Capitulo 7

1760 Palabras
— Hija, abre o le digo a Susana que abra. ​— No quiero hablar, mamá; por favor, déjame sola. ​— ¿Cómo te voy a dejar sola? Por favor, abre. ​Y no me queda más que abrirle. Cuando me ve, comienza a bombardearme con preguntas. ​— ¿Qué te pasó, hija? ¿Por qué lloras? ¿Alguien te hizo daño? Dime quién fue… ​— Ya, mamá, por favor, no sigas —y me lanzo a llorar en sus brazos. ​— Mi amor, cuéntame qué te pasa, ¿sí? Soy tu madre y puedes confiar en mí… ​No puedo más y le cuento que Juan y yo éramos novios. No se asombra porque ya lo sabía, pero luego le muestro el video. Al verlo, se molesta muchísimo por lo que él hizo y por la humillación que me ha hecho pasar. ​— Esto hay que hablarlo con los padres de Juan; esta humillación a mi hija no se va a quedar así. ​— No, mamá, por favor… —no me deja hablar. ​— ¿Cómo que no? Se metió con lo más sagrado que tenemos y no pienso dejarlo ir así como así. ​— ¡Mamá, no! ​Se va dejándome con la palabra en la boca y ahora estoy peor. Soy el hazmerreír de todo el colegio y no sé qué va a pasar cuando mi madre le cuente a mi padre y estos hablen con los padres de Juan. ¡Me quiero morir! ************************************* — ​No puedo creer que esto se me haya salido de las manos. ¿Cómo podría haber un video de esto si no fue queriendo? ¿Qué voy a hacer ahora? Me sentí morir cuando estaba leyendo esos mensajes y más al ver la cara de Emily; ver cómo sufría por eso que jamás debió pasar. ¿Cómo le puedo demostrar que me drogaron y que, si pasó eso, fue para salvar mi vida? Pero eso es algo que ni yo creería si me lo contaran. ​Voy caminando ensimismado en mis pensamientos cuando escucho de nuevo mi teléfono sonar. Esta vez era mi papá, quien me llamaba para que fuera de inmediato a la casa. Al llegar, están ellos y los padres de Emily, que no me ven con buena cara. ​— La verdad es que no imaginé nunca que un hijo mío haría algo así, y menos que apareciera en un video haciendo esa clase de cosas con una cualquiera —habló mi papá. ​— Papá, déjame explicarte cómo… —no me dejó hablar. ​— No me interesan tus explicaciones, Juan. Ahora, por primera vez en todos estos años de amistad, tenemos un problema con los Garbosa por tu culpa. ​— No fue mi intención, padre. ​— ¡Cállate! —pronuncia molesto. ​— ¿Cómo no va a ser tu intención, Juan, si supuestamente eras el novio de mi hija y todo el colegio lo sabía? Luego vas y haces cochinadas con otra mujer y lo publican; eso es inaceptable para mí —expresa molesto el señor Sergio. ​— Ahora mi hija está siendo objeto de burla en todo el colegio por tu culpa. ¿Cómo piensas arreglar eso? —habla la señora Carolina, la madre de Emily. ​— No lo sé, yo… ​— ¡Claro que no lo sabes, Juan! Porque todo esto fue adrede. Querías ser el más popular seguramente y aparentar que tenías a muchas detrás de ti, ¿verdad? Pero, ¿por qué tuviste que andar con mi hija si querías hacer eso? ¿Por qué? —habla fuerte, casi gritando, el señor Sergio. ​— Cálmate, Sergio —dice la señora Carolina. ​— ¿Cómo me voy a calmar si humilló a nuestra hija? ​— Basta, Sergio. Sé que mi hijo cometió un error, pero no creo que haya sido para humillar a tu hija —habla mi madre—. Ahora las cosas con los jóvenes son muy diferentes ya que ellos usan mucho las r************* . No creo que mi hijo haya querido aparecer en un video haciendo esa clase de cosas y menos publicarlo; tenemos que llegar al fondo de todo esto. ​— La verdad, no me importa llegar al fondo de nada porque mi hija es la que salió perjudicada. Lo mejor es que no te vuelvas a aparecer por nuestra casa ni en presencia de mi hija. Así que, Agustín, es mejor que apartes a tu hijo de nuestras vidas si quieres que sigamos siendo socios y amigos —espetó Sergio de forma drástica. ​— No tengo más nada que decir, así que vámonos, Carolina. ​Se fueron dejándonos en el salón. ​— ¿Sabes lo que viene ahora, Juan? Vas a ir a tu habitación, vas a hacer tus maletas porque en dos días te vas a estudiar a Europa. ​— Pero papá… ​— ¡Papá nada! Y está de más decir que tienes prohibidas las salidas hasta el día que tengas que viajar. Pásame tu teléfono… ¡Tu teléfono! —me grita y se lo doy—. Ahora te vas a tu cuarto y espero que eso que hiciste no tenga consecuencias, porque ahí sí me vas a conocer. ¡Ahora vete! ​Estoy en mi cuarto tirado en el suelo. No sé en qué momento mi vida dio este giro. ¿Cómo me voy a ir sin arreglar esta situación? No