CAPITULO 32.

2543 Palabras

Fernando suspiro cansado, Clara tenía la costumbre de llevarlo al límite de su paciencia. Cuando termino el último sorbo de whisky, arrancó el Maserati y se perdió entre los cipreses. Condujo durante casi media hora hasta una casa más apartada, casi oculta entre viñedos y laderas: la residencia donde Carmen Galli vivía cuando no viajaba por negocios. Los guardias lo reconocieron en la entrada y no hicieron preguntas; en ese mundo las puertas se abrían más rápido para quien llevaba el apellido y la autoridad. Entró en la sala grande como si fuera dueño del lugar y la encontró de espaldas, de pie junto a la chimenea. La bata de seda blanca le caía con despreocupación; una copa en la mano, la otra acariciaba distraída el borde del mueble. Carmen tenía el pelo n***o larguísimo, la piel tersa

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR