Capitulo 17

1468 Palabras
​—Dios mío, no sé si sentirme el hombre más feliz del mundo o el más afortunado porque aún me amas, mi amor —le digo a Emili muy eufórico. ​—¡Afortunada yo! De que nadie me haya quitado tu amor, porque mira: te convertiste en el hombre más bello del planeta —y sonríe. ​—No, no, no, bella tú, mi cielo. Nada más mira ese cuerpo que te gastas, con razón traes a tantos hombres locos… ​—No digas eso, ¿sí? Yo solo quiero traerte loco a ti, por eso quise ser la más hermosa —sonrío, y sí que me trae loco de verdad esta mujer. Me besa; nos besamos dulcemente. ​—¡Oye! ¿Y cómo está tu tobillo? —le pregunto en medio del beso. ​—Hinchado aún, pero te aseguro que me aguantaré si me llega a doler… —la miro a los ojos y luego nos echamos a ríe. ​—¡Te estás burlando de mí, eh! —exclamo haciéndome el molesto. ​—¡Para nada, mi amor! —y me sigue besando. Yo solo siento que estoy volando con los besos de esta mujer. Paso mi mano por su abdomen y la acaricio; siento cómo su cuerpo reacciona a mi tacto. ​—¡Muero por hacerte el amor! —susurro en su oído, y ella me ve. ​—Y yo muero de ganas de que me lo hagas, Juan, pero no va a poder ser… por estos días… ​—¡Quéee! ¿Por qué? Te estás burlando de mí nuevamente. ​—No, amor, es que… ¡hoy llegó mi periodo! —suspiro… Pensé que me iba a salir con otra cosa peor. Me tiro encima de ella. ​—Está bien, amor. Pensé que me dirías otra cosa. ​—Ven, abrázame —pongo mi cabeza en su abdomen y la abrazo mientras ella pasa sus dedos por mi cabello. ​—Quiero estar contigo, ya no te quiero dejar nunca más, Emili —le digo serio. ​—Tenemos que arreglar toda esta situación, Juan. Yo no me quiero casar con Carlos, pero ya hay un contrato firmado y, de paso, ya las deudas de mi padre fueron saldadas. ​Me levanto y me siento en la cama. ​—¡Emili! A mí todo esto me parece extraño. Cómo es que tu padre llegó a una crisis financiera si siempre sus negocios han sido un éxito; además de que él es uno de los mejores empresarios del país con una fortuna inmensa. No comprendo cómo pudo llegar a eso —le comento un poco desconcertado. ​—Yo no me he puesto a indagar, solo he confiado en lo que él me ha dicho. Según, estos últimos años han sido muy pocos los negocios que han tenido y no han dejado tantas ganancias; además de que hubo un desfalco de dinero y estaban investigando eso para encontrar al culpable. ​—Entiendo, Emili, pero así sea tu papá no debiste confiar. Tenías que haberle pedido pruebas o ir tú misma a investigar en la empresa; para eso te preparaste, ¿no crees?, para solventar todas estas problemáticas. ​—¡Sí, Juan!, pero por Dios, es mi padre. No creo que me engañe de esa manera, ¿para qué lo haría?… ​—¡No lo sé!, pero lo voy a investigar. La verdad no creo nada de eso; si fuera verdad, mi padre lo sabría y me lo hubiera comentado —pone mala cara—. No te molestes, amor, es solo que no veo eso posible: algo más debe haber detrás de todo eso. Y con respecto a Carlos, no quiero que estés cerca de él. Voy a hacer lo posible por hablar con tu padre y pedirle que deshaga ese contrato para así ser yo ese inversor, si es que de verdad necesitan uno. ​—¡De verdad harías eso, Juan! —pregunta emocionada. ​—Por ti haría todo, mi amor —me llena de besos—. Te amo, te amo, te amoooo. ​—Yo te amo con mi vida —me vuelve a besar. ​—Mañana posiblemente se aparezcan por aquí mis padres o Carlos; llevo dos días que no me comunico con ellos y seguramente vendrán a buscarme, siempre es así. ​—¡Qué