirle, leo los mensajes de César y Carlos, los cuales se notan preocupados por lo que sucedió, pero dicen que serán una tumba y no le contarán nada a nadie, y menos a Emili. Así que respiro y les respondo: ​—Gracias por lo que hicieron anoche, pero no sé por qué sucedió eso. Yo no consumí ni bebí nada extraño, solo lo que tomábamos todos. No sé cómo me pudo pasar eso a mí, la verdad. Le voy a decir a Emili que me fui con ustedes a beber a casa de César y se nos pasó el tiempo; como no suelo beber, me pasé de alcohol, me emborraché y luego no supe de mí porque me acostaron a dormir hasta el día siguiente. ​—¡Está bien, amigo, eso diremos! Ahora quédate tranquilo, que la pasaste mejor que nosotros. Le avisaré a César, nos vemos. ​Me calmo un poco porque al menos tengo algo que decirle. Ahora me pongo a leer los mensajes de Emili y sí que está molesta; hasta me termina por mensaje. Mejor le escribo y que me conteste cuando se le pase. ​MENSAJE ​"Beba, sé que estás molesta, pero te pido disculpas por desaparecerme. Es que Carlos y César me raptaron para su casa y nos pusimos a beber; estaba sin batería y se me pasó el tiempo. Como no acostumbro a beber, me emborraché y amanecí en una cama en la casa de César. Perdóname, ¿sí? No lo vuelvo a hacer. Y para completar, cuando llego a casa, el sermón de mis padres... me castigaron hasta el lunes, que hay que ir al colegio por los papeles de aprobación. ¡Responde SÍ!" ​Terminó el día y nunca me contestó. Así estará de molesta. En la noche le envío muchas caritas tristes y nada; creo que me bloqueó. La llamo y no contesta; llamé a su casa y dijeron que no estaba, así que no me quedó más que acostarme a ver la tele hasta quedarme dormido. ​A la mañana siguiente me encuentro con un mensaje de Julián. ​MENSAJE ​"¿Qué hay, perdido? ¿Cómo estás?" ​Lo llamo. Necesito hablar con alguien sobre lo que me pasó, y con quién mejor que con mi mejor amigo; él sabrá aconsejarme. ​—¿Hasta que apareces? ¿Qué fue de tu vida? —pregunta Julián en tono molesto. ​—Brother, si te cuento lo que me pasó te mueres, así como me estoy muriendo yo... ​—¡Qué fue! ¡Echa para fuera, pues! ​Le conté todo el relato de lo que me pasó de pies a cabeza, y me quería matar por cómo pude hacer algo así. ​—No fue culpa mía, Julián. No sé qué tenía esa bebida que me puso así. Además, yo no quería nada con esa mujer, pero no tenía ni fuerzas para negarme y creo que hasta me hubiera muerto si no lo hubiéramos hecho. No me estoy justificando, pero así me dijeron Carlos y César. ​—Carlos y César... ¡por Dios, Juan! ¿Y tú vas a confiar en ellos con lo tramoyeros que son? —mencionó un molesto Julián. ​—Es cierto, pero logré calmarme luego de terminar y después de ahí no supe más de mí. ​—Ay, Juan... ojalá eso no llegue a oídos de Emili, porque creo que no te perdonaría algo como esto. ​—Lo sé, Julián, créeme que lo sé. Por eso estoy aterrado. En mis cabales jamás le haría algo así por el amor que siento hacia ella, pero esto se salió de mis manos —le digo exasperado. ​—Bueno, pero dime... ¿por lo menos te protegiste, no? ​—¡NO! No había pensado en eso y la verdad es que no se me pasó siquiera por la mente. Ahora sí que estoy muerto en vida. Si esa mujer queda embarazada, me lanzo de un edificio. Cómo pude ser tan tonto... ​—Sí que lo eres, Juan. ¿Qué te pasó, brother? Tú siempre has sido el más responsable que he conocido, tan meticuloso y serio en lo que haces. A pesar de tener 17 años, eres fuera de serie. ¿Cómo pudiste no protegerte cuando con Emili lo haces? ​—Lo sé, lo sé, pero no estaba siendo yo en ese momento, Julián. ​—Si te tuviera enfrente, te daría un par de puñetazos en la cara para traerte de regreso a la tierra, porque todavía creo que estás volando. ​—Y dejaría que me los dieras porque lo merezco. He sido un completo estúpido. ​—Ok, ok, ¡ya! Hablamos después porque estoy a punto de meter la mano por el teléfono y golpearte hasta morir. Así que adiós. ​Colgó, dejándome peor de como estaba. Así pasó el domingo y Emili no contestó mis llamadas. ******************************************* ​—Hola, Julián, ¿no has visto a Juan? Estaba conmigo hace un rato, pero se me perdió —pregunta Emili. ​—Hola. Lo vi hace un momento, salió con Carlos y César al estacionamiento. Búscalo allí a ver. ​Salgo a buscarlo pero no lo consigo, ni la camioneta está. ¿Será que se fue? Pero no me va a decir y de paso me va a dejar aquí... No creo, debe ser que fue a buscar algo o a alguien. Esperaré un rato. ​Le envío mil mensajes. Luego le marco y le marco y no contesta; rato después sale apagado. ¿Será que le pasó algo? Me acerco a Julián de nuevo. ​—Nada que logro dar con él. Llamé a su casa para ver si llegó y tampoco. Ay, Julián, ¿será que le pasó algo? ​—Tranquila, déjame llamarlo... No, nada, está apagado. Pero fíjate, Carlos ni César están; debe haberse ido con ellos. ​—Es que lo voy a matar cuando aparezca. Mejor me voy antes de que se haga más tarde. ​—Te llevo... ​—No, tranquilo, me voy con las muchachas. Aunque se burlaron de mí porque mi "noviecito", el cual me profesa tanto amor, me dejó sola, ellas viven cerca de mi casa así que les pediré que me dejen allá. Si mi papá se entera de que llegué con otro hombre, se pondrá furioso. ​Cuando llego a casa, menos mal me recibe mi nana Beatriz, porque si fuese mi papá me mata por no llegar con Juan, que fue quien me buscó y prometió llevarme de regreso. Le dije que no dijera nada y subo a mi habitación a seguir llamándolo, para luego enviarle un mensaje diciéndole que eso que me hizo hoy le va a salir muy caro; que se invente una buena excusa para justificar su "embarque" o que dé por terminada nuestra relación.
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