《Hay que sentir el pensamiento, y pensar el sentimiento》
Miguel de Unamuno
NARRA HOLLY
La impresión al ver a Will frente a mi puerta era una señal de que nada iba bien. Lo podía discernir en mi corazón, en la angustia al ver que mi foto estaba en televisión. Quizás, nunca debí darle mi dirección a Will, más este era un refugio por si Cárdenas lo encontraba.
Levanté mis manos como prisionera cuando los policías salieron a mi encuentro, sin embargo, sentí mi pobre corazón salirse de mi pecho cuando lo vi frente a frente, cara a cara. Sus ojos azules era un mar claro, su boca roja y carnosa que en un principio fue la invitación a mi decadencia, su pelo desordenado. Ya no era el niño delgado que me había robado un beso, ahora, era un hombre fornido, alto, y muy masculino. Por un momento nos perdimos el uno al otro, tal vez por la impresión del reencuentro.
—¿Holly Campbell? —escucho a alguien decir, no obstante, mis ojos están fijos en Richard white. Asimismo, Will está arrodillado repitiendo una y otra vez que lo perdone, no deja de llorar, se siente como judas que al estar caminando con Jesús, y haber compartido tantos momento aún así, lo traicionó, de igual forma, ya esta situación me la esperaba, porque teníamos que recuperar a Susie.
Me arrodillo hasta quedar a nivel de Will, levantándole el rostro, de manera que me obligase a verme directamente a los ojos. ¿Como enfadarme con él? es mi hermano, y sé que la decisión que tomó fue por el bien de Anna y Susie.
—Esta bien, está bien, no tengo nada que perdonarte. Estaremos bien—le repito. Abre la boca para replicar, pero le coloco mi dedo en sus labios enrojecidos—.Chiii, esta bien.
Lo abrazo como una madre abraza a su niño. Y siento en el alma su martirio de haberme entregado. Sin embargo, eso no me mortifica, lo que me duele es lo que realmente sucederá después.
Siento las lágrimas por mis mejillas; deseo con todo mi ser evitarlas, no quiero ser débil para mis hermanas menores, más me cuesta no llorar. Alzo mis ojos y me encuentro con el sollozo de Anna que nos mira con tristeza, abrazando con una mano a Susie. Me levanto enseguida y camino en dirección a Anna para abrazarla a ella y Susie, yacía mucho tiempo que no las veía. Las pistolas me siguen, dispuestos a dispararme si trato de huir. Mi intención no es esa, quizás ya era hora de que enfrentara mi destino.
Entramos a la cabaña, me siento en un sillón viejo n***o y un poco roto. La casa no tiene papel tapiz pero es muy cálida. Con el rabillo de mis ojos miro a Richard que está pegado a la ventana sin mirarme, y le observo en silencio de perfil. Era tan guapo, tan atractivo, tan fuerte que me estremece esos pensamientos.
—Holly, ¿sabes porque estamos aquí?—inquiere un hombre obeso, con una camisa azul y corbata negra. Se acomoda las gafas y me habla con delicadeza. No respondo, solo me le quedo mirando, y él le da otra mirada cómplice a un chico con un suéter de lana verde, cabello desordenado, ojos cafés, delgado y alto. Y el otro rubio, ojos enrojecidos azules oscuros que clavaba sus ojos desdeñoso en mi.
—Soy Jimmy—dijo rascándose la cabeza—, él es Sam—señaló al de suéter de lana, el chico me regala un sonrisa que ignoro de inmediato —. Él es Bobby —apuntó con el dedo al rubio—, y bueno, ya... conoces a Richard.
Me limito a mirarlo, no quiero mirarlo. Ni en mis peores pesadillas imagine volverlo a ver.
—Sé porque están aqui—dije, levantandome del sofá de un solo salto. Veo que Anna tiene acunada entre sus brazos a Susie, y Will está sentado en el suelo en un rincon.
Todos los ojos recaen sobre mi, haciéndome sentir culpable.
—Es por el asesino de Olerfin.
—Asesino que es tu padre—aclaró Sam. blanqueo mis ojos directo hacia el joven de suéter de lana.
—¡No es mi padre! ¡es un imitador!
Todos se dan una mirada cómplice.
—¿Que dices?—interviene Jimmy con el ceño fruncido.
—No es el modo operandi de mi padre. Él no funciona así. Él no mata familias por placer.
Bob se me viene encima tomándome por los hombros. Sus ojos están llenos de ira, siento que quiere descargarse conmigo.
—¡¿Tiene a mi familia lo entiendes?! están en peligro por un maldito enfermo como tú padre.
Sam y Jimmy me lo quitan de encima,y agradezco por hacerlo, no permito que nadie me toque.
—Lo sé, y lo siento mucho. Pero les puedo asegurar que ese asesino con quien trata no es mi padre, es una persona totalmente diferente, que busca venganza.
Richard me da una mirada con desdén y me duele que después que hubo fuego ahora queda el odio.
—¿Entonces quien crees tú que sea el asesino? ¿Cardenas?