quieres decir! ¿Que me tengo que ir? —le pregunto porque creo que me está, de alguna manera, corriendo. ​—No, bebé… o sí… ¡pero vámonos los dos juntos! Sácame de aquí. Quiero perderme unos días solo contigo, olvidando todo aquello que nos hace mal, por favor. ​—Yo te llevaría al fin del mundo si me lo pidieras, mi amor, ¡pero a primera hora, sí! Ya es muy tarde; además, mañana es que me entregan las llaves de mi departamento nuevo. ​—¿Ah, sí? ¿Pudiste obtener el que tanto te gustaba? ​—Siii, tuve que ofrecer mucho más, pero valió la pena. ​—Debe de tener algo en especial ese apartamento para que lo quisieras tanto. ​—Jajajajaja, mañana verás el porqué. ​—¡Bien! Dime algo, amor, cambiando de tema: cuántos corazones dejaste allá en donde estuviste todo este tiempo —me sorprendo por su pregunta. ​—¡No lo sé, Emili! ​—¡¿Solo eso, Juan, "no lo sé"?! ¿Acaso no tuviste mujeres, novias o amantes? ​—Sí, pero nada serio… bueno… solo con una. ​—¡Ah, sí! ¿Y tengo que preocuparme por esa “una”? ​—Ella siempre ha estado clara de mis sentimientos por ti, Emili. ​—¡Estás hablando en presente, Juan! Quiere decir que aún sigues con ella —la miro asombrado. ​—Emili, yo… no sé qué decirte. ​—¡Mejor no digas nada! Pero si no quieres que yo esté con Carlos, entonces tú tampoco puedes andar con esa mujer. ​—Está bien, amor. Jamás andaría con ella estando contigo. ​—¡Entonces estamos claros, ¿no?! —qué fuerte se ha hecho esta mujer. Me encanta su carácter; bueno, ella siempre ha sido así, pero ahora es más decidida. ​—Sí, bebé, estamos claros. Ahora vamos a dormir, que anoche fue fatal para mí —le digo. ​—¿Y eso por qué? ​—Bueno… cuando me fui de aquí me encontré con Julián, nos tomamos unos tragos y luego me dejó en mi apartamento completamente borracho. ​—¿Y por qué te emborrachaste, Juan? —entrecierro mis ojos para verla. ​—En serio me estás preguntando por qué me emborraché… ​—¡Sip! —pongo los ojos como platos. ​—¡Qué descarada eres! Estaba furioso porque una mujer por ahí me dejó con una calentura fatal, eh. Después de que le hice un oral de lo mejor, ella simplemente me inventó que le dolía el tobillo y, en fin, tuve que llamar a mi amigo y quitarme la frustración con el alcohol —se sonroja. ​—Vaya, qué mal. Seguramente a esa mujer no le gustó tu oral, por eso inventó eso… —me dejó con la boca abierta con ese comentario. ​—¿Cómo que no le gustó? ¡Si la vi disfrutar! Gemía como loca. ​Ahora es ella quien abre sus ojos como platos. ​—Eres un tonto… —me dice y voltea los ojos. ​—Jajajajaja, me querías molestar, ¿verdad? ​—Pues sí… jajajajaja. Claro que lo disfruté, mi amor, y moría por más pero ya sabes: mi orgullo —y rueda los ojos. ​—No importa, ya tendremos suficiente tiempo para nosotros, bebé —la beso, apago las luces y nos acostamos abrazados. ​Amanece y nos despierta el sonido del timbre… Ella se despierta asustada por si es Carlos o sus padres y yo solo me limito a entrar al baño, me aseo y salgo. Ella se cambiaba de ropa y le digo: ​—Voy a ver quién es… ​—¡No, Juan, por favor no salgas! Déjame a mí ver quién es… ​—Puedo ir yo, tranquila. Tú solo quédate ahí. ​—No quiero que te encuentres con Carlos, ¿sí? ​—¡A qué le temes! —pregunto algo molesto porque la veo muy nerviosa. ​—No quiero que se peleen y empeoren las cosas —me responde. ​—Eso tarde o temprano va a pasar, así que lo mejor es que suceda de una vez —y me voy dejándola ahí. ​—Juaaaaan… —le escucho llamarme. ​
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR