Kyle iba de la mano con Amaia, no sabía a dónde lo llevaba, pero no desconfiaba de ella. La jovencita iba al frente en silencio, con la confianza de quién conoce al otro de la toda la vida. Lo sujetaba con firmeza de la mano y seguía hacia el bosque que rodeaba la aldea. Aun oculta dentro de una montaña, la aldea no era solo la comuna, cabañas y plazas de entrenamiento. La extensión era lo suficientemente amplia como para resguardar además también un bosque que representaba los límites fronterizos de la misma.
- ¿A dónde vamos? – preguntó Kyle, curioso por saber a dónde lo llevaba, pero con plena confianza en ella.
- Quiero mostrarte algo interesante y de paso, conseguirte algo para comer. Tu estómago aun ruge – le dijo con una sonrisa, a lo que Kyle agachó la mirada, avergonzado.
Llegaron a una pequeña cueva y se detuvieron frente a ella. Él pensó por un momento en lo que su abuelo le había dicho, pero, a fin de cuentas, tampoco podía negarse a ir con ella. Se moría de curiosidad por ver aquello tan interesante que la joven quería mostrarle. Así que finalmente asintió y fue con ella.
Entraron a la cueva, que escondía un camino que se empinaba y luego daba algunos giros. Todo estaba oscuro, pero los ojos se Amaia se adaptaban con facilidad a la poca luz, mientras que los de Kyle también comenzaban a hacerlo de forma natural. Él se sorprendió al darse cuenta que podía ver con claridad las gotas de agua que escurrían de los picos que sobresalían del techo de la cueva. Había algunos hongos creciendo entre las salientes de los muros, y el olor de la humedad era mucho más intenso.
- Cuidado, está resbaloso – advirtió Amaia y Kyle asintió. Subieron por una pendiente y finalmente alcanzaron a ver un rayo de luz asomándose al final del camino empinado. Entonces ambos salieron de la cueva, dejando la aldea en secreto, mientras ella llevaba sobre su espalda un arco con un carcaj lleno de flechas.
Caminaron recto en dirección a los bosques bajos de la montaña, alejándose de los límites de la aldea y adentrándose en el terreno de caza de los Canni, que por esas horas solía estar completamente solo, ya que lo cazadores Canni solían cazar todo por las mañanas. Entonces vieron a un grupo de siervos que cruzaban un riachuelo cercano a ladera de la montaña.
Ella sonrió y luego se volvió a mirarlo, gestualizándole con su dedo que hiciera silencio. Luego agitó la mano para indicarle que se agachara y cuando ambos estaban en posición, ella tomó el arco, una flecha y apuntó. Respiró hondo y la flecha salió despedida con un zumbido sordo, derribando fácilmente a uno de los siervos y enseguida corrió hacia su presa para ahuyentar a los lobos salvajes que también acechaban.
Tomó solo las partes que le interesaba para compartirlas con Kyle y el resto de la presa la dejo a la merced de los lobos. Entonces el muchacho la siguió más o menos medio kilómetro más allá de los terrenos de caza, hasta otra cueva, escondida igual que la entrada a la aldea. Ambos entraron y cruzaron un pequeño y oscuro túnel hacia un bosque repleto de luz. Era exactamente como el bosque sagrado de los Crimson y los bosques sagrados que protegían las familias de Huargos alrededor del mundo.
- ¿Qué es este lugar? – preguntó Kyle, inspeccionando con asombro todo a su alrededor.
- Es mi lugar favorito – le respondió Amaia con una sonrisa feliz – es secreto. Nadie de la tribu salvo nosotros, ha estado aquí. Más que nada porque no solemos alejarnos tanto de los límites de los terrenos de caza.
- ¿Por qué? – cuestionó curioso.
- Vampiros – dijo ella con simpleza y él la miró incrédulo. Pero al ver su mirada, supo que no jugaba.
- ¿Vampiros? ¿Hablas en serio? – preguntó y ella asintió con una expresión inocente.
- Estamos en el límite entre nuestras fronteras, pero no te preocupes, no hay peligro en tanto no nos quedemos más de lo necesario.
- ¿Qué significa para ti, quedarnos más de lo necesario?
