El lobo dorado.
El lobo dorado.
Tyler y Charlotte finalmente se habían reunido con Jeargo y, aun así, Ezra seguía lejos de completar su objetivo. Encontrar al último de los lobos faltantes para reunir finalmente a los siete reyes, la vuelta a la vida y renacimiento de Nick como un Huargo, solo entonces su trabajo estaría completo, solo entonces podría descansar.
Descansar, era lo único en lo que no pensaba, pero era lo que más necesitaba tras tanta tortura, tanto esfuerzo, tantos daños colaterales, tanto compromiso y sacrificio demandado durante todos estos años. ¡Demonios, claro que lo necesitaba! El más que nadie necesitaba ese descanso. La guerra era cruel y despiadada, sobre todo cuando te enfrentabas a los dragones que se supone, debían mantener el equilibrio y, en su lugar, hicieron y deshicieron a su antojo.
Toda la responsabilidad había recaído sobre él. Como si fuera uno de los siete reyes en persona. Cargando con un destino tan pesado sobre su espalda cuyo único posible final era la muerte, y aunque, aparentemente ya hubiera huido de ese final, y eso tendría otras consecuencias, Ezra siempre fue más que consciente que no podría huir o manipular esa línea del destino que su madre había visto. Aunque todos dijeran que no había nada de qué preocuparse, la preocupación ya era parte de sí mismo.
Como si no fuera suficiente, no tenían ni una jodida pista del paradero del último lobo, su apariencia, sus intereses, sus habilidades, y más importante aún, su conciencia de lo que estaba en juego. El rey Dorado, como lo llamaba la profecía de los siete reyes, la encarnación y guardián del aspecto del sol, era un completo misterio. Nunca se había oído nada sobre este lobo. Como si realmente no existiera, como si él mismo se hubiera esforzado mucho en hacer parecer que así era.
Poco después de aquella inesperada reunión de Tyler y Charlotte con Jeargo, padre de esta última, Ezra continuó con su búsqueda del último lobo faltante de los siete reyes. El sexto, a quien conocían como la encarnación del sol. Pero no había muchos otros datos respecto a este lobo. Lo único que sabían era, que, igual que todos los demás, incluido Tyler, también era un Huargo, poseedor de los conocidos dones de sangre.
Saber que se trataba de un Huargo no era realmente de mucha utilidad. Habían pasado veinte años desde que había iniciado su búsqueda, y nunca, jamás, escuchó sobre un lobo con características similares a las de un rey Dorado o un aspecto guardián del sol. El cansancio ya cobraba factura, la desesperación ya era rutina, la incertidumbre una comida diaria y vivía con la constante presión de una carga de responsabilidad mucho más grande que cualquiera, que, obviamente lo superaba con creces. O al menos eso pensaba Ezra.
Y si bien no sabían nada sobre este rey Dorado, no todo eran malas noticias para Ezra. Había logrado parte de su objetivo tras dos décadas enteras; finalmente había reunido a Charlotte con su padre. El momento había llegado y la sorpresa ligada con alegría, reflejada en el rostro de una Charlotte que, si bien tenía imágenes tan vagas, solo sacadas de recuerdos residuales de su rostro, había conseguido reconocer fácilmente a su padre.
Aunque no era la única sorprendida, Dayane y Sean se miraron muy sorprendidos porque, aun siendo conscientes y los orquestadores de la reunión en colaboración con Ezra, jamás se imaginaron que Charlotte reconocería tan fácilmente a quién dedujeron por la reacción de su amiga, era su padre, ni mucho menos que luciría una figura tan amable y amigable y al mismo tiempo gozara de una presencia tan intimidante que provocaba una presión en el ambiente bastante sofocante.
Lo que sentían era su aura, imponente, abrumadora, caótica y volátil, pero al mismo tiempo tan controlada que parecía una fantasía. Un aura digna del rey de los Huargos y más aun del guardián del aspecto del fuego.
Charlotte corrió a abrazarlo tan pronto como salieron del manto de la penumbra que los ocultaba. El aroma a canela era intenso, tanto que opacaba el resto de aromas en la sala. En verdad se trataba del encuentro más emotivo, tanto para Jeargo, como para Charlotte, y por qué no, también para Ezra y su padre, que, habían estado trabajando todos estos años en reunir a esos dos.
