El reloj en la pared continuaba su tic-tac monótono, marcando el paso de las horas mientras yo me sumergía en la maraña de información y estrategias. Cada informe, cada dato, cada chisme del submundo criminal se desplegaba ante mí, y con la mente fría y calculadora que me caracterizaba, los iba ordenando y planeando mis movimientos.
El comedor había sido transformado en una especie de centro de operaciones. Mapas, documentos y pantallas se extendían por todas partes, mientras yo, en el centro de todo, movía las piezas de este juego mortal.
Sergei entró en algún momento, actualizándome sobre la seguridad cibernética y mostrándome los últimos hallazgos. Viktor, con su mente brillante, me informaba sobre movimientos financieros y las fluctuaciones en las bolsas internacionales que podrían afectarnos. Cada detalle, por más pequeño que fuera, podía ser la clave para mantenerme un paso por delante de mis enemigos.
La tarde cayó rápidamente, y la luz del día fue reemplazada por la de las lámparas y las pantallas. Sin darme cuenta, habían pasado horas desde que Nicolai me informó sobre la posible amenaza. Sin embargo, para mí, el tiempo era relativo cuando estaba inmerso en mi trabajo.
Me levanté, estirando mi cuerpo que protestaba por las horas de inactividad. A lo lejos, pude ver la ciudad iluminada, sus luces parpadeando como un recordatorio constante de todo lo que había conseguido y todo lo que estaba en juego.
A medida que la noche se adentraba, supe que tenía que prepararme para la fiesta de Harrison. Aunque inicialmente no quería asistir, ahora, con la nueva información, era imperativo que estuviera allí. No solo para mostrar mi poder y control, sino para observar, escuchar y anticipar cualquier movimiento en mi contra.
Cerré los informes y apagué las pantallas, sumiendo la habitación en una semi-oscuridad. En medio de todo el caos y las traiciones, me sentía más vivo que nunca.
Mis pensamientos seguían centrados en los desafíos del día cuando Sergei irrumpió en la habitación. Su apariencia era sorprendentemente distinta de lo habitual. Vistiendo un traje impecable, zapatos brillantes y una corbata sutil, parecía listo para un evento de gala en vez de sus usuales tareas técnicas.
—Dimitri—exclamó con un tono burlón, —¿Todavía no estás listo? No podemos hacer esperar al gobernador Harrison, ¿verdad?.
Le lancé una mirada fría, aunque sabía que su comentario estaba hecho con ligereza y no con desdén. Sergei siempre había tenido una forma peculiar de aliviar la tensión, incluso en los momentos más críticos. —No todos tenemos el lujo de pasar horas frente al espejo, Sergei," respondí secamente.
Sergei sonrió con picardía. _Bueno, cuando uno tiene estos looks, es difícil no aprovecharlos— replicó, guiñando un ojo. Pero antes de que yo pudiera responder, su expresión se tornó seria. —Esta noche es crucial. No solo por Harrison, sino por todas las piezas en movimiento. No podemos dejar ningún detalle al azar.
Asentí, reconociendo la verdad en sus palabras. —Estoy de acuerdo. Una vez listo, necesitaré un resumen de los invitados, los puntos de entrada y salida, y cualquier otra información que pueda ser relevante.
Sergei asintió con satisfacción mientras revisaba mentalmente todos los detalles cuidadosamente planificados. Nicolai y él habían coordinado la seguridad, y Viktor estaba listo para supervisar cualquier transacción financiera que surgiera. Todo estaba cubierto desde todos los ángulos.
Mientras Sergei y los demás se ocupaban de los preparativos, yo me levanté de mi asiento en el majestuoso salón, dirigiéndome al vestidor para vestirme adecuadamente antes de nuestra próxima actividad.
—Muy bien. Dame unos minutos para vestirme y estaremos en camino —dije con voz firme y decidida, mostrando mi determinación para llevar a cabo nuestros planes de manera eficiente y sin contratiempos.
Sin embargo, antes de salir del salón, Sergei mencionó un detalle adicional que me hizo detenerme por un momento.
—Otra cosa, lo del orfanato está listo. Cuando gustes, puedes ir a imperfeccionar —añadió Sergei con naturalidad.
Mis pensamientos se agitaron ante esa información. Aunque ante la madre superiora y el convento, habíamos presentado la inversión como una oportunidad para mejorar las instalaciones y la calidad de vida de los niños, en realidad, tenía otros planes para el orfanato.
El orfanato y el convento serían una pantalla perfecta para mis actividades ilegales. Utilizaría el orfanato como parte de mi red de lavado de dinero, una estrategia que me permitiría ocultar mis verdaderas intenciones y mantener mi fachada de hombre de negocios respetable y benefactor de la comunidad.