- Hasta que se ponga el sol – dijo mientras dejaba la pieza de carne que había tomado del siervo, sobre una roca. Comenzó a preparar una fogata y miró a Kyle desde su posición – cuando el sol se pone, ellos salen a cazar, pero, tenemos un tratado de paz. Nosotros no invadimos ni nos acercamos a su territorio siempre que ellos no ataquen humanos. El problema es que, solo estar cerca de los límites fronterizos ya se considera como un acto hostil para cualquiera de las dos partes.
- ¿Por qué venimos aquí si es tan peligroso? – ella le sonrió.
- Aquí nadie puede interrumpirnos – le dijo – el árbol a tu derecha es como los árboles de la aldea. Hay una vivienda en su interior. La construí con mi padre hace años. Él era el único que sabía de este lugar.
- Owen Canni – murmuró Kyle y ella lo miró extrañada – tu abuelo tenía su nombre tatuado… me pareció algo raro que fuera el único tatuaje previamente marcado en su piel que tenía un tamaño diferente a los demás y también decía que había sido un jefe de la tribu.
- Tienes razón – dijo sonriendo con orgullo y apartó la mirada – papá era el guerrero más fuerte de la aldea, más que el abuelo, más que cualquier otro. Se convirtió en Cacique muy joven, y fue un buen jefe… los tatuajes previamente marcados sobre la piel y luego entintados, pertenecen a los guerreros Canni, caídos en batalla, con los que tuviste lazos alguna vez. Mi abuelo lleva tatuado su nombre, más grande y descriptivo que el resto, porque era su hijo.
- Lo lamento – dijo y ella negó con la cabeza.
- No hay nada que lamentar. Papá murió como un guerrero honorable, enfrentando a un deshonesto vampiro… me prometí a mí misma que, si algún día lo encontraba, lo mataría con mis propias manos para vengar la muerte de mi padre.
- No parece tarea fácil si pudo vencer a tu padre – siseo él, pero ella negó.
- Tuvo suerte. Recibió ayuda, de lo contrario, papá jamás hubiera perdido… pero, sea como fuere, no te traje aquí para hablar de esto. Acércate, la carne estará lista pronto.
- ¿Me trajiste aquí para comer? – preguntó divertido y ella soltó una risita.
- Si, en esencia, pero también quería mostrarte lo hermoso que es este lugar. Además, ya te lo había dicho, aquí nadie nos molestará. Incluso si el sol se pusiera justo ahora, no tendríamos problema alguno. Los vampiros no pueden acceder a este lugar. Según papá, está protegido por una barrera invisible que mantiene lejos a los intrusos. Solo los Huargos podemos hallar la entrada.
- Me alegra que lo hicieras, pero, ¿Por qué?
- Tuviste una conversación al respecto con tu abuelo, así que, supongo que ya lo sabes.
- ¿Nos escuchabas?
- No a propósito – dijo sonriéndole – pero si, y también oí la conversación entre nuestros abuelos respecto al tema…
- Entonces ¿Ya sabes que mi abuelo no quiere que estemos cerca tú y yo? – ella asintió sonriéndole feliz - ¿Eso no te molesta?
- En lo absoluto – respondió con franqueza – no es algo por lo que deba enojarme. Si lo piensas bien, aunque solo somos niños, puedo comprender sus motivos, pero, la cosa aquí es, que no depende de ellos. Depende de nosotros sea cual sea el camino que decidamos recorrer. Así que solo importa lo que quieras Kyle.
- ¿Lo que yo quiera? – confirmó y ella asintió.
- ¡Si! ¿Qué quieres tu? ¿Quieres alejarte de mí? – cuestionó mirándolo con ternura y él desvió la mirada, pensativo, y luego de unos segundos volvió a mirarla con determinación y negó – entonces eso es lo único que importa. Estaré a tu lado hasta el día que me pidas que me aleje.
- Eso no pasará – rebatió y ella solo rio – pero, ¿No te molesta todo ese tema del destino?
