Se ve diferente, no conocía a Alex de esta forma, tan frágil, tan herido. —Estoy haciendo las cosas mal, Mia, yo no tendría que hacerme cargo de esto, pero insiste en que soy el único que puede hacer algo. —¿Seguimos hablando de tu madre? —Lo siento. —Yo no tengo que perdonarte nada. —Tampoco deberías estar escuchando aquí mis problemas. —Somos amigos, es lo que hacemos entre nosotros, recibir ayuda de otra persona no te vuelve débil, tenlo en cuenta —me sonrió de lado —Ahora levántate y vámonos. —estiré mi mano para que la tomara una vez que me incorporé. —¿A dónde? —No sé si te percataste que está lloviendo —esta vez su expresión era más alegre —A tu casa genio tienes que cambiarte, te llevo. —Descuida no tienes que hacerlo. —Oh, claro que sí, no dejaré que vayas a pie con est