Me reí, se me escapo.
—Cardena es todo, menos detallista a la hora de hacer sus crímenes. Además, es un imbecil, y cobarde, no haría nada solo. Y menos ahora, que lo perjudicaría en sus campañas políticas—miro a Richard y él evita el contacto visual entre nosotros. Ahora me centro en los demas—. Tengo sospecha de que fue un sobreviviente de mi padre. Alguien que haya escapado, o no sé.
—Es muy grande la lista de las personas que asesinó tu padre. Si llamamos a cada familiar herido, no terminaríamos nunca—argumentó Sam.
—No han pensado que se trate de un fanático ¿eh?—habló Will, alzándose lentamente —, si estamos tratando con un loco imitador de asesinos. No es la primera vez que pasa. De hecho, a Jack el destripador han intentado imitarlo, Ted Bundy y psicópatas reconocidos.
—Tiene lógica—se acarició la barbilla Jimmy.
—Si el ignoto se coloca una máscara de payaso, quizás esta buscando mostrar algo. De hecho, hubo un asesino muy conocido que aterrizó en los años 70, acabando con la vida de 33 jóvenes. Se vestía de payaso para cometer sus crímenes—expuso Sam su teoría.
—¿Me estas diciendo que ahora nos enfrentamos a un loco que mata por placer, y además, admira a los asesinos seriales?—Richard frunció el ceño a la teoría.
Sam se encoge de hombros.
—Es una posibilidad.
Richard golpea la pared con fuerza, lleno de frustración.
—No tener nada me cabrea.
—¿Que estamos haciendo? el principal sospechoso es su padre—gritó el rubio angustiado.
—¡No lo es!—refuto.
La mirada de Bob es desafiante.
—¿Por que no lo es? porque lo dice otra asesina.
Me estremezco cuando me llama así, ya había soportado bastante maltratos y humillaciones por ser hija legítima de un asesino.
—Porque conozco el modo de operar de mi padre y sé que no es. Este asesino es listo, se sabe exactamente el caso de mi padre, sabe todo sobre él. Tiene un patrón muy peculiar: elige solo a pelirrojas, y es por el hecho de que quiere dar honor a su inspirador. Esta persona tiene que ser fuerte para dominar, y agil para desplazarse de un lugar a otro—dije, todos se me quedan mirando.
Estamos en silencio hasta que el estómago de Jimmy ruge con tanta fuerza que todo lo pudimos escuchar.
Sam se echa a reír en un momento de tensión y seriedad.
—Ese estomago parece un leon. Pero... yo también tengo hambre—se rascó el cabello mirando con cautela a Bob y a Richard.
Cierro los ojos para calmarme un poco.
—Tengo comida en el refrigerador.
El rostro de dos detectives se iluminan, más se contiene al mirar la cara fulminante de sus colegas.
Me conduzco a la nevera y saco un pollo al horno, con papas, y algo de arroz y todo lo caliento. Will se me acerca con sus ojos aún llorosos.
—¡Lo siento!—le doy una sonrisa con la boca cerrada.
—No tuviste opción.
—¿Que pasará?
—No lo sé. Pero prometeme algo.
Mi hermano asiente con vehemencia.
—Que te quedarás aquí con Anna y Susie, no sabemos nada de este asesino y no vaya ser que esté detrás de ustedes.
—¿Esta seguro que no es nuestro padre?
—¡Estoy segura!
Will asiente. Le sirvo un poco de pollo y comienza a comer; Anna hace lo mismo. Sirvo en una bandeja para los detectives, no obstante, Sam y Jimmy se sientan para darle un mordisco a la comida.
—¿Y si esta envenenada la comida? al fin y al cabo es una asesina—me habló con odio Bob.
Richard no dice nada pero se rehúsa a comer.
Será una noche larga.
Después de un rato, todos están cabeceando, con los ojos cargados de sueños. Se turnan para vigilarme, Bob hace otro comentario desagradable y así toman la decisión de cada uno hacer una vigilia. El primero en no pegar el ojo es Jimmy que no deja de bostezar. Will, y Anna han quedado profundos, por lo menos me alegro que ellos hayan podido conciliar el sueño, igualmente, que los otros detectives.
—¿No tienes sueño? —preguntó Jimmy.
—No.
—¿Por que?
Desvío la pregunta.
—¿Que harán conmigo?
Jimmy suspira frotándose los ojos.
—Probablemente te llevemos a Olerfin para negociar con el asesino.
—Aaaa. Ya. Soy la carnada.
—Bueno, no quiero decirlo así.
Al otro rato, Jimmy se duerme y ahora vigila Bob. Su expresión es seria, inexpresiva, me odia con toda su alma, puedo sentirlo en como me observa con el rabillo del ojo, siente que todo lo que le está pasando es mi culpa.
—Lamento lo de tu esposa.
—Ni la menciones por tu sucia boca—replicó enojado.
Me callo, es lo más sensato en este momento.
Ya el sueño me está atrapando cuando Sam ahora me vigila.
—¿Como puedes vivir alejada de la gente?—inquirió.