- Creo en él, pero papá me enseñó que el destino forma parte de la existencia y se cumple tal y como debe ser, pero, no hay tal cosa como una predicción absoluta de lo que sucederá en el futuro, no puedes controlar ni manipular los sucesos, pero lo que si puedes controlar son tus acciones del presente, las decisiones que tomas sobre los caminos que eliges transitar. Papá me enseñó que el destino es tan impredecible como ineludible. Así que, si no lo puedes eludir, entonces tampoco lo puedes predecir. Nosotros forjaremos nuestro destino, tal y como debe ser, y el desenlace será el que tenga que ser. Intentar controlar los acontecimientos, solo sería otra inútil, innecesaria e ineficiente intervención.
Kyle asintió y se quedó en silencio, mientras ella le extendía un trozo de carne asada. Le dio un bocado y notó que tenía un sabor exquisito y, extrañamente, muy diferente a cualquier cosa que hubiera probado antes. Ninguna carne que hubiera comido en su corta vida, tuvo un sabor como ese y ella ni siquiera la había condimentado.
Notó que ella era bastante buena en lo que hacía. Destazaba la carne con destreza, como si lo hiciera todos los días y lo mismo pasó cuando cazó al siervo. Sus destrezas como cazadora eran de admirar, así que, mientras comían, él la observó con curiosidad y cuando terminó con el trozo de carne, sonrió decidido.
- Enséñame – dijo y ella lo miró algo confundida – se supone que debo familiarizarme con mis sentidos y mis instintos antes que despierten a mi Huargo, pero en el tiempo que llevo en la aldea, no siento que haya progresado mucho – ella lo miró complacida y luego volvió la mirada hacia la carne asada en sus manos.
- Estaba deliciosa ¿No es así? – dijo y él, confundido, asintió – bien, aquí está la primera lección. Toda la carne sabe mejor para nosotros, cuando la cazamos – admiró el trozo de carne asado y suspiró mientras asentía con la cabeza – somos Huargos y, en esencia somos muy similares a esos lobos que viste allá atrás. Cuando un animal es cazado por un depredador, incluso antes de darse cuenta, puede sentir que lo están acechando, entonces comienza a sentir miedo, y su organismo segrega hormonas que el olfato de los depredadores puede detectar. En nuestro caso, eso activa una enzima directamente en nuestro cerebro y hace que su carne tenga mejor sabor. Por eso, los Canni y, los Huargos en general, en lugar de conseguir carnes procesadas, conseguimos nuestra propia carne, cazando. Nos brinda mejores nutrientes y nos sacia mucho más, porque estás saciando tu instinto depredador.
- ¿Cómo es que sabes tanto? – preguntó y ella se encogió de hombros orgullosa - ¿Me enseñarías a cazar? – ella asintió sonriéndole feliz.
Los meses pasaron casi con premura, tanto que el invierno había llegado mucho más pronto de lo que pensaron. Las cosas no habían resultado como Gustav lo deseaba. Por mucho que quiso negarse a la idea de Amaia instruyendo a Kyle, no pudo evitarlo, no hubo manera. Esperaba que Oketon se opusiera rotundamente igual que él, pero no fue el caso. Si bien había estado de acuerdo con Gustav, que Kyle y Amaia no debían pasar tiempo juntos porque el rey Dorado ya tenía un destino con Arya Stefan, el anciano jefe de los Canni, era lo suficientemente sabio como para entender que, tener conocimiento sobre el destino de una persona, era una razón más para no interferir de ningún modo en sus decisiones.
- Estás cometiendo un grave error Oketon – dijo Gustav Stefan y el jefe Canni lo miró con mala cara.
- Si ese fuera el caso, ese sería mi problema. Tu error es creer que tienes derecho a reprochar mis decisiones, cuando el jefe de esta tribu soy yo.
- Tengo el derecho porque estamos hablando de mi nieto, el rey Dorado…
- ¡Exacto, es el rey Dorado! – reafirmó Oketon – si es tu no nieto o no, eso no importa, lo único que importa es que él es rey Dorado y necesita estar listo para recibir el poder que le corresponde por derecho y, aun si tu o yo, no queremos admitirlo, Amaia es la mejor cazadora de la aldea, mi hijo la enseñó bien y es mejor que muchos de nuestros guerreros adultos experimentados, así que no hay mejor maestro para Kyle, que ella.
- Esto solo puede terminar muy mal para Kyle y para tu nieta – rebatió Gustav – no deberíamos estar tentando al destino, las líneas del destino no deben ser alteradas, los resultados pueden ser terribles.
- El destino es tan ineludible como impredecible. Las líneas están hechas para ser escritas por nuestras decisiones y acciones, los resultados serán los que tengan que ser, el destino siempre reclama lo que es suyo y no hay nada que nosotros debamos hacer para evitarlo. No podemos controlar el resultado, aun si lo conocemos, eso solo es otra forma de interferir.
- Los resultados serán terribles, Oketon, ya te lo digo yo…
- Eso no lo sabemos y, aunque así fuera, Gustav, el destino no está escrito, salvo por lo que fue profetizado, todos tenemos el derecho y la libertad de elegir y escribir nuestro destino, pero lo que no podemos cambiar, es el resultado ya escrito, el resultado que fue profetizado. Nada de lo que ellos, o nosotros, hagamos, cambiará el resultado. Kyle se convertirá en el rey Dorado, con o sin nosotros, con o sin Amaia, con o sin Arya, porque más que su destino, es su propósito.
- Lo vas a lamentar, no digas que no te lo advertí – insistió Gustav de mala gana.
- En lugar de preocuparte por lo que lamentaré o no, deberías estar concentrado en hacer que el Huargo de Kyle despierte. El tiempo se nos acaba y no podemos seguir desperdiciándolo. Creo que mi nieta es más sensata que tú en este momento.
- Eres tu quien no está siendo sensato viejo amigo – replicó – esta conversación es inútil, no llegaremos a ningún lado, así que, te doy la razón, no puedo seguir perdiendo mi tiempo en esto. El tiempo se agota.
Tres años habían transcurrido y, en las afueras de la aldea, Amaia y Kyle estudiaban todos los principios de cacería y batalla que manejaban los Canni. Había tomado tiempo que aceptaran que ella fuera su maestra, pero eso no los detuvo de ponerse manos a la obra. Ellos no esperaron la decisión de sus abuelos, no estuvieron dispuestos a hacerlo, no tenían tiempo que perder, y ahora que finalmente lo habían conseguido, no era relevante, nunca fue relevante si ellos estaban o no de acuerdo, nunca fue relevante su decisión o aprobación.
Era muy temprano, de mañana, la estela de densa niebla se alzaba por toda la montaña y, el frio era inclemente. Kyle y Amaia llevaban ya varios meses como alumno y maestra y, poco a poco sus instintos y sentidos cobraban fuerza, acercándose más al despertar de su Huargo. Se evidenciaba en la forma en que podía soportar el inclemente frio que preludiaba al gélido invierno. Un humano cualquiera habría sufrido de hipotermia grave por estar expuesto durante tanto tiempo a temperaturas tan bajas sin el abrigo adecuado.
Los pantalones de piel y las botas de cuero curado, cubiertas de piel de oso, así como el chaleco, también de piel, que apenas si protegía el torso, no eran la vestimenta adecuada para enfrentarse a las bajas temperaturas previas al invierno próximo. El que pudiera soportarlo, era señal de la tolerancia desarrollada por la fisiología de un Huargo que, poco a poco se acentuaba en Kyle conforme se acercaba a despertar al lobo dormido en su interior, ya que los Huargos tienen la capacidad de regular su temperatura corporal para adaptarse a los climas extremos.
Amaia vestía un top debajo de un chaleco que llevaba abierto, ambas piezas hechas de piel de ciervo, pantalones y botas iguales a las de Kyle y, cuando salían a cazar siempre llevaba una cinta de cuero alrededor de su cabeza, con una pluma ornamental encajada al borde de la pretina, que usaba para sujetar su cabello, cambiando de la cola alta que siempre usaba, a un moño, mucho más cómodo para cazar y pelear.
Kyle, ahora con doce años, era casi tan alto como los Huargos adultos de la aldea y, se había convertido en un excelente cazador, así como también en un gran peleador, aunque su fuerza física aun no se comparaba, porque su Huargo aun no despertaba. Pese a eso, Amaia seguía entrenando con él, no porque quisiera despertar a su lobo, simplemente quería pasar tiempo con Kyle, y ayudarlo a despertar a la bestia dormida dentro de él, era solo la excusa perfecta.
