《El coraje es buscar la verdad y decirla》
Jean Jaurés
¿Cuál era la verdad en este asunto?
Mi razonamiento no se explicaba como un hombre pudo camuflarse tanto tiempo en la sociedad siendo un monstruo por dentro. ¿Como pudo ocultar sus más oscuros secretos fingiendo humildad?
Los asesinos están entre nosotros, en todos lados, y a nuestro lado. Puede ser un vecino, un amigo, o simplemente un desconocido. Me sentía tan involucrado en el caso que necesitaba saber hasta la última gota de la información; este cazador no era como cualquier otro ignoto, no, no lo era, ya todo se estaba volviendo personal, y el problema de un caso cuando se vuelve tan personal es que comienza afectarte lentamente.
Nos movilizamos a una pequeña casa de madera, hacia un calor del coño. Donde nos llevó Anna, era una acogida vecindad, rodeada de gente extraña pudiera decir, callada, que solo figosneaba por las cortinas de sus ventanas, sin embargo, no era el indicado de calificar o etiquetar a las personas de este perímetro, ya que no lo conocía lo suficiente.
Anna se quedó mirando la casa asustada, arrepentida de haber ido a la policía, supuse que a lo que más le temía era al chico que se encontraba detrás de esas tablas de madera.
—¡Vamos!—exclamé. Anna me miró suplicante, no obstante, ya no había vuelta atrás.
—¿Tienes llaves de la casa?—preguntó Jimmy. La chica aceptó.
—Perfecto, nos abrirá la puerta para ingresar—ordené. Anna aún no estaba muy convencida, sin embargo, sacó las llaves y dudosa caminó para abrir.
Finalmente lo hizo.
Ingresamos a la casa y Will que se encontraba sentado en un sillón andrajoso y roto se levantó de inmediato asustado.
—¿Will Sullivan? —pregunté
—Si—habla entre cortado, con las manos a nivel del pecho.
—Somo la policía. Necesitamos hacerle unas preguntas.
Sill centra sus ojos en Anna, que no era capaz de mirarlo.
—Oh Anna, ¿qué mierda hiciste?
Me siento en el sillón que quedaba frente a él, podía ver la goma espuma amarilla que sobresalía. La casa estaba desordenada, descuidada. La madera estaba sin pintar, y el piso rechinaba al pisar.
—Sientese señor Sullivan—le indicó con la mano. Él obedece furioso. Lo percibo por lo coloración de sus mejillas—. Su hermana nos ha contado que... bueno, toda la historia de su madre y el señor Karl Campbell, igualmente, confesó que ustedes— moví el dedo índice señalandolo a él y a Anna—, son hijos de este señor.
—No vuelva a mencionar su nombre por favor. Ese monstruo no es mi padre.
—¡Ah no! su hermana no dice eso.
—Mi hermana es una chiquilla que no sabe lo que dice. ¿Como pudo hacerle una declaración sin mi consentimiento?
Suspiré.
—No le hicimos una declaración, solo nos contó de amigo a amigo.
Will estaba enojado, hablaba con amargura y mucho resentimiento.
—¡Basta Will, por favor!—interrumpió Anna angustiada desde un rincón.
El chico entornó sus ojos verdes en dirección a su hermana con un gesto fulminante.
—Will—dije en tono amigable—. Solo queremos ayudarlos, a ti, a tu hermana, a Susie y a Holly.
El chico soltó una risotada.
—¿A Holly? ¿A mi? no diga basura detective White. ¿Usted cree que no lo conozco?
Fruzo el ceño.
—Usted cree que no se quien es usted—habló con un tono desafiante. Sus ojos verdes estaban fijos en mi, una barba que emergía redondeaba toda su boca, y el pelo n***o oscuro estaba todo desordenado; me llamó la atención que el pelo de Will no era de color rojo, supongo que salió igual a su madre.
Le sostengo la mirada y no le demuestro miedo.
—La policía no hizo nada para proteger a Holly.
—Esa noche la llevé a mi casa para protegerla—halego de inmediata.
Will se ríe con una mirada divertida.
—Siiii, no me diga Richard. ¿Puedo llamarte Richard?
