Bajo los ardientes rayos del sol, la extravagante pelinegra de ojos verdes, como un zafiro; sus pies toman impulso y en un salto cae al suelo al sentir los disparos a sus espaldas. Con precaución se arrastra por la arena, se oculta detrás del bulto de arena, levanta ligeramente la cabeza y al confirmar su objetivo, sujeta con fuerza el PPS-43C SBR. Su pupila se enfoca en el la mujer de cabellos negros, una prisionera quien fue traída a las arenas junto a nueve prisioneros más. El objetivo es matar a Aina, aquel que logre hacerlo se le liberará de su condena, ese en el premio del prisionero.
Al lograr captar a la última víctima aprieta el gatillo dejando salir la bala que en nanosegundos atraviesa la piel de la mujer, le explota el cráneo y el cuerpo sin vida cae en la arena dando por terminada la batalla. De nuevo ha ganado.
La delgada mujer de atractivas curvas se levanta de la arena y con orgullo levanta el arma indicando que ha ganado la batalla. Diez personas contra ella y no lograron acabarla.
Sus verdes ojos admiran el panorama, un inmenso terreno repleto de arena machada de sangre por los diez cuerpos sin vida, aquellas almas que, al iniciar el combate comenzaron a cazarla, pero gracias a sus entrenamientos ah logrado superar todas las pruebas.
Por los cielos aparece un Sikorsky UH-60 Black Hawk. El helicóptero se acerca a la mujer, al ver la nave pensó que venían a su rescate, pero a lo lejos logra percibir a los cinco hombres armados, su instinto de supervivencia la hace de nuevo tirarse a la arena y el helicóptero al pasar por encima de ella una lluvia de plomo comienza a caer.
Rápidamente sus manos tratan de hacer un hoyo en el la arena para evitar el impacto de las balas, pero una de las ella raspar la piel de su pierna haciendo una herida. Sin dejar de cavar, otra bala pasa por su hombro y le hace otra herida.
— ¡Hijos de perra!
El dolor en su brazo le impide cavar, sin rendirse, dobla su delgado cuerpo y trata de protegerse. Con esfuerzo estira su mano y rápidamente toma el arma, y sin dudarlo aprieta el gatillo dejando salir las balas una tras otras sin parar directa a los hombres. Una prueba más, como un examen sorpresa.
Al derribar a dos hombres, el helicóptero da la vuelta y regresa con otra lluvia de balas. Desde una larga distancia la pelinegra de nuevo comienza a disparar sin detenerse y antes de que las balas la dañen más, los tres hombres restantes mueren por las perforaciones en sus cuerpos. Unos de ellos caen a la rena y su sangre se esparce por la arena por el impacto de gran altura.
Al dejar de sentir las balas, el helicóptero se aleja y regresa por donde vino. Una vez más ha ganado.
El pulso le palpita en la cabeza y en el pecho, fue inoportuno otra prueba que no le mencionaron con anterioridad. Cansada, suelta el arma sin municiones, su mano directamente aprieta la herida en su hombro; con la poca fuerza que le queda sale de la arena y se sienta en espera de Pavel.
En unos cortos minutos, a lo lejos, se escuchan dos camionetas Humvee aparecer en el campo de batalla, indicando que Pavel viene por ella. Se levanta de la arena en espera del ruso; a dos metros de ella las camionetas se detienen, las puertas se abren y entre ellas, baja su instructor y varios Volkov.
—Ha ganado la batalla, воин (voin) —menciona el ruso con estimación.
(воин (Voin): Guerrera)
Las palabras del ruso enorgullecen el ego de la mujer herida.
—Una verdadera guerrera siempre ganará.
La pelinegra le avienta el arma a un soldado de larga caballera azabache, de inmediato el hombre la atrapa; dejando el dolor de lado, se acerca a Pavel.
— ¿Por qué no me hablaste de una emboscada?
—Fue una prueba. No debe confiarse, siendo la próxima reina todos estarán detrás de su sangre. Recuérdelo muy bien, esta es una guerra no un tratado de paz.
Asiente ante sus palabras.
Sin importarle el dolor y las gotas de sangre que manchan su uniforme, con altiveza y elegancia, como si estuviera modelando en las grande y famosas pasarelas de París, sube a la camioneta sin decir nada. Detrás de ella los hombres imitan su camino y emprenden su camino de regreso a la isla.
—¿Cuántas más batallas tengo que enfrentar?
La mujer pregunta después de darle un gran sorbo a su botella de agua. Con paciencia, el rubio la mira y decide aclararle el tema.
—Sé que está muy impaciente por su coronación, pero debe esperar. Un poco más.
Al escuchar las palabras del hombre la mujer se altera, ella no está dispuesta a esperar más tiempo, no puedo mover las piezas del ajedrez, sería un cambio de jugada y podrían perder el juego.
—¿Por qué alargan esto? He demostrado mis habilidades en todo momento, los prisyazhnyye me han evaluado. ¿Qué mierda es lo que falta?
(присяжные (prisyazhnyye): Jurados)
—En realidad nada. Solo se esta esperando el momento adecuado en realizar el evento.
—Si no hacemos la coronación antes, alguien más vendrá a decir que es la hija de Alessandro, así como muchas falsas han venido.
La pelinegra se ha encargado de presionar a los prisyazhnyye. Ha hecho todo lo posible para adelantar su coronación.
—Si alguien más viene morirá en el intento. Los Volkov estamos seguros que usted es la próxima reina. No hay duda que es hija de Alessandro.
La pelinegra sonríe al escuchar las palabras de Pavel. Todo su esfuerzo a dado frutos y así será hasta que derrumbe a todos los peones del tablero, se enfrente a la reina, la destruya y tome su lugar.
Rendida, prefiere callar hasta llegar a la fortaleza.
En largos minutos y horas, atraviesan tierra y el mar logrando llegar a zona privada de Alessandro, una inexistente fortaleza para todo el mundo.
Al llegar a sus aposentos la pelinegra sube a limpiar su cuerpo y en seguida procede a curarse las ligeras heridas, para después cocerlas.
Ha pasos delicados sale de su alcoba y se encamina a perderse por los pasillos, evitando a los pocos Volkov que vienen a la fortaleza. Al encontrase con la grande puerta de grueso roble, con fuerza la abre y analiza su entorno, no hay nadie. Se adentra y por medio del innovador sistema computacional, con la rapidez de sus dedos lograr encontrar las cámaras de los blancos laboratorios.
Sus ojos se enfocan en los tres científicos, uno de ellos hace prueban, otro apunta en un cuadernillo y el otro graba el momento. Con otro movimiento audaz logra encender el audio. De inmediato los gritos del deteriorado hombre suenan en las bocinas.
—¡Déjenme!
—Cúbrele la boca —ordena el hombre con el bolígrafo en la mano.
El segundo hombre, el de la cámara, asiente y con una cinta gris cubre la boca del hombre haciendo casi inaudibles sus gritos. Al tener a la víctima inmune, el tercer científico le inyecta la sustancia negra contenida en la jeringa; de inmediato el hombre se caya y entra en el nirvana.
—Debemos tenerlo en observación, han pasado más de diez dosis y su cuerpo muestra el deterioro.
La pelinegra pone atención a sus palabras, logrando grabarse cada palabra en su mente.
—¿Qué cambios has notado?
—Anteriormente sus órganos intestinales dejaron de funcionar, la sangre dejo de circular. La droga está haciendo su efecto…
El hombre no termina sus palabras al percátese que la víctima abre los ojos. Los tres hombres se enfocan en el prisionero y lo observan con detenimiento.
—Ha entrado en estado de sumisión —avisa en hombre de cabello platinado, quien da informes a sus colegas —. Suéltenlo.
El científico de la cámara, con rasgos asiáticos asiente. Retira los cinturones del mallugado cuerpo del hombre, para después quitarle la cinta de su boca. El hombre de inmediato cae al suelo, como si hubiera perdido el movimiento.
El canoso hombre deja su cuadernillo sobre la mesa de metal junto al computador y se inca enfrente del hombre para verlo a los ojos.
—Levántate —le ordena.
El moribundo hombre se queda quieto, de nuevo se escucha la voz del hombre ordenándole levantarse, y como si de un robot se tratará, con dificulta el esquelético cuerpo del hombre se levanta.
—Anota… A partir de la décima dosis el paciente pierde la conciencia, el habla y movimiento corporal dejando que el veneno haga mutaciones en su interior.
La victima está de pie, aunque sus delgados y esqueléticos pies no le permiten sostener todo su peso, su cuerpo se mantiene doblado.
—Acércate a mí. Vamos, acércate a mi —le habla a la víctima como si se tratase de un robot.
Arrastrando los pies, comienza a acercase a él a pasos lentos.
En realidad, ha caído en un estado inconsciente de poder tomar sus propias decisiones y manejar su cuerpo. El objetivo de la droga es manejar a las personas mediante un estado de sumisión, como si fuese una marioneta.
El esquelético hombre se detiene enfrente del científico.
—Continúa grabando, Jian.
El hombre asiático asiente, toma la cámara y firma al moribundo hombre. El canoso hombre fija la mirada en la victima.
—¿Sabes quién soy?
El prisionero trata de hablar, pero sus palabras no son entendibles, lo único que se escucha es el sonido de sus palabras atorarse en su garganta.
—Hemos logrado el objetivo, señores.
Los tres hombres se alegran de lograr creer una nueva droga el cual logra controlar la mente y cuerpo de la persona.
—¡Es una maravilla!
Una sonrisa malvada se dibuja en la cara de la pelinegra. Al obtener la respuesta, rápidamente mueve las cámaras a su estado inicial, sale de la habitación de seguridad y regresa a su habitación para planear el cómo robar un poco de esa droga.
Entusiasmada por dar su siguiente paso regresa a sus aposentos, antes de llegar, entre los largos pasillos Pavel la detiene llamándola por su nombre.
—¿En dónde se encontraba señorita Aina?
La pelinegra se sorprende por su repentina aparición, disimula su sorpresa y continúa mintiendo.
—Sali a caminar, me frustro estar encerrada.
El ruso asiente y la entrega el sobre con el sello de los Volkov.
—¿Qué es?
—Hemos recibido la fecha y hora de su coronación.
La pelinegra se sorprende por sus palabras, rápidamente abre el sobre y confirma las palabras de Pavel. Con entusiasmo lo mira.
—Los prisyazhnyye han decidido que es hora de mostrar al mundo a Aina Ivanova, la hija descendiente del padrino de la mafia rusa, que esta con vida y ha regresado a tomar su corona para gobernar a los Volkov, Rusia y todo el mundo.
La pelinegra sonríe de emoción y sin dudarlo abraza a Pavel. Todo está saliendo como lo planeado, tal y como va la jugada, las piezas se mueven a su favor.
—Debemos regresar a Rusia —avisa Pavel.
Con una sonrisa siente a las palabras del ruso. Sin más que decir el ruso la deja sola para que comience con su equipaje.
Entra a su habitación y en completa alegría hace su llamada inesperada. Del otro lado de la línea escucha esa fría voz que la informa de todo.
—¿Cuál es el motivo de tu llamada?
—He conseguido el arma poderosa. La droga ha logrado el objetivo, no dudo que saldrá en unos meses a la venta.
—Es bueno escucharlo. Es un arma poderosa.
—Exacto, un arma que necesito que se lo des en pequeñas dosis. Pronto te lo enviaré.
Las palabras de la pelinegra dejan desconcertada a su informante.
—Quedamos en que no le daríamos más drogas.
—La dosis es la misma, solo que será una droga diferente —dice con entusiasmo.
—¿Estás seguro de ello?
—Muy segura.
Miles de triunfos pasan por la cabeza de la falsa reina, el éxito será suyo.
Futura reina, futura víctima…