Gustav había enfermado, su sistema inmunológico comenzó a fallar, sus huesos se estaban haciendo pedazos, sus sentidos poco a poco se iban perdiendo, el desgaste de su cuerpo comenzó a cobrar factura y solo era cuestión de tiempo para que se convirtiera en un lastre – según su la perspectiva propia del anciano – y no pudiera hacer más que dejar su vida en manos de los más jóvenes. Su vista estaba comenzando a fallar y solo era cuestión de tiempo para que su olfato y su oído también lo hicieran. Ya no le quedaban fuerzas para ser el guerrero que alguna vez fue.
Kyle y Amaia esa mañana estaban acompañados por un grupo de cazadores Canni y, aunque todos bromeaban y mantenían una conversación durante la cacería de rutina, Kyle no dejaba de mirar a Amaia, que siempre iba al frente con su arco y flecha listos. Sonreía orgulloso y fascinado con la concentración de la joven con la que había pasado tanto tiempo durante los últimos tres años, y no prestaba mucha atención a lo que hablaban los demás. Era como si solo existieran ellos dos.
Al cabo de un poco, Amaia aligeró el pasó y caminó junto a él. Le dedicó una sonrisa de complicidad que Kyle le devolvió y luego ambos volvieron la mirada al frente.
- ¿Cómo está tu abuelo? – investigó Amaia, con voz suave, como si intentaran que los demás no los oyeran, pero no importaba, ellos ni siquiera les estaban prestando atención. El resto del grupo de cazadores estaba concentrado en sus propios asuntos.
- Está empeorando – respondió Kyle, mirando al suelo con un dejo de tristeza. La convivencia con él durante los últimos tres años, los había unido lo suficiente como para que se preocupara por su abuelo – si tan solo pudiera despertar a mi lobo… él me entregaría ese poder que lo está consumiendo y dejaría de sufrir. No quiero que mi abuelo muera de esa forma tan lamentable.
- Oye – llamó ella con dulzura y se detuvo. Kyle levantó la mirada para verla y la imitó – no es tu culpa ¿Vale? El despertar de tu lobo no es algo que puedas presionar o forzar… es cierto que puedes acelerar el proceso, puedes hacer cosas que de una u otra forma influirán en que suceda, pero no puedes simplemente apresurarlo – dijo tomándole el rostro con las manos en un acto de consuelo y él la miró a los ojos, con las lágrimas acumulándose en sus parpados.
- Lo sé, solo… me entristece verlo consumido por un poder que ni siquiera debería tener ya – dijo él y ella solo lo abrazó.
- ¡Oigan, ustedes dos! En lugar de estar haciendo el tonto y andar coqueteando como perros en celo, deberían ayudarnos a encontrar algo de comida ¿No creen? – Amaia miró con asco al que chico que hablaba, que llevaba una sonrisa burlesca mientras los demás reían por el comentario, y puso los ojos en blanco con fastidio.
- ¿Por qué no te metes en tus propios asuntos? ¡Idiota! – rebatió Kyle con un aire en el pecho de rabia.
- ¿Vas a dejar que te defienda el único que no puede convertirse Amaia?
- Cierra tu apestoso hocico Akyawa – demandó ella con una mirada amenazante.
- Debería darte vergüenza – dijo otro de los chicos de aquel grupo de cazadores – decir que eres la mejor de la aldea y dejar que te defienda tu rey defectuoso.
- ¿Quieres ver quién de nosotros es el defectuoso aquí, Kuwo? – replicó Kyle y cuando Amaia quiso detenerlo, él se quitó el chaleco, solo para que Akyawa y Kuwo, quienes eran hermanos gemelos, dieran un paso al frente e hicieran lo mismo.
Akyawa avanzó, pero Kuwo por otro lado, no tuvo el valor al darse cuenta que Amaia estaba más que preparada para participar. Ella era mejor que él en todo y lo sabía de sobra.
Ella no se molestó en detener a Kyle, porque pese a no haber despertado a su Huargo, él era lo bastante hábil en combate como para hacerle frente al cazador que lo estaba retando. Ambos dibujaron sonrisas de emoción en sus rostros y rápidamente se abalanzaron el uno contra el otro. Akyawa lanzó un puñetazo recto que Kyle fue capaz de ver y esquivarlo a tiempo, sus reflejos eran buenos. Otro golpe venía desde su derecha, sorpresiva y súbitamente; Kyle sintió como algo pesado y tan solido como el mismo hierro, se hundía en sus costillas, del lado izquierdo de su cuerpo.
Apenas si pudo bloquear el tercer golpe, que venía como un gancho izquierdo, directamente a su mejilla, mientras hacía lo posible para no doblarse ante el dolor del golpe anterior. Todo sucedió en fracción de segundos, su brazo vibró con fuerza por el impacto del puño de Akyawa y, mientras tanto, al aire escapaba de sus pulmones a través de sus labios, al tiempo que escupía saliva de su boca a borbotones con una tos estridente.
El golpe había sido tan contundente que, probablemente ya le había roto al menos una costilla. Entonces el chico lanzó el siguiente golpe, un gancho desde abajo, directo al mentón de Kyle, seguido por una patada que impactó en su costado derecho, haciéndole gritar al sentir un impacto tan contundente que sintió que los huesos se le harían polvo. Cayó al suelo y rodo hasta chocar con un árbol, mientras Akyawa lo seguía para atacarlo sin tregua. En eso él se levantó rápidamente y pivoteo, haciendo una rotación rápida para esquivar el siguiente ataque.
El chico lanzó una patada, interceptando la rotación de Kyle, pero él fue capaz de atraparle la pierna entre su brazo derecho y las costillas, amortiguando el impacto y, acto seguido lanzó un izquierdazo que Akyawa consiguió esquivar. Era un buen peleador y no se lo iba a dejar tan fácil. Se impulsó con la pierna libre, quedando suspendido en el aire y con la misma le lanzó otra patada directo a la sien.
Kyle lo soltó y rápidamente se aprovechó de la fuerza de esa patada para usarla en su contra. Con ambos brazos disponibles, atrapó la pierna de Akyawa que iba contra su sien, y con el impulso de esa patada, giró sobre su eje y enterró de bruces en el suelo al muchacho y, sin darle tregua alguna como él había hecho momentos atrás, le dio la vuelta en el suelo y se subió sobre él, comenzando a golpearlo en la cara una y otra vez.
Si bien el muchacho era más fuerte que Kyle, la pelea la había ganado este último porque era mucho más hábil y tenía más estrategia. Fue entonces que el resto de chicos intervino, queriendo atacar entre todos a Kyle, pero Amaia, que ya estaba enfurecida, se lanzó contra ellos con un desenfrenado arrebato de patadas y puñetazos que no vieron venir. El problema era que el tiempo se les había ido sin darse cuenta y ahora estaban más allá del territorio de los Canni, tan solo un metro más allá de sus fronteras con los vampiros y el sol ya se ocultaba tras las montañas como nada más que un bello pero débil ocaso.
Los vampiros los habían rodeado sin darse cuenta y solo unos minutos después que el sol se pusiera, pudieron notar la presencia de sus enemigos jurados.
- ¡Miren que tenemos aquí! – exclamó uno de los vampiros. Se notaba lo fuerte que era a simple vista - ¿Qué les parece chicos? Tenemos unos cachorritos intrusos, creo que esto viola nuestro tratado de paz.
- Nos iremos, no queremos problemas – advirtió Amaia rápidamente pero el vampiro la sujetó del cuello y la levantó, mientras ella forcejeaba en su agarre.
- Nadie te dio permiso para hablar pequeña loba – repuso el vampiro con una voz sádica.
- ¡Suéltala ahora! – exigió Kyle y él lo miró para luego soltar una carcajada que todos sus compañeros imitaron.
- Los mataremos a todos, nos divertiremos contigo y luego te arrancaré la cabeza – dijo el vampiro mirando a Amaia con lujuria
Los chicos del grupo de cazadores que los acompañaban se lanzaron a atacar a los vampiros, pero siendo solo unos chicos, no tenían la experiencia suficiente para enfrentarse a ocho vampiros experimentados. Todos fueron asesinados rápidamente y aunque Kyle quiso liberar a Amaia, no tenía la fuerza suficiente. Fue sometido por uno de los vampiros mientras Amaia, que, si era lo suficientemente fuerte para enfrentarse a cuatro de ellos por si sola, se había liberado, solo por un momento, ya que inmediatamente la sometieron entre cuatro.