Me echo un vistazo a mis compañeros y veo la cara de culo de Jimmy.
—Por supuesto—repongo, tomo aire —. ¿Donde está Holly?
Otra risotada.
—¿Que te parece gracioso?—inquieta Lois.
El chico lo mira por un rato.
—Detective Lois, que gusto verle—luego, centra sus ojos en Jimmy y Sam—. No tengo el honor de conocerlos a ustedes.
—Esto no es sobre nosotros Will es sobre Holly. ¿Donde coño está?—interrogó Jimmy con un tono brusco, tal vez un poco enojado.
—Si lo supiera, no se los diría nunca.
Me remueve del asiento, le lanzo una mirada a mis compañeros.
—¡Es por el bien de ella!—alzo un poco la voz.
—¿El bien de ella?... ¿donde estaba la policía cuando ese asesino vino a matar a mi madre eh?, ¿dónde estaba la policia cuando Holly convivía con un asesino en serie?—sus ojos estaban tan abiertos que pensé que se le saldrían—. Donde estaba la policía cuando ese maldito... violó a Holly y aún sigue libre como si no hubiese pasado nada.
El corazón se acongojo, sintiendo una presión fuerte en el pecho. Apreto los puños al mirar fijamente a Will.
—¿Quien violó a Holly?—inquiero entre dientes, apretando la mandíbula.
Pude ver como el chico resoplo.
—Rodrigo Cardenas
Apreté más los puños, echo una fiera.
—Holly era una niña. Solo éramos dos niños el cual descubrimos que nuestro padre era un asesino.
Me levanto del sofá
—¿Quieres que Susie?
Will se erguió de un solo brinco. El chico era alto de mi misma estatura.
—Yo mismo protegeré a mis hermanas.
—Necesitamos saber donde está Holly. Una mujer y una niña están en riesgo.
—Juro que no lo sé. Nos separamos esa noche y no he vuelto a saber de ella.
Suelto un bufido de resignación, le doy una última mirada a Will y Anna para salir de ahí.
Me dirijo al auto, embutiendome para conducir. Sam, Jimmy y Lois se suben al coche y conduzco a toda velocidad.
—¿Que carajo sucedió allí adentro?—preguntó Lois enfadado.
—Al final, no nos dijo nada que no supiéramos—repuso Sam
A esas alturas ya estaba cabreado.
—Todo esta muy jodido, cada vez me sorprende este asesino—suspiró Jimmy.
Sigo conduciendo sin decir una palabra. Mi mente me llava a esa niña pelirroja asustada, a sus besos, y a la tristeza de sus ojos. Pequeños flashback cruzaron por mi mente como una estrella fugaz, logrando mortificarme lo suficiente como para hacer lo que iba a hacer.
—¿A donde mierda vamos?—preguntó Lois cuando se dió cuenta que no era el camino a la estación. Todos comenzaron a ver el herbaje, pero ya estábamos cerca, muy cerca.
—¿Richard?—frunció el ceño Jimmy.
Y me detuve en una casa que ya habíamos visitado antes. Me bajo del auto furioso, y con el rabillo del ojo, percibo como mis compañeros van en pos de mi para no cometer una locura. Me enfrento a la puerta y al atrevimiento de tocar el timbre, no obstante, lo hago, y para fortuna propia Rodrigo Cárdenas me recibe. Acto seguido, le proporciono un puñetazo en todo el rostro. Éste cae al suelo ardido, con los ojos fijos a punto de brotarle llamas. De su nariz surgió sangre al igual que en su boca y me sentí complacido de haberlo hecho aunque fue una locura que podía hasta costarme mi carrera.
—Violaste a Holly infeliz, enfermo.
Rodrigo se llevó los dedos a la sangre y la miró con una expresión extraña, luego, se metió una buena anotada de sangre propia en su boca.
—Y no sabes cómo lo disfruté —declaró sin quitarme los ojos de encima.
Con ira me balanceé sobre él para darle más de lo que se merecía, más Jimmy, Sam y Lois me tomaron por todos lados para que no atacara al pedófilo que tenía frente a mi.
—¡Era una niña!—le grité, ya había perdido todos los estribos.
—Así es que me gustan, tan ninfulas.
Busqué la manera de zafarme de mis compañeros pero no pude, ellos seguían sujetándome con fuerza.
—Arresten a este imbecil—ordeno.
Lois se coloca frente a mi.
—No podemos arrestarlo.
—¿Por que coño no podemos arrestarlo?
—Tiene inmunidad.
—¿Por quien?—gritó fuera de mis cabales.
—Por el gobierno. Rodrigo es alcalde y le ha hecho tanto favores a personas, que le han dado inmunidad.
—¡Es un violador asqueroso!
—Lo es... pero con tu comportamiento no podemos hacer nada, si hubiese sido de otra manera tal vez, se fuera buscado más víctimas, además, Holly ni siquiera está para declarar que en realidad pasó entre ellos. Así que por favor, regresa al auto antes de que cometas una locura.
Sam y Jimmy me suelta, y le lanzo una mirada amenazante al violador frente a mi para marcharme. Veo que los demás ya vienen a embutirse en el auto y cuando lo hacen, Lois mismo maneja y nos lleva a la estación.
Donde no me están esperando los superiores del condado.
Me siento a escuchar sus gritos, al parecer Rodrigo los llamó y le dijo lo sucedido. Están furiosos conmigo, y me envían nuevamente a Olerfin.
—¡Sal de mi vista!—exclamó una de ellos sin mirarme. Salgo de esa oficina menudamente cabreado queriendo matar a ese tipo. Veo que Jimmy y Sam me esperan, sin embargo, no les digo nada y sigo mi camino, percibo como ellos me siguen y nos subimos al coche para irnos al hotel.
(...)
Me siento en la cama derrotado, mirando el suelo. Este asunto estaba más complicado de lo que yo ha la pensado. No sólo me había encontrado con un asesino, si no que también con un violador que tenía inmunidad por favores. ¿Hasta qué punto era corrupta la policía? ¿cómo podían proteger a un asqueroso como Cárdenas?
Carajo. Me paso las manos por el pelo y sostengo mi cabeza como si fuera un loco, y si, estaba loco, loco de la rabia por venir a Pensilvania y aún no saber nada del paradero de Holly, y el tiempo se me agota para recuperar a Rachel y a la niña.
¡Maldita sea!
Saco mi celular del bolsillo, tengo llamadas perdidas de Bob y Mónica, no quiero hablar con ellos, no quiero desalentar a Bob que ya está en pozo de la preocupación, así que me alzo para caminar de un lado a otro.
—Ya hablé con Bob—habló Jimmy sin apartar su mirada de mí —. Le dije todo lo que sabíamos.
No digo nada.
—Oye, sé que todo esto es mierda frustrante pero debemos pensar con la cabeza fría. Mientras sigamos así, no lograremos absolutamente nada.
—No puedo pensar con la cabeza fría Jimmy. El tiempo se agota y necesitamos encontrar a Rachel—grito exasperado. Me duele en mi corazón, Jimmy no tiene la culpa de mi mal humor—. Lo siento.
—No es nada, es obvio que este caso es personal para ti. Y todo lo que salga a luz será también personal. Es obvio que quisiste mucho a Holly fue tu primer amor adolescente, pero no deje que los recuerdos te destruyan, sobre todo el pensamiento de lo que pudiste hacer o no pudiste hacer. Nuestra prioridad es Rachel, y tengo la corazonada de que Will Sullivan sabe de su paradero.
Alzo la cabeza para mirar a Jimmy.
—¿Lo crees?
—Si. Solo hay que unir todas las piezas y sacar un perfil del pasado se nuestro asesino, el presente, y su futuro. Si lo hacemos, sabremos con claridad las cualidades de nuestro enemigo.
Asiento.
—¿Manos a la obra?
Diviso a Sam que tiene los archivos en las manos.
—Manos a la obra.
Nada se quedaría impune. Encontraría a Rachel y la enviaría a casa sana y salva junto a su marido.
Ahora, unamos todas las partes de este puzzle.
☆☆☆☆☆☆
Los leo mis amores.