《El laberinto no busca únicamente que te pierdas en él. Necesita hacerte creer que él es tú única realidad》
Damián G. Furfuro
NARRA HOLLY CAMPBELL
Vamos en el auto, está lloviendo demasiado, por un momento siento que el cielo se compadece por mi y que suelta las mismas lágrimas que estoy derramando. Tengo muchísimo frío más no digo nada, estoy tan sofocada en el miedo que no puedo ni pensar.
Bob sigue manejando firme, sin detenerse, decidido a lo que acordó con el asesino.
—¡Lo siento!—susurró con un destello de dolor.
—Más lo siento yo—apenas puedo pronunciar.
—Me citó aparte... dijo que mataría a mi mujer a mi hija si no te entrego a él. ¡No quiero perderlas!
Respiro por la boca. Seré un intercambio, por lo menos salvaría la vida de una niña y una mujer inocente.
Nos estacionamos a algo que es como un camino de árboles muy bien podados. No puedo bajarme porque el rubio me tiene esposada junto a él. Cuando el pone un pies fuera del coche, salgo por el mismo portal que él. De una vez, las gotas caen por mi rostro confundiendose con las lágrimas. Disfruto ese pequeño placer de mojarse bajo la lluvia porque tal vez ya no lo volvería a hacer.
Bob acorta la distancia entre nosotros y me pongo nerviosa de inmediato. Sus ojos azulejos están muy claros, parecía un mar la cual cualquier chica podría perderse fácilmente.
—No es nada personal el traerte aquí—tragó saliva, lo percibi, estamos tan cerca que noto su respiración agitada—, amo a mi familia, y quiero tenerlos a salvo. No sé cómo será esto, no sé que nos espera allá adentro, pero no quiero tenerte esposada a mí, ni dejarte como una presa sin poder defenderte—su voz no es gruñona como antes, más bien es suave, algo asustada.
Asiento.
Bob saca las llaves de su bolsillo y quita las esposas. Igualmente, del mismo lugar toma una pequeña navaja, y me la ofrece.
—Entraremos allí, y cuando tenga a mi familia a mi poder, harás lo que quieras con esa navaja, mientras mi esposa e hija corran peligro, te quedarás quieta, por favor, prometelo, es la vida de las mujeres que más amo—me miró directamente a los ojos preocupado.
Asiento.
—Necesito escucharlo, por favor—balbuceó por el frío.
—Te lo prometo. Gracias por.. darme... la... oportunidad... de... defenderme—estoy temblando del frío y del miedo. Una última mirada nos damos para comenzar todo. Nos introdujimos a las penumbra de un camino frondoso de árboles y a medida que vamos profundizando me doy cuenta que es el inicio de un laberinto. Todo está en completa calma, y cuando hay mucha calma en un lugar es porque lo que se avecina no es muy bueno.
Mi padre siempre me decia: Cuando veas paz, preocupate, porque significa que el enemigo te atacará donde menos te lo esperas. Escondo el cuchillo en mi cintura sujetándolo con el pantalón, confío en las habilidades que mi progenitor me enseñó como cazador, además, de fiarme en mis instintos de supervivencia. Miro con el rabillo del ojo a Bob, esta alerta, sin embargo, la lluvia nos confunde, no podemos identificar los sonidos externos fuera de nosotros. Parecía estar al inicio de una larga travesía. Frente a mi se encontraba muchos caminos que alguno no tendrían salida. Seguimos en marcha escogiendo el del norte hasta que finalmente lo vemos.
Llevaba una chamarra negra, una máscara de payaso muy perturbadora. Con cabello naranja, y el labial muy rojo. Guantes negros, zapatos del mismo color, por decirlo asi: representaba la mismísima oscuridad.
Se me acelera el corazón al ver al sujeto sin hacer ningún movimiento, tan inmóvil como una estatua. Mi vista se nubla por un instante a causa de la lluvia, asimismo, Bob me suelta el brazo.
—¿Donde están? aquí la tienes—me señaló sin moverse de mi lado. Observo todo el perímetro, hay una salida por delante, atrás, y al lado de voz es profundizar en el escabroso laberinto.
El payaso no dice nada.
—¡¿Donde está mi esposa y mi hija?!—gritó ya perdiendo la paciencia. Mi vista se centra en el asesino, fijándome que el desconocido es de baja estatura. De su espalda saca un cuchillo grande y afilado que hasta la hoja resplandece.
¡Algo no está bien!
Estoy alerta a cualquier movimiento o ataque, sin embargo, arremeten a nuestras espaldas contra Bob que cae al suelo de una vez.
Oh por dios...