Ella forcejó mientras otro vampiro rompía sus ropas, al tiempo que otros dos vampiros le daban una golpiza a Kyle hasta casi dejarlo inconsciente. Su vista se nublo y sintió un zumbido ensordecedor en los oídos, oyendo apenas a lo lejos los gritos desesperados de Amaia y, al cabo de un momento, alcanzó a ver con dificultad como uno de ellos se quitaba los pantalones y sacaba sus colmillos mientras Amaia era sujetada de brazos y piernas.
Su mirada se llenó de terror al ver lo que estaban a punto de hacerle y escuchó las palabras que salieron de la boca de su alma gemela con el rostro lleno de lágrimas – lo siento – le dijo y aquello desató la ira de Kyle, sacando fuerzas de donde no tenía y transformándose en un enorme Huargo con pelaje dorado. Arrebatado en una explosión de furia y salvajismo extremo, descuartizó a los dos vampiros que lo golpeaban y el resto se detuvo al escucharlo pasar de gritos a gruñidos estridentes.
Rápidamente dejaron a Amaia y fueron por él, intentando pararlo, pero uno a uno, fueron descuartizados, hasta que el último de ellos, a punto de morir bajo sus fauces, fue rescatado por una criatura humanoide que lo pateo por un costado y lo mandó a volar lejos del vampiro.
- ¡Bien hecho Rowan! – dijo la criatura – parece que encontraste al rey Dorado y, parece que aun no tiene sus poderes, eso es bastante conveniente. De lo contrario, aun si fuera una de las trinidades, no tendría oportunidades contra él y, después de todo, solo soy el cuarto.
- Amo Aphell – dijo el vampiro, revelando el nombre del cuarto Guiverno mientras hacia una reverencia.
- Ven, ayúdame a matarlo antes que recupere sus fuerzas – dijo Aphell y Amaia sollozaba el nombre de Kyle mientras intentaba ponerse en pie – quédate tumbada en el suelo niña. Vivirás para contarles a todos quién soy – dijo y se lanzó a atacar a Kyle. En ese momento apareció Gustav liberando el poder del rey Dorado.
Una luz tan poderosa como la del sol mismo arrasó el valle, convirtiendo en polvo a Rowan y otro grupo de vampiros que se acercaban como refuerzos, pero apareció otro vampiro que no se vio afectado por aquella poderosa luz y atravesó el costado de Gustav con su mano. El anciano cayó de rodillas al suelo y Damian miró al Guiverno que se había quedado pasmado por el poder que había liberado el viejo Gustav Stefan.
- No te quedes ahí parado mirando y ve a hacer lo que intentabas hacer hace un momento. Para eso estamos aquí – ordenó Damian y el Guiverno se sacudió los pensamientos y se preparó para atacar nuevamente a Kyle mientras que todos los vampiros de los aquelarres cercanos se acercaban dispuestos a ir a la guerra contra los Canni esa misma noche.
Pero, antes que Damian pudiera notarlo, Gustav dio un estridente grito de ira que retumbó en sus oídos y en los oídos de todos los vampiros y finalmente liberó una explosión de luz solar que arrasó con todos los vampiros y cuya onda expansiva alcanzó a Damian y Aphell y los mandó a volar, dejándolos muy aturdidos. Justo en ese momento, Kyle, que había vuelto a su forma humana, cayó sobre los brazos de Amaia, que había corrido hacia él apenas tuvo la oportunidad, que fue creada por el poder que había liberado el anciano Stefan.
Los guerreros de la tribu, acompañados por su líder, habían llegado y para cuando Kyle comenzaba a recuperar la conciencia, su abuelo estaba de rodillas frente a él.
- ¡Abuelo! – exclamó alterado y el anciano negó.
- No tenemos mucho tiempo – dijo escupiendo sangre a borbotones.
- No… abuelo no hables, estas…
- Si, ya sé... esto no pinta bien para mí - dijo el moribundo anciano y le puso una mano en la mejilla – Kyle... – murmuró con una sonrisa – me alegra que estés bien, temía no llegar a tiempo. Lo lograste.