Narrador omnisciente
El dolor es notorio en su cuerpo. Grandes y morados hematomas, que con el tiempo han comenzado a sanar, otros no; son pruebas de las constantes batallas y entrenamientos a los que se enfrenta. Las heridas se abren y vuelven a brotar el líquido rojizo dejando una marca en su piel.
El dolor de huesos no le permite moverse con mayor facilidad, cualquier movimiento el crujido de sus huesos se escucha por su habitación. Con lentitud, la delgada mujer de ojos verdes se levanta de la acolchonada cama con sabanas de ceda y terciopelo. Directamente se dirige al baño y al terminar de desnudarse mira su cuerpo a través del espejo del tocador.
—Estoy hecha una mierda.
La pelinegra toca un marcado moretón en su cintura y al instante una corriente de dolor pasa por su cuerpo y la hace quejarse del dolor.
—Debo sanar las heridas antes de mi coronación.
Deja de mirar su desnudo cuerpo por el espejo y opta por darse una ducha. Al terminar, la vanidosa mujer terminar de arreglar su ondulado cabello n***o y, al confirmar lo hermosa que se ve con ese n***o delineado resaltando sus grandes ojos verdes decide bajar en busca de Pavel, el único hombre en el que debo confiar.
A pasos ligeros emprende el camino por los grandes, largos y estrechos pasillos de la fortaleza.
Hace seis meses que llegó a este lugar, el lugar acordado por los tres rusos para su entrenamiento. Un recuerdo le invade la menta al recrear la escena que hizo cuando llego a Rusia diciendo que es Aina, la hija de Alessandro Ivanov; con orgullo sonríe ante el recuerdo.
Al terminar de bajar las escaleras, la hermosa mujer de curvas atractivas se acerca a un guardia (del ejercito de los Volkov) para pedirle ayuda en encontrar a su entrenador.
Con esa seguridad y altivez de ser la futura reina de la mafia rusa le habla al guardia.
—Sabes dónde está Pavel.
El guarda al escuchar la voz de su superior se pone serio y con seguridad le habla a su futura reina.
—Королева —al instante, sin dudarlo, hace una breve inclinación en respeto a su superior.
(Королева (Koroleva): reina)
Al enderezar su espalda el hombre posa su vista en la punta de la nariz respingada de la mujer. Todo aquel hombre o mujer se le tiene prohibido mirarla directamente a los ojos, y aquel que no cumpla con la norma escrita y dicha por Aina, será castigado por la misma reina como hace dos días.
Una mujer de mayor edad se atrevió a mirarla para confirmar si no es una impostora y al hacerlo la pelinegra se dio cuenta de ello y de castigo le saco los ojos con unas pizas de presión. A partir de ese momento todos tomaron en serio su demanda.
—Pavel se encuentra en el bosque cazando —responde con neutralidad.
La introvertida mujer analiza las facciones del guardia, no hay nada de atractivo en el hombre. Cansada de no encontrar un atractivo hombre para calmar su apetito s****l, decide ir con Pavel.
Cruza el salón principal y sale de la fortaleza. Se encuentra con esos grandes y gruesos muros de piedra que no le permiten ver más allá del exterior, están ahí debido a su seguridad.
Continua con su objetivo, se aleja del despejado lugar y se adentra a los frondoso y altos árboles, al pisar el campo los recuerdos de sus luchas, entrenamientos y confrontamientos se alzan el ego al recordar que ha sobrevivido y ganado las batallas.
A lo lejos se escucha la bala salir del rifle de casería, al instante cuerda quien es la única persona se suele usar un viejo rifle para cazar habiendo muchos más innovadores en las bodegas.
Sus verdosos ojos se mueven de un lado a otro para encontrar al hombre. A lo lejos, junto una pequeña montaña de tierra logra ver al sujeto; sin dudarlo camina hacia él. Sin despegar su vista del hombre quien se encuentra concentrado en el cuervo que esta parado en la copa del árbol; precavidamente se acerca al arco que dejo Pavel recargado en una piedra. Toma una flecha y se posa detrás del hombre.
Con experiencia ganada por los entrenamientos, acomoda la flecha en el arco, con su buena vista apunta hacia el cuervo y antes de que Pavel le disparé, la mujer se adelanta y dispara la flecha que, en microsegundo atraviesa el pecho del cuervo. El animal, por el dolor hace un graznido de dolor y al no poder controlar su equilibrio en la rama cae desde una gran altura.
