Después de agregar el numero de Alek en mis contactos, subo a mi habitación para arreglarme. Unos minutos antes, recibí un mensaje suyo, indicándome la dirección en donde nos veremos para presentarme a su hermana menor.
Salgo de casa y pido un taxi para que me lleve al lugar acordado. El chofer siente y comienza a manejar rumbo a la dirección dada. Durante el camino observo la ciudad; hace días que no salía.
Después de despertar viví con ese miedo a que alguien me encontrará, alguien de mi pasado, viniera y me hiciera daño. Evite salir de casa, ese era mi único refugio. Después conocí a Sebastian y gracias a él comencé a salir a caminar por la ciudad, él fue mi primero a apoyo a perder el miedo.
Poco a poco, y con la ayuda de Sebastian comencé a olvidar mis miedos, aun así, evitaba salir la mayor parte de mi vida. Después del accidente estuve días, semanas en el hospital y en casa, nunca tuve la iniciativa de salir a conocer el nuevo mundo que me rodea. Y hasta hora, que lo veo me recrimino el no haber salido a conocer lo increíble que es la segunda oportunidad que me dieron.
El chofer me indica que hemos llegado, saco dinero de mi bolso y le pago por su servicio; al bajar me encuentro con una ciudad diferente, una clase social abajo de la que suelo vivir. En la ciudad en la que vivo las calles están pavimentadas, casa de dos o tres pisos, una mayor circulación por las calles, una ciudad muy poblada; pero aquí, las casas son sencilla de un solo piso y ya dañadas por el paso de los años, poca gente transita por las calles desgastadas.
Con nerviosismo saco mi celular y miro la imagen que me envió Alek, confirmo que es el mismo local. Me acerco al lugar y miro al grande y musculoso hombre tatuado que está de pie frente a la puerta, dudo en entrar o preguntar si puedo hacerlo; al final decido preguntar para no meterme en problemas.
—Busco a alguien quien me cito en este lugar, ¿Hay que hacer una reservación para entrar o pagar?
El hombre con una cicatriz línea que va desde su ceja hasta su ojera comienza a reírse de mí sin motivo alguno.
—Se que ve no eres de aquí —dice al dejar de reírse.
—No, no lo soy. Alguien me citó en este lugar.
—¡Que romántico! —se burla de mi —. Tu enamorado te cito en un bar.
De nuevo comienza a reírse, le causa risa que sea una ignorante en el tema. Cansada del asunto, con valentía levanto la cabeza en alto y lo miro directamente a sus ojos.
—No pienso perder mi tiempo con un idiota como usted… Necesito entrar, qué es lo que tengo que hacer.
El hombre deja de reírse al escucharme llamarlo idiota y se hace el ofendido.
—La entrada es libre, solo debes consumir.
Dice sin humor. Al obtener la respuesta, ignorándolo, lo esquivo, paso por un lado y entro al lugar. Una ráfaga de humo de cigarrillo golpea en mi cara, de inmediato me hace toser. Me cubro la boca con la mano y trato de observar a través de la neblina capa de humo químico; en seguida una morena chica de baja estura se me acerca y me atiende haciendo su trabajo.
—Alguien me citó en este lugar.
—Me puede el nombre de la persona y si lo tenemos registrado puedo llevarla con él.
Suspiro de alegría a saber que alguien me ayudará. Me destapo la boca dejando mirar mis facciones.
—Él se llama Alek… —me callo al no saber su apellido.
La chica me mira con confusión y de inmediato le aclaro que no recuerdo su apellido.
—No recuerdo cuál es su apellido.
—Hay una persona que se llama Alek y es Bronova. Es alto de cabellera castaña, casi rubio y es moreno de ojos de verdes.
Al instante, con la descripción de la chica recuerdo que es la misma persona de la que hablamos.
—Si es él —confirmo.
—Si es él al que busca, Alek llego hace una hora. La llevaré con él.
—Gracias.
Sigo a la chica de pequeña estatura y pasamos entre las mesas repletas de hombres y mujeres bebiendo y riendo entre ellos. Atravesamos el salón, me guía por unas escaleras en forma de caracol, subimos dejando la inmensa masa de personas y capa de humo, aquí arriba puedo respirar mejor. Nos encontramos con un estrechos pasillo con varias puertas de madera a sus lados, algo desgastadas y con poca luz por el pasillo.
Continúo siguiendo a la morena y a la tercera puerta se detiene.
—Alek Bronova se encuentra en esta habitación.
Asiento y el seguida la chica toca la puerta, segundos después la puerta es abierta por el mismo ruso. Antes de que el ruso hable la chica se adelanta.
—Mi querido Alek, esta bella chica lo está buscando.
El ruso me mira y sonríe al reconocerme.
—Si, por supuesto. La conozco —dice sin dejar de mirarme con esos ojos verdes.
La morena asiente, se da la vuelta y me mira.
—Espero haberla ayudado.
—Muchas gracias —no dudo en agradecerlo.
La mujer me sonríe y se va dejándome con el rubio.
Alek de inmediato me saluda con una inclinación, pero en seguida lo detengo, con solo unas palabras es suficiente y el entiende. Alek asiente y me permite la entrada.
Entro a la habitación, un pequeño estudio con una sala en medio y una pantalla en la pared, algo sencillo para una reunión, al inspeccionar la habitación me percato que estamos solos y no dudo en preguntar.
—¿Y tu hermana?
—Ella fue al baño, en un momento regresa. Toma asiento.
Me siento sobre el sofá n***o individual, Alek se sienta en el sofá para dos personas y esperamos a su hermana.
—Lamento tener que tráete a este lugar. Pero es el único lugar seguro donde podemos hablar de la verdadera Aina. Tu casa no es muy segura al saber que alguien más sabe que estás viva.
Asiento ante sus palabras al comprender el porqué no reunimos en este lugar.
—Tienes razón… No te preocupes, no he tenido una vida de princesa, he pasado por cosas peores.
Respondo siendo lo que soy, Aina Ivanova.
Al instante la puerta se abre, Alek sonríe y se levanta de su lugar, al igual lo hago yo, me quedo de pie, Alek se acerca a la bella mujer alta de tez media morena y de ojos verdes claros, una principal característica de hermanos, los ojos son iguale a los de Alek, incluso el cabello; pero al verla no recuerdo conocerla.
La mujer se acerca a su hermano, que es más alto que ella, él la abraza por los hombros y es el primero en presentarnos.
—Lara. Ella es Aina Ivanova, hija de Alessandro Ivanov, su decendencia.
La mujer de ojos verdes me mira y en vez de saludarme su rostro se contrae en una mueca de desagrado, me desanimo ante su actitud. Disgustada mira a su hermano.
—Ella no es Aina Ivanova.
De inmediato Alek le corrige.
—Ella es Aina.
—¿Cómo estás tan seguro de ello? Cualquier mujer se puede hacer pasar por ella. Así como la falsa mujer que está siendo entrenada en Rusia.
Con sus palabras comprendo que ella también esta enterada de lo que pasa en Rusia.
—Tu sabes que hemos estado investigando a Aina desde hace años. Es ella te lo aseguro.
La mujer me mira y me analiza de arriba hacia abajo lográndome intimidar.
—No es ella —afirma.
Me disgusto por la manera en que la se comporta conmigo. Antes de que Alek hable y le repita a su hermana mi verdadera identidad, me interpongo y me presento.
—Mucho gusto Lara —digo con seguridad —. Mi verdadero nombre es Aina Ivanova, aunque ahora soy Sharon Beckett debido a terrible accidente en las afueras de Lilcolnshire hace cuatro años. Ese ataque ente dos mafias, el italiano a mano del Enzo D’angelo y la inglesa, a manos de Eder Ross. Ambos acabaron con la vida de la hija del padrino de la mafia rusa.
Sin miedo, tomo el borde de mi blusa la levanto y le despojo de mi torso, importándome poco que Alek sea hombre y me vea en sostén.
Con el dedo índice le indico la marca en mi piel. La primera perforación en mi hombro debido a la bala. Con el recuerdo, la garganta se me amarga.
—Primer disparo proveniente de Eder Ross, por ser la culpable de la muerte de su esposa.
Al pronunciar su nombre, como un rayo de luz, sus ojos miel aparecen frente a mí y una pequeña pulsada pincha mi pecho.
Paso mi dedo a mi vientre
—Segundo disparo de Eder Ross al no creer en mi —la garganta se me comienza a cerrar al recordar el trágico día.
Me doy la vuelta, con mi mano levanto mi largo cabello n***o dejándole ver la tercera cicatriz.
—Tercer disparo, proveniente de Enzo D’Angelo. Lo hizo para quedarse con la herencia de mi padre Alessandro Ivanov y adueñarse de Rusia.
Sin derramar una lagrima, me volteo y la miro directamente a los ojos.
—¿Aun dudas de tu reina?
Aunque no se mueva y hable, puedo notar su aceptación. Las pruebas confirman que soy la hija de Alessandro.
Lara no dice nada, un silencio incomodo se forma en nuestro entorno y entonces Alek interviene.
—No hay duda alguna que es la reina de Rusia, Aina Ivanova.
Alek se aleja de su hermana, se quita su chaqueta y me la posa en lo hombros cubriendo mi desnudes. Con pesades respiro profundamente, me lastimo un poco los pulmones, pero logro controlar mis emociones.
—Gracias.
Le agradezco junto a una ligera sonrisa.
—Hay que sentarnos.
De nuevo me siento sobre mi lugar y prosigo a ponerme la camisa, con amabilidad le entrego su chaqueta a Alek, la toma y la deja sobre el sofá, en seguida prosigue a sentarse.
—Lara, te sentaras.
Alek quiso hacer una pregunta, pero sonó más a una orden.