Con esos pensamientos en mente, continué mi camino hacia el vestidor, sabiendo que pronto tendría que poner en marcha mi plan maestro, utilizando el convento y el orfanato como herramientas para mis actividades ilegales sin levantar sospechas.
Mientras me preparaba, la magnitud de la noche me golpeó. Esta fiesta no era solo un evento social; era un campo de batalla disfrazado de gala. Cada conversación, cada interacción, sería una jugada.
Mientras la limusina serpentaba por las calles iluminadas, Sergei repentinamente se inclinó hacia mí, extendiéndome un antifaz de diseño intrincado. Lo observé, levantando una ceja en señal de interrogación.
—¿Qué es esto?— pregunté, sosteniendo el antifaz entre mis dedos, sintiendo el material suave y las delicadas incrustaciones.
Sergei parecía un tanto incómodo, algo raro en él. —Lo siento, Dimitri. Olvidé mencionarlo. La fiesta de esta noche es una gala de máscaras.
Mi mirada se volvió más fría, mientras procesaba la información. —¿Una gala de máscaras?—repetí lentamente. —Sergei, ¿cómo pudiste olvidar un detalle tan importante?
Sergei se encogió ligeramente. —Ha sido un día ajetreado, y con todos los preparativos y amenazas... simplemente se me pasó. Pero pensé en ello y conseguí esto para ti.— Señaló el antifaz, que evidentemente era de alta calidad.
A pesar de mi molestia inicial, no pude evitar sonreír ligeramente. De alguna manera, el giro inesperado parecía apropiado. En mi vida, nada era lo que parecía a simple vista. Y una gala de máscaras... era un escenario perfecto para el juego que estaba a punto de desplegarse.
—Supongo que es una ironía— reflexioné en voz alta mientras me ajustaba el antifaz.
El ruido de los neumáticos sobre el asfalto era casi hipnótico. La limusina que nos llevaba a la fiesta avanzaba con autoridad por las calles, cada vehículo apartándose a su paso. En el interior, el ambiente era tenso. Sergei revisaba una vez más los detalles, Nicolai miraba por la ventana con expresión alerta, y Viktor, inmutable como siempre, parecía sumergido en sus propios pensamientos.
Cuando llegamos, la mansión de Harrison se alzaba imponente, iluminada de forma ostentosa, con música y risas filtrándose hacia el exterior. El brillo de las luces y el murmullo de la gente podían engañar a cualquiera, pero no a mí. Bajo esa fachada de alegría y opulencia, se escondían secretos, traiciones y juegos de poder.
Al bajar del coche, los flashes de las cámaras se encendieron, y los periodistas comenzaron a lanzar preguntas. Pero no les presté atención. Mi enfoque estaba en la entrada, donde el gobernador Harrison esperaba, nerviosamente ajustando su corbata y pasando la mano por su cabello. A pesar de su intento por mostrarse confiado, era evidente que mi presencia lo había desconcertado.
Harrison se acercó rápidamente, forzando una sonrisa. —Dimitri, no esperaba verte aquí.
Mantuve mi expresión neutral, dejando que mis ojos grises se encontraran con los suyos. —Gobernador, no debería sorprenderse. Después de todo, esta ciudad me pertenece.
Harrison tragó con dificultad, claramente inquieto. —Necesitamos hablar en privado—dijo con urgencia.
Sin decir una palabra, asentí, y Harrison me guió hacia una puerta lateral que llevaba a un estudio privado. Una vez dentro, cerró la puerta, asegurándose de que no fuéramos interrumpidos.
Sin decir una palabra, asentí, y Harrison me guió hacia una puerta lateral que llevaba a un estudio privado. Una vez dentro, cerró la puerta, asegurándose de que no fuéramos interrumpidos.
Mi mente estaba trabajando rápidamente mientras observaba al gobernador con atención. Había escuchado rumores sobre sus tratos con otro limpiador, alguien que no pertenecía a mi círculo de confianza. Eso no me gustaba para nada. En mi mundo, la lealtad era primordial y la traición no se toleraba.
Harrison comenzó a explicar su situación, pero antes de que pudiera terminar, lo interrumpí con frialdad. —No necesito explicaciones, gobernador. Sé lo que estás haciendo, y no me agrada en lo absoluto. Eres consciente de las consecuencias de traicionarme.
Harrison tragó saliva, visiblemente nervioso. —Dimitri, por favor, déjame explicarte...
—No hay necesidad, Harrison. Solo asegúrate de que esto se resuelva rápidamente y a mi favor. No toleraré deslealtad en mi territorio —sentencié con firmeza, dejando claro que no habría segundas oportunidades para aquellos que se atrevieran a cruzarme de la forma en que él lo estaba haciendo.
Harrison asintió con rapidez, comprendiendo la gravedad de la situación. Nuestro encuentro había dejado claro que las cosas debían estar bajo mi control, y que cualquier intento de traición sería respondido con severidad.
Mantuve mi mirada fría y decidida sobre el gobernador, dejando claro que no toleraría la traición. Con voz firme y cortante, continué mi advertencia:
—Harrison, la única opción que te queda es que aprendas una lección de esto. No puedo permitir que esto pase por alto, de lo contrario, se pondría en duda mi prestigio y autoridad. Debes entender las consecuencias de traicionar mi confianza.
Dirigiéndome a Nikolai, quien estaba cerca, le indiqué con un gesto que me pasara una navaja. Nikolai, me entregó la navaja sin dudarlo.
—Aquí tienes, jefe —dijo Nikolai, manteniendo su expresión seria y profesional.
Tomé la navaja con firmeza, sosteniéndola en mi mano mientras observaba al gobernador.
—!Sujetalo¡— le pedí a Nikolai, él sin dudarlo sostuvo al gobernador.
Nikolai sostuvo con firmeza al gobernador, quien comenzó a suplicar y a retorcerse en un intento desesperado por liberarse. Odio cuando la gente no qui acertar su destino.
—has que se calle—, Nikolai le tapara la boca al gobernador para silenciar sus súplicas.
Con un movimiento rápido, rompi la camisa del gobernador, dejando al descubierto su pecho tembloroso. Con la navaja en mano, trazó con precisión y fuerza la palabra "traición" en la piel del gobernador, quien gritó de dolor y horror al sentir el filo cortante de la navaja grabando la palabra en su piel.
Me quedé parado frente al gobernador, observando con satisfacción la palabra "traición" grabada en su piel. Su rostro reflejaba el dolor y el miedo que ahora sentía, y sabía que nunca olvidaría esta lección.
Me aparté de él, dejando que la sangre continuara fluyendo, mi demonio está un poco satisfecho, pero no por completo. Me gritaba que le arrancará la cabeza, pero debía ser paciente y actuar con cautela.
Pero no había lugar para la compasión en mi mundo. Aquellos que se atrevían a traicionar a mi organización debían pagar las consecuencias, y el gobernador había aprendido esa lección.
Me volví hacia Nikolai, quien mantenía al gobernador inmovilizado, y asentí con aprobación. Habíamos enviado un mensaje claro a todos aquellos que pensaran en traicionarnos: la traición no sería tolerada, y las consecuencias serían severas.
Con paso firme, salí de la habitación, dejando atrás al gobernador herido y temblando. Sabía que su marca de "traición" sería una advertencia para todos los demás, y que nadie se atrevería a desafiarnos de nuevo. Mi poder y mi influencia se habían reafirmado una vez más, y nadie se atrevería a cuestionarlos.
— Que te quede bien claro, esto fue solo una advertencia. Agradece que hay testigos aquí, porque si no, ya estarías en el suelo con la sangre brotando de tu maldito cuello. No vuelvas a traicionarme, Harrison, o te aseguro que tu familia lamentará el día en que naciste. Y si tan siquiera piensas en hacerlo, sabré y no dudaré en acabar contigo sin piedad. ¡Recuerda mi nombre y teme por tu vida, miserable gusano!
Salí de la habitación con paso decidido, dejando atrás al gobernador con la advertencia clavada en su mente. Mientras caminaba por los pasillos de la mansión, me tomé un momento para arreglar las mangas de mi camisa con gestos precisos y elegantes. Sin embargo, al bajar la mirada, noté una mancha de sangre en uno de los puños de mi camisa.
El contraste entre la sangre y la pulcritud de mi atuendo no pasó desapercibido para mí. Me enfadé, frustrado por haber arruinado una camisa que valía cinco mil dólares. En ese momento, Sergei apareció a mi lado y notó la expresión de enojo en mi rostro.
—¿Todo está bien? —preguntó Sergei con cautela.
Exhalé con pesadez antes de responder. —No, acabo de arruinar una camisa de cinco mil dólares —dije con voz rígida, mostrando mi disgusto por la situación.
Sergei asintió y con irónico respondió —Lo siento, . ¿Puedo hacer algo para solucionarlo?
Negué con la cabeza. —No, ya está hecho. Solo asegúrate de que el gobernador no cometa más estupideces. No toleraré ninguna traición, y esta vez he sido bastante generoso con él.
Sergei asintió nuevamente. —Entendido. Haré que se cumpla tú voluntad.
Con eso, Sergei y yo continuamos nuestro camino, dejando atrás la situación con el gobernador y enfocándonos en los próximos pasos para mantener nuestro dominio y control en el mundo de los negocios y la política.