Bostezo llevándome una mano a la boca.
—Es mejor. Me gusta estar sola. No tengo el don de socializar.
—Yo tampoco—repuso entusiasmado—. No tengo más amigo excepto de los que ves aquí. Es complicado. Cuando estoy con una persona quiero agradarle tanto que comienzo a hablar mucho, y sin parar, no pongo límites a mis palabras. Es como si fuera un vómito verbal que viene y se apodera de mí sin poder controlarlo, haciendo que la gente se aburra y termina huyendo del chico extraño. Y bueno, no soy tan guapo como Richard y Bob.
Sonrió frunciendo el ceño. Este chico si que habla, y creo que es el más agradable de los tres. Es muy espontáneo, sincero, y muy inteligencia. Lo que le falta de guapo, le sobre en inteligencia.
—¡Eres muy agradable! eh... eh...—quise recordar su nombre...
—Sam...
—Sam—bostezo nuevamente.
Morfeo me envolvió en sus brazos cuando era el turno de Richard, por más que quise mantenerme despierta, no pude. Me picaban los ojos y me lloraban solos, así que me quedé dormida.
Un hombre... un fantasma, una bestia. Lo veo acercarse a mi con su cuchillo. Estoy asustada, en posición fetal, allí viene el monstruo que se escondía bajo mi cama, allí viene...
Gritooo.
Todos se despiertan mirándome.
¡Gracias al cielo es una pesadilla!
—¡Debemos irnos!—determinó Richard sin preguntarme nada. Le doy una mirada a Anna, y Susie. Ellas me abrazan.
—¿Estaras bien?—me pregunta la niña. Tiene su rostro lleno de pecas.
Le doy un beso en la frente.
—Estaré bien—abrazo a Anna y también le beso la frente—. Te amo
—Yo igual.
Me dirigo hacia Will que en sus manos sostiene una maleta con ropa. Le abrazo con fuerza, y él a mi.
—Te amo.
—Yo más hermana, yo más.
Su dedo seca mis lágrimas, y sonrio al saber que estarán bien. Todos me observan desde el umbral de la puerta y así me despido de mis hermanos.
Dios, si existe, protegelos. Y libralos de todo mal. Amén.
Clavo mi vista por la ventana, Sam habla conmigo en todo el camino hasta llegar al aeropuerto. Aún nos subimos al avión y estoy al lado de Sam que me vence en una partida de ajedrez.
Richard y Bob lo miran mal, sin embargo, le agradezco al chico inpartirme un poquito de su alegría y espontaneidad, eso hace que el viaje sea más sencillo.
Todos hablan entre ellos, desde la sala de interrogación observo como entran y salen. No me informan de absolutamente nada. De mi bolsillo del pantalón, saco el crucifijo que Resee Sullivan me regaló para escapar de mi padre.
Me sentía como un pez pequeño y asustado a punto de ser carnada de tiburón.
Ni por lo menos Sam se acercaba para preguntarle lo que estaba sucediendo, nada. Solo estoy sola con mis pensamientos.
Suspiro, respiro, y tengo miedo aunque me hago la valiente por fuera.
Mi estómago ruge, tengo hambre y sueño. Quiero lavarme el rostro para por lo menos mantenerme despierta, además, quiero haces pis, y ya no aguanto.
Al rato llega Richard con su mirada cargada de suficiencia. Esta serio, inexpresivo, parece una estatua altiva viviente.
—El asesino ya se comunicó con nosotros.
Tengo la piel de gallina y los nervios a millón.
—Y-y...
—Te llevaremos a pos de él. Irás a un huerto que está cerca de aquí.
Tiemblo, en realidad, me tiembla todo.
—¿Así de fácil?—inquiero—. Es una trampa.
El ojos azules endureció su mirada.
—¿Crees saberlo todo? no te pases de lista—me da la espalda para abandonar la habitación, lo detengo por el brazo.
Él se voltea robótico, fulminandome con la mirada.
—¡No me vuelvas a tocar!—refunfuñó.
Asiento, tengo los nervios a flor de piel.
—Quiero ir al baño, por favor, plis.
Blanqueó los ojos impaciente. Le hace una seña a Bob haciendo un gesto con sus dedos en los ojos, era algo como: "Vigilala"
El rubio me acompañó al baño y tuve que frunci el ceño para que se quedara en la puerta. Hago pis, y siento como las tripas se ponen en su lugar. Salgo y me miro al espejo, me lavo el rostro, tengo ojeras.
Por detrás veo a Bob y como me apunta en la cabeza. Me paralizo por unos segundos.
—Por fin sola—dijo, respirando agitado.
—¿Me vas a matar?
—No. Vas a sufrir a manos de ese asesino.
Me volteó y lo miro a los ojos. Pone sus esposas en mi muñeca y en la suya.
—Ese asesino quiere que te entregue yo a cambio de mi familia, y eso es lo que voy hacer. Lo siento, pero no tengo opción...
☆☆☆☆☆
Si les gusta la historia, dejen sus comentarios.