Jeargo la recibió con los brazos abiertos, apretándola y aferrándose a ella, casi llorando de la emoción por volver a verla. Era su pequeña, la que creyó muerta muchos años atrás, la que creyó haber perdido para siempre. Estaba entre sus brazos, ya no tan pequeña, ya no tan niña, pero era ella en todo su esplendor. La viva imagen de su madre. Había tanto que quería decirle, tanto por contar y enseñar y, aun así, no había tiempo. Solo podían disfrutar de ese momento y ambos lo supieron solo con abrazarse.
- Amigos, él es mi padre, el guardián del aspecto del dominio, Lucas Drake – Lucas, que hasta el momento había estado en completo silencio, levantó la mano para saludarlos, sin decir ni una sola palabra. Él por otro lado, a diferencia de Jeargo, tenía una presencia y un aspecto físico mucho más intimidante a simple vista. No era tanto su aura, que también era abrumadora. No, lo abrumador de su presencia era la mirada fría y calculadora, su silencio absoluto, la capacidad de estar tan quieto que casi parecía invisible; era como si realmente no estuviera ahí físicamente, pero sí de forma espiritual. Aquella mirada fría era el vestigio de la crueldad que el destino había desatado sobre su vida y la de su familia; particularmente su esposa y su hijo – y él… él es mi tío, Jeargo Crimson, rey de los Huargos, Alfa de la Rosa carmesí y aspecto guardián del fuego.
- ¡Papá! – murmuró Charlotte con una sonrisa mientras sentía el alivio y la tranquilidad de estar entre los brazos de su padre.
- Aguarda… - Tyler era el más sorprendido. La forma en que aquella reunión se había dado, era por decir poco, inimaginable - ¿Cómo es esto posible? No… no lo entiendo – titubeo confundido – ustedes… ¿Ustedes atravesaron una…
- Así es Tyler – confirmó Lucas – Tal y como lo estás imaginado. Cruzamos una brecha espacio-temporal.
- Pero… ¿Cómo es eso posible?
- Es porque vienen de otra dimensión – dijo Charlotte y Tyler la miró con grandes ojos, igual que Dayane y Sean que permanecían en silencio.
- ¿Otra dimensión? ¿Eso es posible? – Confirmó Tyler.
- Otros mundos para ser más específicos – dijo Jeargo – hay alrededor de siete mundos paralelos a este; uno es la base central del espacio-tiempo y, también, el lugar del que somos todos originalmente, incluido tu.
- ¿Yo? – había mucho que procesar, era demasiada información para Tyler.
- Si Tyler – respondió Lucas – la historia sobre como apareció el primer hombre lobo está un poco distorsionada… la verdadera historia es un poco diferente… el primer hombre lobo llegó a este mundo junto con el primer mago y ambos vinieron de lo que hoy conocemos como el mundo místico – le explicó – en aquel entonces, solo existía un único mundo. Pero durante las guerras místicas, las siete serpientes de las que habla su profecía, estaban manipulando a los licántropos para destruir a la humanidad. Los mestizos éramos los encargados de ganar esta guerra, aunque no sabíamos que el verdadero enemigo eran las serpientes, o como nosotros los conocemos, los grandes dragones del equilibrio. Hasta este momento yo le había prohibido a Ezra hablarles sobre los dragones.
- ¿Ezra? – Preguntó Sean.
- Es su verdadero nombre – dijo Charlotte mirando al aludido – no que Loan no sea su nombre – corrigió después – Ezra es su primer nombre. Por eso al principio lo llamaba E.
- ¿Y tú sabías todo esto? – Preguntó Dayane.
- Tenía conocimiento de algunas cosas. Como que Ezra era su nombre y que ambos éramos familia, así como también tuve conocimiento después sobre mi verdadero origen y supe que vengo de otro mundo. Pero Ezra me pidió guardar el secreto hasta que fuera el momento propicio para contarlo.
- ¿Y cuándo se supone que sería ese momento? – Cuestionó Sean.
- Cuando hubiéramos reclutado a la encarnación del trueno… - dijo Lucas.