Pavel, el alto y rubio hombre se endereza rápidamente y le apunta a la persona que está detrás de él; la pelinegra sonríe al ver a Pavel en defensa.
—Buen tiro, no lo crees Pavel —comenta sin darle importancia al arma que le apunta en la cabeza.
El hombre al confirmar que se su reina rápidamente baja el arma y se inclina.
—Lo es, Королева —afirma para después bajar el arma. Sabe lo mal que hizo al apuntar a la hija de Alessandro.
—Estoy preparada para tomar mi lugar como reina, porque soy la verdadera hija de Alessandro.
Dice con orgullo ser la hija del padrino de la mafia rusa. Asegura que por sus venas recorre la sangre de Alessandro.
—Usted es su única hija.
—Lo soy, soy Aina Ivanova.
El ruso le da la razón a la hija de Alessandro; el hombre con el mayor poder en la mafia, aquel hombre que logro derrotar y apoderarse de una de las mafias más importantes del siglo, la mafia china. Todos demostraban un gran respeto y miedo hacia el padrino, nadie había logrado lo que él hizo en sus años de gobierno, el mayor orgullo de los Volkov y de la familia Ivanov.
—¿Cuándo será mi coronación?
La pelinegra se impacienta por recibir la corona, el poder y respeto que le mostraban a su padre, pronto será de ella.
—Hace días que la noticia se expandió, los Volkov están ansiosos por su llegada. Solo es cuestión de días, no falta mucho.
El ruso se aleja y se a pasos largos, pero tranquilos, se acerca al lugar donde cayó el cuervo. La pelinegra no duda en ir detrás de él, insiste en saber una fecha exacta para ese grandioso día.
—¿Cuánto es poco días?
—No lo sé señorita Ivanova. Debe ser paciente. La espera es menos que cuando llego.
—Seis meses, sin ningún día a descansar. Cado día me dedico a estudiar las rutas, los embarques, armas, bombas, mercancía; los entrenamientos en peleas, aviación; me he desvelado por aprender todo… —el ruso interrumpe sus palabras.
—Y lo ha hecho muy bien señorita. No desmerito su trabajo. Si sigue así su coronación será en pocos días.
La pelinegra cansada del asunto, deja que Pavel continúe con su casería. Irritada de no conseguir una respuesta clara se encamina de nuevo a la fortaleza.
—Estoy haciendo todo lo que me piden y ni una mierda de información me dan.
Camina por el pasillo que da a los calabozos, donde se encuentra una multitud de personas que han sido utilizados para las nuevas creaciones en drogas y armas; decide desviarse hacia su lugar privado donde puede ser Dasha sin que nadie se dé cuenta.
Al entrar a la lejana y desolada habitación, desbloquea la radio que fue remplazado por su celular para evitar tener comunicación con el exterior y crear un atentado contra ella. Aprieta el botón de privado y llama al único hombre que, es cierta manera, la satisface sexualmente.
—Necesito que vengas al mismo lugar de siempre.
—Estoy desembarcando las armas.
—No me importa lo que estas haciendo. Te estoy ordenando que vengas, imbécil. Recuerda quien soy.
Sin escuchar su respuesta cuelga y avienta la radio haciendo que se estrelle con la pared y caída al suelo.
—Por qué mierda nadie me respeta. Soy la reina, Aina Ivanova, la hija de Alessandro.
Estresada, de deja caer en la cama y cierra los ojos para calmar la ira que se apodera poco a poco de ella. A los pocos minutos la puerta se abre, al instante, rápidamente abre los ojos y se levanta del colchón.
Sus verdosos ojos se encuentran con la presencia del joven hombre que hace días vino a traer provisiones, el cual, al encontrarla en uno de los escalofriantes pasillos de la fortaleza le fue imposible no quedar cautivado por sus encantos de mujer.
—Tardaste en llegar —le recrimina la pelinegra.
—Te dije que estaba ocupado.
Al observar bien al moreno, las escenas en su cabeza de él desnudo la envuelven en la lujuria. A pasos lentos y cautivadores se acerca al alto hombre moreno.
—Pero yo soy tu prioridad.
Como a Lev y a muchos más hombres le es imposible contenerse a los encantos de esa atractiva mujer. Sus ojos verdes claro destellan un brillo apasionante, los rosáceos labios le incitan a besarla con salvajez y, al ver la delgada cintura, las manos le pican por tomarla con posesividad y pegarla a su cuerpo.
Esa mujer es una tentación.
La pelinegra posa sus manos en los anchos hombros del ruso, acerca su rostro al casi atractivo hombre, posa sus labios sobre los suyos a punto de tocarse y susurra.
—Soy Aina Ivanova, tu futura reina. Y tú eres un Volkov, apella persona que fue entrenada para cuidar de mí, quien arriesga su vida y se inca frente a mi… ¿Te quedó claro?
Lev asiente ante las palabras de la mujer. Él se considera afortunado de poder estar en la cama con una mujer de mayor poder y atractivos cautivadores, no dudo en aceptar acostarse con ella el día en que se le ofreció.
—Lo tengo claro mi reina.
Al sentir la sumisión del hombre alimentar su ego le sonríe y sin dudarlo, lo besa. Al instante Lev sujeta su cintura y la guía hacia la cama para saciar su apetito s****l.
Lev al tener a la pelinegra desnuda bajo él, se desabrocha el pantalón y lo baja junto a su bóxer. Al instante su m*****o rojizo e hinchado rebota, y atrapa la atención de la mujer de ojos verdes.
Con ansiedad, se coloca el preservativo y sin esperar a la orden de su futura reina la penetra satisfaciéndose a ambos con la invasión.
Rasguña y muerde la piel la maltratada piel del hombre que, con los años, desde su niñez, fue entrenado bajo al mando de una de las mafias más peligrosas dejando ligeras y graves marcas.
—Más Lev~
El hombre al escuchar implorar a su reina profundiza sus embestidas.
Por un momento la joven mujer se recrimina por implorar, ella nunca debe implorar y mucho menos rogar. Con el ego herido avienta al hombre y se sube arriba de él, se auto penetra y comienza con el baile cautivador de sus caderas.
El hombre comienza a implorar por más, y eso enorgullece su ego de la futura reina. Sus manos se posan sobre sus piernas y malluga su piel canela con fuerza al sentir el éxtasis apoderarse de él.
Los cuerpos sudan, se contraen y en un minuto más de adrenalina, el hombre se libera vaciando su semen en el plástico, la pelinegra continúa moviéndose hasta saciar su propio placer y, en segundos, gime y mancha el plástico con su esencia.
Cansada por el encuentro, se deja caer aun lado del joven hombre.
—Debes hacer algo por mí.
El hombre al escucharla, se levanta de la cama y comienza a vestirse; sabe que Aina no es una mujer que muestre afecto y está de acuerdo con ella, después de lo vivido con el italiano es entendible su forma de ser.
Atento, escucha lo que le pedirá.
—¿Qué es? Qué quieres que investigue.
La mujer con una sonriente sonrisa se levanta de la cama y, desnuda, camina hacia el joven hombre que lo tiene cautivado como un titiritero maneja la marioneta.
—Investiga la fecha específica de mi coronación.
El hombre al escuchar sus palabras se le hace una riesgosa y complicada misión.
—Sabes que esa información nadie lo sabe, solo Pavel.
—Lo sé, y tu te encargarás de hacerlo hablar —lo apunta con su dedo índice.
Sabe que no puedo contradecir a la mujer con alto ego y para no hacerla de enojar le responde con sensatez.
—Será complicado hacerlo hablar.
—Solo dime si puedes con el trabajo, sino para conseguir a alguien capaz de hacer lo que le estoy pidiendo.
Sus palabras dañan el ego del hombre haciendo que rápidamente se oponga.
—No, yo lo haré… Puedo hacerlo.
Satisfecha por su manipulación sonríe de manera sínica.
—Quiero la respuesta lo más pronto posible.
El ruso asiente y al terminar de abrochar su camisa se acerca para besar a la pelinegra, pero ella se aleja moviendo la cabeza aun lado evitando el beso.
—Vete a hacer lo que te pedí.
Ante su indiferencia el hombre asiente y sin más que hacer sale de esas cuatro paredes.
—A mi nadie me daña mis planes.