puedo dejarla así, pero ¿cómo hago? ******************************************* ​— ​Ya tarde, mi padre sube a mi habitación para indicarme que está lista la cena. ​— No tengo hambre, papá… —le digo sin más. ​— Pero hija, me informaron que ni siquiera comiste la segunda comida; por favor, baja para que cenes con nosotros. ​— No quiero comer, no quiero nada, ¡déjame sola! —pronuncio molesta. ​— Emily, no tienes por qué hablarme así. Es mejor que bajes por las buenas o, si no, yo mismo te bajaré así sea a empujones. ​Lo miro furiosa y no me queda más que bajar. Apenas pruebo bocado; la verdad, no tengo hambre. Mi madre me mira con cara de lástima, lo que me hace enfurecer más. ​— Hija, tenemos que hablar. Ya hemos tomado medidas con todo lo que pasó. Hablamos con el director del colegio y les va a poner una nota en el informe final a todos esos estudiantes que hicieron un mal comentario sobre ti. El grupo fue eliminado junto con el video, y Juan… se irá lejos, no lo queremos cerca de ti. ​— ¿Creen que me importa lo que hagan, mamá? Ya el daño está hecho. Todo el mundo vio ese video y se burlaron de mí. ¿Piensan que con borrarlo voy a olvidar todas esas palabras y burlas? ¡No! No creo poder olvidarlo y no quiero regresar al colegio. Lo mejor es que me cambien o… no seguiré estudiando. ​— Hija, solo te faltan dos años para terminar. Además, ese es el mejor colegio de la ciudad. ¿Para dónde te vamos a cambiar? Has estudiado ahí toda la vida. ​— ¡NO ME IMPORTA! No quiero regresar ahí, no quiero ver más la cara de todas esas personas que se rieron de mí. ¡Ya no quierooooooo! ​Me voy corriendo a mi habitación y me tumbo en la cama a llorar. Pasan varios días y sigo encerrada; como muy poco. Mi teléfono lo destrocé. Mi madre está preocupada y mi padre molesto por toda esta situación. Accedieron a cambiarme de colegio a uno normal, ya que los colegios de nuestra clase estaban todos con matrícula llena y ya pronto empezarían las clases. ​El primer día fue, digamos, aburrido. Todos se conocían y yo, como era nueva, no conocía a nadie, cosa que no me importaba. Días después, ya un chico me estaba pidiendo que fuera su novia y acepté; no tenía nada que perder porque ya lo había perdido todo. Juan se fue a Madrid y me dejó todo este peso a mí. Por eso lo odio y no me importa lo que tenga que hacer para olvidarlo, pero tengo que lograrlo; tengo que arrancarlo de mi corazón para siempre. ​Entre salidas, fiestas y algo más pasaron dos años. Ya me estaba graduando del colegio y pronto iría a la universidad. Después de la fiesta de graduación, invité a los chicos de mi clase a una discoteca. Obviamente, tuve que pagar una cantidad para que nos dejaran pasar sin problemas, ya que algunos seguíamos siendo menores de edad. Estaba bailando con mi novio actual cuando observo a un chico en la barra que no deja de verme y le lanzo un beso para que sepa que no me es indiferente. Rato después me acerco a él, me invita a un trago y me susurra al oído que quiere hacerlo conmigo. Lo tomé de la mano y lo llevé a un lugar solitario; empezamos a besarnos cuando aparece mi novio y se pone a pelear con él. Yo solo me volteo y los dejo porque no me importa. ​Después me encuentro con unas antiguas compañeras de clase, las que decían ser mis amigas, y me quedo charlando con ellas. Algunas me fueron a buscar a casa porque querían brindarme su apoyo, pero no las recibí porque no quería saber nunca más de ese colegio. ​Ya voy por el cuarto semestre en la universidad; estudio Negocios Internacionales y llevo la misma vida. Tengo a todos los hombres que quiero, pero no les doy más allá que sexo, porque ningún hombre vale la pena. Vivo entre peleas con mis padres por mi actitud derrochadora y la vida desenfrenada que llevo. Ellos quieren que sea una mujer sumisa y que consiga un buen hombre, pero eso a mí no me interesa. Quiero ser alguien en la vida y no depender de ningún hombre, por eso hago lo que quiero. ​Años más tarde, en mi último semestre, mis padres me dan la noticia de que ya no tenemos el dinero suficiente y que tenemos que dejar la vida que llevamos porque la empresa está pasando por un mal momento. Si no encontramos un inversionista, podemos irnos a la quiebra, y eso de verdad que me aterró. ​— Pero, ¿cómo es posible, papá? Si tú siempre has sabido llevar la empresa y hacer buenos negocios. ¿Qué pasó?
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