- Ese soy yo – dijo un hombre con una voz bastante áspera, en un tono bastante bajo como para que pareciera un susurro, pero lo bastante alto para que todos lo escucharan.
Entonces apareció este hombre. Tenía un aspecto barbárico. Sus ropas parecían vestimentas medievales. Traía consigo una especie de armadura de cuero y sobre su espalda reposaban un par de hachas vikingas con un diseño bastante peculiar. Su cabello tenía unos destellos de amarillo eléctrico en las puntas combinado con purpura eléctrico, y el resto era de color n***o muy oscuro, casi mate. A simple vista él daba un poco de miedo.
- ¿Y tú quién eres? – Preguntó Tyler mirándolo con desconfianza.
- Mi nombre es Virgeel – dijo el hombre – soy el rey del trueno. Encarnación de las tempestades, aspecto guardián del trueno, aunque no por elección propia.
- El momento propicio lo decidía yo – dijo Lucas – Virgeel era el más difícil de hallar de entre los cuatro que nos faltaban, porque él estaba en mundo sumergido en el caos… un mundo donde el sol nunca salió y los vampiros son tan poderosos como para representar un obstáculo en nuestro camino. Sin mencionar que los dragones han estado persiguiéndonos a Jeargo y a mi desde que me hice uno con la fuerza mística. Pero el verdadero problema, o la verdadera razón por la que no había ido a encontrar a Virgeel, se debía principalmente a que no tenía una forma física estable… mi cuerpo fue destruido y solo continué con vida porque mi aura era lo suficientemente poderosa para resguardar mi alma y funcionar como contenedor por si sola. Así que tenía que trabajar en crear una forma física que fuera estable para poder moverme libremente. Por eso envié a mi hijo aquí en lugar de venir yo mismo. Tampoco podía enviar a Jeargo porque él tenía una manada a la que debía cuidar y dirigir, y finalmente no podía moverme entre los mundos sin una forma física estable porque el solo hecho de moverme entre los mundo como una bola de energía le daría una idea a los dragones de dónde estaba… por ejemplo, aquella noche hace cinco años, cuando se enfrentaron a Chronus y Dragos… Ezra liberó su poder y los dragones pensaron que era el mío, porque al moverme entre dimensiones sin forma física provoco el mismo efecto que él provocó en ese momento al quitarse el anillo y liberar su poder de golpe. El rayo que cayó del cielo era un ataque de los dragones del que tuve que salvar a Ezra, porque pensaron que era yo, debido a lo parecidas que son nuestras auras. Pero finalmente, ahora que tengo una forma física estable, entonces ya era momento de ir por Virgeel y venir hacia ustedes. Este era el momento propicio para contarles la verdad.
- Lo que ustedes conocen como crías de los siete mentirosos, son realmente criaturas humanoides con una gran parte del poder de un dragón. Los llamamos Guivernos – Explicó Jeargo.
- Me enfrenté a uno de ellos hace una semana – dijo Virgeel – la verdad es que fue pan comido derrotarlo.
- ¿Pan comido? A nosotros nos costó mucho trabajo derrotar a uno solo de ellos. Eso sin mencionar a Ezra – dijo Tyler casi indignado.
- Pese a ser los elegidos como aspectos guardianes de la vida y el espacio-tiempo, aun no gozan de todo su poder.
- La maldición de los licántropos, despertó y reforzó aquellos vestigios de linaje Huargo y también del linaje de otro clan de mestizos que se encontraban dormidos en Virgeel – dijo Jeargo – el poder de la flor lunar, el cual es capaz de extraer el máximo poder de un hombre lobo si sobrevive y hacerlo mucho más poderoso que antes al devolver la raíz de su verdadero poder… convirtió a Virgeel en lo que siempre debió ser: un Huargo. También despertó el poder del trueno y, gracias a todos esos años de experiencia, él ya es un rey como Lucas y yo, a diferencia de ustedes dos que carecen de dicha experiencia.
- Sin embargo, existe otra manera, aunque esta es mucho más peligrosa – dijo Lucas.
- El pozo de la restitución – siguió Jeargo – es un lugar especial, donde todo lo que esté dormido dentro de ustedes despertará y se volverán tan poderosos como nosotros. Sus verdaderos poderes florecerán después de eso.
- Entonces – Tyler se llevó ambas manos a la cabeza y exhaló abrumado por toda información – existen los dragones, sus hijos son los Guivernos, y nosotros somos llamados Huargos en realidad, pero… no entiendo nada ¿Qué es lo que sucede realmente?
- Ahora todo tiene sentido – dijo Sean y Tyler lo miró confundido - ¡Claro! Por eso el libro se refiere a ellos como las siete serpientes tiranas. En realidad, son dragones. Los siete dragones que los reyes deben derrotar para restaurar el equilibrio.
- Así es Sean – dijo Ezra – el equilibrio fue fracturado por los dragones, con el único propósito de destruir todo para crear un nuevo y único mundo el cual podrán moldear a su conveniencia.
- ¿Qué es lo que sigue a partir de ahora? ¿Nos enfrentaremos a ellos? – cuestionó Charlotte y Jeargo la miró, aun abrazándola y le sonrió.
- De momento no. Ezra debe hallar al último de los Huargos faltantes. Así que, tendremos algo de tiempo antes de enfrentar a los dragones. Tiempo que aprovecharemos para que conozcas a tu madre y a tus hermanos.
- ¿El último? - cuestionó Sean algo confundido - hay cinco de ustedes reunidos justo ahora, así que, ¿No deberían faltar dos?
- Es más complicado que eso Sean, te lo explicaremos cuando lleguemos a Winter Rose - le dijo Jeargo y Dayane lo miró confundida.
- Aguarde… ¿Usted dijo Winter Rose? ¿Qué es eso? – Preguntó ella.
- Winter Rose es el nombre del que ahora es la capital de Rumania… en nuestro mundo Rumania es el país de los Huargos y está en su totalidad controlada por mi manada. Rumania entera es territorio de la Rosa carmesí, y Winter Rose es la capital del país y en cuyas tierras se encuentra mi mansión y el asentamiento principal de nuestra manada – dijo Jeargo.
- Eso es… es una manada muy grande – siseo Tyler muy sorprendido y Jeargo le sonrió.
- Vamos, no perdamos más tiempo – les dijo Jeargo y entonces se prepararon para cruzar hacia el mundo del que se suponía que todos provenían.
Mientras tanto, en algún lugar del medio oriente, en las filas de las tropas del ejército norteamericano, un grupo de soldados hacía una redada que se suponía que debía ser pacífica. Según la información que inteligencia había recibido, aquella redada era solo para buscar información. No había señales de hostilidad que indicaran que iban a tener algún enfrentamiento y, sin embargo, los soldados permanecían alertas en todo momento, porque ya estaban acostumbrados a que el enemigo atacase de esta manera.
Entre el grupo de soldados compuesto por doce hombres, se hallaba un joven con ojos de un mítico color ámbar, cabello rubio en su totalidad, casi con una tonalidad dorada y piel blanca como la nieve. Medía al menos un metro setenta y siete, y su cuerpo tenía músculos definidos, pero no muy prominentes. De hecho, su cuerpo era casi esbelto.
Aquel muchacho no llevaba un chaleco antibalas como todos los demás soldados. Tampoco llevaba armas. Él solo portaba su uniforme de marine, y caminaba descalzo por aquellas calles como si el abrasador calor que se fundía con el suelo por el sol, no le molestase.
- Oye Andrew ¿Por qué no vienes aquí a revisar esta casa? Algo nos huele un poco mal ¿Quién mejor que tu para decirnos que es? – Le dijo uno de ellos.
- Es verdad… después de todo, si resulta que olfateaste una trampa explosiva, nos salvarás el pellejo y serás reconocido como el héroe.
- Ustedes sabes bien que no busco reconocimiento – dijo el muchacho riéndose de aquellos comentarios bromistas de sus amigos – no sé por qué siguen insistiendo con eso.
- ¡Por favor Andrew! – Reclamó uno de ellos - ¿En serio nos dirás que no te interesa el reconocimiento cuando claramente te has hecho tan reconocido entre las líneas enemigas?
- Es cierto – dijo otro - ¿Acaso no sabes cómo te llaman los terroristas?
- Por supuesto que sé cómo me están llamando, pero no me interesa. No es como si yo quisiera que me llamaran de ese modo… solo estoy haciendo mi trabajo.
- Ya dejen de molestar a Walker. Es una orden.
- Si teniente Bannen – dijeron todos al unísono.
- Les recuerdo que Andrew es solo un tonto desafortunado al que nuestro gobierno utiliza para tener ventajas sobre un enemigo que antes tenía ventajas sobre nosotros… él es una contramedida y la verdad no sé por qué lo hace, pero solo está haciendo su trabajo y lo hace bien. Así que deberían dejar de molestarlo y concentrarse en hacer bien suyo.
- Señor, sí señor – gritaron todos y volvieron a sus posiciones.
- Gracias por eso teniente – le dijo Andrew al teniente Bannen.
- Lo que dije fue en serio Walker… no sé por qué razón te dejas utilizar por el gobierno de esta manera. Es estúpido y desafortunado. Todos los días arriesgas tu vida, en lugar de estar en la universidad haciendo amigos y disfrutando de tu juventud.
- Considero que debo pelear por mi país en tanto pueda hacerlo… este poder que tengo… es un don que se me fue conferido para ayudar a las personas. Para proteger a los más débiles de aquellos que son más fuertes, y para hacer lo que es justo… así que, si el enemigo tiene personas con poderes similares a los míos, poderes que están usando para hacerle daño a los demás, en lugar de protegerlos, mi deber es detenerlos. Por eso decidí aliarme con el gobierno… además – se detuvo y comenzó a olfatear - ¡Cuidado! – gritó y embistió a uno de sus compañeros antes que fuera asesinado por un francotirador.
El segundo disparo vino y él, en un abrir y cerrar de ojos salvó al segundo de sus compañeros, quitándolo de la línea de fuego y fue en ese momento que un misterioso hombre apareció desde una ventana, convirtiéndose en un hombre lobo. Entonces Andrew corrió para defender a su teniente y embistió al hombre lobo con una fuerza tal que lo hizo tambalearse en el suelo después de retroceder.
El hombre lobo consiguió rasgarle el uniforme y todos sus compañeros, incluido el teniente, se pusieron a cubierto antes que un grupo de hombres armados apareciera, atrincherándose detrás de los muros de las casas. Pero antes que estos comenzaran a disparar, el hombre lobo levantó la mano y les indicó que esperaran. Todo indicaba que él era quien comandaba a aquel pequeño grupo de radicales que los habían emboscado.
Andrew se miró el uniforme y suspiró mientras giraba su cuello para estirarse antes de comenzar con aquella pelea que era inevitable. A eso se refería después de todo. Tenía un poder con el que podía proteger a quienes eran más débiles que él, de aquellos con un poder similar al suyo. Él también era un hombre lobo. Aunque no uno cualquiera. No, este joven rubio era el rey dorado, el Huargo faltante, el aspecto del sol a quién Ezra seguía buscando.
Entonces se quitó aquel uniforme y los radicales que lograron ver su pecho descubiertos temblaron de miedo al ver la marca que yacía sobre este como una cicatriz que parecía más una mancha que cualquier otra cosa.
Era en realidad la marca manchada de lo que debió ser una cicatriz de guerra. Sobre su pecho se extendía una aquella marca de explosión que daba la sensación de ser el tatuaje de un sol. Cosa que si tenía realmente. Porque en su espalda él tenía un tatuaje tribal del sol, y por casi todo su cuerpo se extendían diferentes tatuajes con diferentes formas y significados cada uno.
- No pelees contra él, detente – gritó uno de los radicales mientras el resto no podían siquiera levantar sus armas - ¿Acaso no sabes quién es?... es el lobo dorado – cuando aquel radical pronunció esas palabras, el semblante del hombre lobo cambió totalmente justo en el mismo instante en que Andrew adquirió la forma de un lobo gigante frente a todos y saltó sobre él para despedazarlo en segundos sin que pudiera hacer nada para defenderse.