Sin quitarme los ojos de encima, Lara camina hacia su hermano y se sienta aun lado de él.
—Han atacado a Aina en dos ocasiones, la primera es el secuestro de su mejor a miga Alejandra y la segundo el accidente de Sebastian, el esposo de Sharon Beckett —le explica a su hermana.
Me sorprendo por la breve explicación que le da, parase que si me conoce bien.
—Además de esos ataques hay una persona más, además de nosotros, sabe que la hija de Alessandro es Sharon Beckett. Debemos ayudarla.
—¿Qué ganaría con ayudarla? —responde de una mala manera.
—Lara —el tono de voz de Alek es autoritario, de represión —. Su padre nos ha ayudado cuando más lo necesitamos, además, sabes la promesa que le hice a Alessandro, estoy entrenado para ello. Tu solías jugar con ella de pequeña.
Lara deja de mirar a su hermano y posa su fría mirada en mi ser.
La diferencia que tienen como hermanos es su aura, Alek es más amable y sociable, y Lara es más fría e indiferente.
—¿Lo recuerdas? Me recuerdas el haber jugado contigo —pregunta.
Y la verdad es que no la recuerdo, tanto Alek como ella son totalmente ajenos a mis recuerdos, no los recuerdo.
—No. No te recuerdo.
—No es ella, es una falsa más.
Trata de levantarse de su lugar para marcharse, pero rápidamente la detento y se sienta de nuevo al escuchar la verdadera historia.
—No te recuerdo, tampoco a Alek. Nada de mi infancia la recuerdo —. Después de escapar de la fortaleza, mi madre y yo nos escondimos, incluso me automedico para perder la memoria. Por eso no recuerdo nada. Tuve sueños, pero ella decía que eran simples sueños, sin ningún significado… Lo único que recuerdo es cuando desperté en una casa de granja junto a Lena, mi madre y un señor que se hizo pasar por mi padre.
En cualquier momento el nudo en mi garganta hará su efecto y las lágrimas abandonaran mis ojos.
—¿Debo de contarte toda mi vida para que me creas?
Lara aflige un poco sus gestos, pero no se disculpa o dice algo para darme la razón. Lo único que dice es:
—¿Cómo podemos ayudarla?
Alek sonríe ante el apoyo de su hermana. Como un verdadero hermano le agarra su mano derecha y en un suave apretón le agradece.
Después de dejar ese incomodo ambiente entre desconocidos, pasamos a un vínculo de confianza. Alek le platica a su hermana lo que está pasando, yo asiento y de vez en cuando le cuento con mis propias palabras. Ella hace minutos dejo esa sensación de desconfianza y escucha con atención.
Al escuchar toda la historia ella se queda pensando, haciendo el mismo gesto que hace su hermano. Muerden la esquina de su labio inferior con los dientes y bajan la mirada.
—Puedo investigar quien manejo la camioneta. Lo necesitaré buscar en las cámaras de transito y al dar con las placas podré encontrarlo fácilmente.
Escuchar su idea me emociona. Alek se percata de mi sonrisa.
—Lara es muy buena encontrando pistas. Desde pequeña siempre fue curiosa —explica con orgullo.
—Investigaré lo más pronto posible —asegura.
—Bien. Necesitas que te ayuden en algo.
Y de nuevo con ese gesto de indiferencia me mira.
—No, lo puedo hacer yo sola.
No digo nada para no crear una disputa. Alek comprende mi silencio.
—Mientras Lara consigue las placas del vehículo. Tenemos que pensar en un plan para dar un paso adelante.
Entre Lara y Alek parecen entenderse y yo estoy más perdida y confundida.
—¿Cómo cuál?
Con obviedad Lara responde por su hermano.
—Debemos tener, armas, vehículos y dinero. Con lo poco que tenemos no podremos defendernos a lo que nos enfrentamos. Si alguien más sabe que Aina es Sharon, ese alguien tiene poder, por algo está asuntándote, quiero algo de ti y no podremos defenderte sin equipamiento.
Esta vez le doy la razón a Lara. Y aquí es donde me preocupo, de dónde sacaré dinero, las armas.
—En realidad yo no cuento con una cantidad grande de dinero —me sincero.
—Nosotros tenemos, pero no es mucho —responde Lara.
Los tres nos quedamos callados y pensando en encontrar la manera de obtener dinero.
—Sé dónde encontrar armas y dinero, propiedades del mismo padrino de la mafia rusa.
Lara y yo nos miramos a Alek, el comprende nuestro desconcierto. Los ojos verdosos de Alek se posan sobre los míos, se inclina hacia delante y se recarga sobre sus grandes y fuertes muslos, y su rostro se pone serio ante lo que dirá. Por un instante me asusta lo que dirá.
—Los siento mucho Sharon, pero a partir de ahora debes tomar tu verdadera Identidad… ¿Estás dispuesta a regresar a tu pasado? A ser Aina Inova.
Y entro en conflicto sobre mi identidad.