Son dos...
Son dos asesinos.
El que atacó a Bob busca la manera de doblegarme, más yo me defiendo como una leona. El del cuchillo corre el pos de mi cortando un poco mi brazo.
Chillo de dolor.
Bob se levanta y aparta al más alto que me trataba de doblegar y inicia una lucha con él. Él del cuchillo trata de apuñalarme, logrando hacerme un corte en mi muslo derecho. Se balancea encima de mi como el depredador que és, y está presa trata de defenderse hasta con las uñas.
Un leve recuerdo me invadió en ese preciso momento.
Una pelea con mi padre...
Era la misma situación, solo con un desconocido que buscaba matarme sea como sea. Finalmente logro apartar el cuchillo no sin antes sentir el filo de la hoja en mi abdomen... Entonces, me levanto adolorida lista para huir. Me cubro la herida con la mano, viendo de reojos como gotas de sangre va marcando el suelo, que rápidamente son borradas por la lluvia. Dejo a Bob atrás, y corro por mi y mi salvación.
El laberinto es todo verde, hay caminos por todos lados, sin salidas, con salidas y una que te llevan a otras. Me vuelvo loca al ver lo mismo, y estoy desperada además de alarmada por la herida que me duele como el infierno.
Dios ayúdame... sacame por favor, ayúdame.
Sollozando sigo caminando en busca de una salida, pero estoy tan perdida que siento que ya he caminado por horas. Me desplomo en el suelo a llorar.
—¡Holly!—escucho la voz de Bob y me levanta el animo para continuar. Trato de buscar de dónde proviene sus gritos, no obstante, mientras más prisa me doy, más callejones sin salidas tengo. Por lo menos me alegra que esté vivo. Cruzo, camino, vuelvo a cruzar hasta ver unos brazitos mojarse. Tiemblo, porque presiento lo que puede ser. Me acerco lentamente hasta ver a la niña tirada en el suelo sucio, mojada, ensangrentada, y sin vida. Corro para acunarla, y lloro desconsoladamente.
A un extremo esta su madre, agonizante, quiere decir algo, más no puede casi hablar. Dejo a la chica en el suelo y voy en pos de su madre.
—¡Todo está bien!—le digo, aunque era mentira, esta mujer tenía el cuello cortado de oreja a oreja, ha perdido sangre y solo un milagro de Dios haría que viviera.
—Aaaaa... aaaaa—balbuceó, sigo llorando hasta mirar a mi alrededor y ver una sombra negra que camina frente a mi. Fui directo a la trampa del asesino.
Recuerdo el cuchillo en mi pantalón, lo saco, escondiendolo con mi mano por detrás de mi espalda.
Me levanto sollozando, esté tiene el mismo cuchillo la cual me apuñaló hace un momento. Escucho disparos, pienso en Bob entonces ocurre lo peor, este se abalanza encima de mí como una bestia salvaje.
En una pelea entre bestias, siempre vence el depredador, el más fuerte termina comiéndose al más débil. Y en todos estos años siendo torturada por cuatro psicópatas he aprendido que soy una puta depredadora. Le entierro la navaja al sujeto en el estómago, le devuelvo el favor. Gruñé más no logro identificar su voz, hay mucho ruido. Disparo, la lluvia.
Me siento débil, no puedo respirar, así que me desplomo en el suelo. Ya he perdido mucha sangre.
—¡Samy!—escucho la voz de Bob correr a donde nos encontrábamos. El psicopata se levanta como puede y corre hasta desaparecer.
Acontinuacion, Bob sostiene en brazos a su hija, y llora con tanta fuerza que se me encoje el corazón. Yo estoy al lado de su mujer, que ya está muerta, mojada, tumbada en el suelo como si no tuviera ningún valor. Me duele el alma, el cuerpo y todo. Ya he visto suficiente c*******s en mi vida. Veo a Richard llegar, y me alegra que antes de cerrar mis ojos puedo volver a ver una vez más al hombre que amé, que amo y seguiré amando hasta mi último aliento.
Mi ojitos azules, mi cielo, el único que ilumina mi alma en medio de tanta oscuridad. El que me ha hecho sonreír en medio de tanta calamidad. Por lo menos, te volví a ver.
Mis ojos están cansados.
Lo veo venir en pos de mi.
Pero ya estoy cansada... así que cierro los ojos y todo es oscuridad.
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Feliz fin de semana a todos mis lectores que le gusta esta novela negra. Los quiero... leo todos sus comentarios bebiendo café. Nos vemos el lunes.
Si eres nuevo, bienvenido a la casa de esta loca. Y espero puedas disfrutar de esta novela.