Lo conocían como el lobo dorado porque aquel lobo gigante en el que se convertía era de un increíble color dorado que casi hacía parecer que su pelaje era de oro puro. Los radicales lo habían asociado a un espíritu de muerte y al mismo tiempo lo relacionaron con alguna deidad solar debido al tatuaje en su espalda y a la mancha en su pecho.
Entonces volvió a su forma humana, totalmente desnudo, mientras que el grupo de radicales se entregó inmediatamente sin siquiera hacer el más mínimo intento de escapar. Y es que su reputación le precedía. Todos los radicales sabían de un poderoso hombre capaz de convertirse en un gigantesco lobo dorado que trabajaba para los Estados Unidos. Todos sabían lo peligroso que era enfrentarse a él y, sobre todo, sabían que no había manera posible de escapársele. Nunca nadie se le había escapado durante los dos años que tenía sirviendo en el ejército.
Entonces, después de un largo viaje hacia la base norteamericana en la que se encontraban, los soldados del grupo de Andrew, hicieron una entrada triunfal con veinte terroristas capturados.
Andrew por su parte se disponía a tomar un avión para regresar a su país y continuar con vida rutinaria como si fuera un muchacho totalmente normal. Como si nunca hubiera formado parte de este grupo de marines como un activo secreto y sumamente valioso para su país en todo este asunto de la guerra contra el terrorismo.
Él tenía sus propios asuntos que atender, y pese a lo que hubiera dicho a su oficial al mando, sus objetivos no eran tan nobles como servir para proteger. Tenía un interés mucho mayor, una búsqueda de venganza, de redención y el intento de aliviar el dolor que carcomía su corazón.
Andrew tomó todas sus cosas en una maleta y cuando ya estaba listo para marcharse, el coronel a cargo de la base se apareció en su puerta. Él lo miró sorprendido, porque el coronel no acostumbraba a salir de sala de operaciones durante el día. Mucho menos para hablar con un soldado.
- ¿Señor? – Cuestionó el muchacho olfateando con claridad las intenciones del coronel. Sabía que no había nada agradable en lo que estaba a punto de oír.
- Te permitiremos irte Walker… pero lo haremos con una condición.
- Discúlpeme señor, pero tengo entendido que no había condiciones más allá de mi colaboración cuando acepté ayudar.
- Exactamente de eso se trata señor Walker… su responsabilidad es ser colaborativo. Usted mismo aceptó dicha responsabilidad. Es por eso que necesitamos saber que tan comprometido está a cumplir con ello antes que se vaya de aquí.
- Vaya al grano – le dijo él, comenzando a irritarse por la manera en que el hombre le estaba hablando.
- Elija sus palabras con más respeto. No olvide con quien está hablando.
- Es usted quien no debe olvidar con quién está hablando – replicó Andrew – les dije cuando acepté ayudarlos, que no me provocaran porque no me querrían como enemigo… no soy un simple soldado más de algún pelotón en esta mugrosa base… recuerde eso antes de volver a hablar sin pensar… lo que sea que quiera, olvídelo, no lo obtendrá – dijo al final y caminó a su lado para marcharse.
- Eso ya lo veremos – dijo el coronel y afuera de la barraca había un grupo de soldados bastante grande, esperándolo y apuntándole con sus armas. Armas que no había visto antes. Claramente eran modificadas.
En este mundo, al igual que en el mundo de Jeargo, la existencia de los hombres lobo no era un secreto, al menos no del todo. El gobierno y organizaciones secretas como la que había perseguido a Tyler antaño, y que además colaboraban con los dragones, estaban fuertemente vinculados. Las guerras en el medio oriente habían tomado otro rumbo cuando los hombres lobo comenzaron a aparecer para aterrorizar a los marines desplegados, así que el gobierno ideo un programa secreto de reclutamiento, para traer hombres lobos a sus propias filas.
Programa que realmente no había dado ningún resultado hasta que apareció Andrew, ofreciéndose voluntariamente a ser su perro de guerra, aunque para la mala suerte de los ingenuos que creyeron que podrían controlarlo, él no estaba ahí para servir a su país ni para ser manipulado. Sabía de las conexiones con estas organizaciones clandestinas que se dedicaban a cazar a los hombres lobo y a las criaturas sobrenaturales que había por todo el mundo, y tenía la esperanza que su participación lo llevara hasta alguien en específico.
Alguien a quién solo buscaba por respuestas, alguien a quién alguna vez había visto en circunstancias complicadamente inoportunas para él, y no era otro que Damian Cross, el vampiro inmune al sol que fungía como mano derecha de Primal, cuya misión era detener a Ezra antes que encontrara a los siete reyes.
- ¿Qué significa esto? – cuestionó con la ira golpeando su pecho.
- Significa que, si no colabora con nosotros, lo mataremos aquí mismo – dijo el coronel – ¿Acaso creía que tendríamos a una criatura tan peligrosa entre nosotros sin tomar nuestras previsiones? Creo que nos menosprecia demasiado señor Walker. A partir de ahora usted es nuestra propiedad y hará todo lo que se le diga, o de lo contrario sufrirá las consecuencias – Andrew gruñó volviéndose para atacar al coronel, pero este había levantado una pistola hacia su frente – yo no haría eso si fuera usted… imbécil… ¿En verdad creía que iba a funcionar su plan de hacerse el héroe y que esto no le traería problemas? ¿Creyó que lo dejaríamos vivir una vida tranquila, teniendo ese potencial para convertirnos en el país más poderoso de todos?
- Su error coronel, es pensar que no tomé en cuenta ninguna de estas cosas. En definitiva, no seré su esclavo, pero, antes de hacer cualquier cosa, dígame ¿Qué es lo que quiere? Dependiendo de, si me gusta o no su respuesta, entonces tomaré una decisión que de una u otra manera será beneficiosa para mí, pero no sé si lo será para ustedes.
- Como le dije, no tiene la opción de decidir. Es algo que hará porque ahora es nuestra propiedad… eso ya está dicho…
- Solo dígalo de una buena vez.
- Desde que sabemos que los hombres lobo existen, hemos estado buscando a más como usted, pero no son sencillos de encontrar si no quieren ser hallados. Así que, pensamos… tal vez sea como en las historias antiguas, tal vez pueda convertir a las personas en hombres lobo con una mordida… así que, queremos un ejército de hombres lobo, convertidos y entrenados por usted, porque se nota que tiene mucha experiencia como monstruo.
- Como pensé… su idea no me agrada en lo absoluto, así que, mejor no.
- Ya le dije que no puede ne…
- Y yo le dije que cometió un error al pensar que yo no tomé mis previsiones antes de venir aquí… literalmente soy un fantasma. No existo. Toda la información que les di es falsa. La familia que creen tener vigilada, no es la mía. Todo es una ilusión creada por mis poderes y a partir de hoy ustedes ya no sabrán quien soy… llevo años ayudándolos y siempre es lo mismo, siempre acaban pensando en esta clase de estupideces. Así que siempre tengo que borrarles la memoria.
Un increíble resplandor iluminó todo el lugar. Fue como si el sol hubiera estado escondido detrás de una nube, recargando energías para luego estallar con todas sus fuerzas y cegar a todos. Y para cuando el resplandor terminó, Andrew había desaparecido, y todos habían olvidado la razón por la que estaban ahí en primer lugar.
Entonces abrió sus ojos y se halló en la universidad. Su físico no había cambiado en nada. Seguía teniendo todos estos tatuajes y la mancha en forma de explosión en su pecho, pero ahora tenía el cabello de color n***o.
La persona a su lado lo miró y sonrió.
- ¿Pasó de nuevo no? – él asintió en silencio – Kyle, llevas tres años ayudando al ejército a pelear con hombres lobo terroristas, y todo el tiempo obtienes los mismos resultados. Se te están acabando los avatares.
- No digas tonterías… mis avatares son ilimitados…
- Si bueno… detesto admitirlo, pero… tienes un don increíble… fácilmente podrías ser el Huargo más poderoso.
- No menciones ese nombre… los hombres lobo de aquí no saben lo que es, y no tienen idea de mi verdadero poder – dijo él – si alguno te escuchara, sospecharía y comenzaría a hacer preguntas que no tiene que hacer… solo tú sabes mi secreto y pretendo que permanezca así.
- Pero hermano… fácilmente podrías ser el Alfa de los Sunfangs Savage… – le dijo Alastor.