Capítulo 16

2276 Palabras
Aina Ivanova. No estoy completamente segura si fue la mejor decisión que tomé, pero enfrentaré mi respuesta. Respiro profundamente, me enfoco en el mensaje escrito, leo de nuevo las palabras escritas, «di mi palabra y debo de cumplirla.» Con nerviosismo, le envió el mensaje a Carl. Me doy medio vuelta, miro a los hermanos y ellos me miran a mí. —Debemos prepararnos. Un largo camino nos espera. Después de sus palabras, Alek me regala una sonrisa con un mensaje que logro comprender: has tomado la mejor decisión. Asiento y termino de abrochar los cordones de mis botas de combate. Alek me entrega una grande mochila que, al aceptar, su peso me gana y la dejo caer al suelo. En una disimulada burla Lara se ríe de mí, Alek comprende y me ayuda a ponerla la mochila en mi espalda. —En cualquier momento, si no soportas el peso de la mochila no dudes de decírmelo. Asiento ante su apoyo y termino por colgar el botiquín en mi hombro. —Vamos, es hora de partir —avisa el ruso. Lara termina de acomodarse su mochila, y sin más que hacer salimos de mi casa, la casa que compró Sebastian para nosotros. Con melancolía bloqueo la entrada y al poner el código de seguridad todo se bloquea: puerta, ventanas y conductos. En medio de la oscuridad subimos a la camioneta que se rentó para nuestra partida. Alek toma el lugar del piloto, Lara el copiloto y yo atrás. Y sin dar marcha atrás, emprendemos nuestro largo viaje. Es muy poco lo que logro visualizar, y no tengo idea hacia donde nos dirigimos. Alek nos dijo que nos explicaría cuando estuviéramos lejos de la ciudad, nadie puede saber de la existencia de lo que pronto conoceremos. —Es muy lejos a donde iremos —la pelinegra no tarda en preguntar. Alek desvía su vista por unos cortos segundos de la pista y mira a su hermana. —Ya expliqué que se los diré después. —¿Por qué tanta intriga? —insiste. —Lara deja de preguntar y enfócate en descansar que el viaje que recorreremos será muy largo y cansado. —Si no me dices a dónde iremos no sabré a lo que me enfrentaré. Alek la mira de nuevo y Lara decide callarse ante la mirada de su hermano. El ruso posa su vista en el retrovisor y me mira por unos cortos segundos. —Deberías hacer los mismo, Aina. Si, esa fue la decisión que tome. Acepte tomar mi verdadera identidad. —Lo haré. Después de mis palabras un silencio profundo nos invade. Poco a poco nos alejamos de la ciudad dejando el ruido atrás. Hago caso a las palabras de Alek, me acomodo en el asiento y recuesto mi cabeza en el respaldo, cierro los ojos y me dejo vencer por el silencio de la noche. Perdí noción de tiempo. Una ligera voz me hace abrir los ojos, al hacerlo me percato que aún es de noche. —Baja, compraremos algo que comer. Ni siquiera me di cuenta en qué momento la camioneta dejo de avanzar. Salgo de la camioneta, al hacerlo el frio aire golpea mi cuerpo y me encojo en mi lugar. Alek levanta la mano para llamar mi atención, me acero a los hermanos y al estar con ellos entramos al establecimiento. —Tomen lo que necesiten. Al escuchar las palabras de su hermano Lara sale corriendo a comprar sus cosas. Alek me mira y con un movimiento de cabeza me indica que haga lo mismo. Asiento, emprendo mi camino por los estrechos pasillos de la tienda. Tomo lo necesario, agua, comida empaquetada, papel y unos pocos dulces que se me antojaron. Alek nos espera, soy la última en llegar y Alek paga por mis cosas, salimos de la tienda con nuestras bolsas en las manos y las metemos a la cajuela. De nuevo entramos a la camioneta y continuamos nuestro camino. Reviso la hora en mi reloj y confirmo que son 4:00 AM. De nuevo me acomodo en el asiento y como un poco de los chocolates que agarre. Lara también abre el paquete de comida y comienza a disgustarlo: me enfoco en Alek y el continúa manejando seriamente y recuerdo que él no agarró nada de la tienda. Enderezo la espalda y le extiendo el paquete de chocolates. — ¿Quieres? Alek me mira rápidamente y sonríe. —No puedo, tengo las manos ocupadas. Sonrío al comprenderlo. Saco un chocolate y se lo pongo en los labios. Alek sonríe y abre la boca, introduzco el chocolate en su boca y lo suelto. —Gracias. Le sonrió y regreso a mi lugar recargando de nuevo mi espalda en el cómodo respaldo. Al instante Lara se queja. —¡Ay por dios! Si quieren follar háganlo donde no los pueda ver. Ante las palabras de Lara me ruborizo y me encojo en mi lugar. —Lara cállate. No digas impudencias —Alek se molesta ante su comentario. —Yo solo les aviso. No quiero saber sus intimidades. —Lara. De nuevo Alek le reprocha, ella entiende y continúa comiendo las papas. Termino de comer la golosina y me acomodo de nuevo en el asiento, cierro los ojos y de nuevo me quedo dormida. El cansancio desaparece de mi cuerpo, abro los ojos y me encuentro con la desolada carretera y el resplandeciente sol. Me fijo en Lara y ella está mirando a través de la ventana, miro a Alek y el continúa manejando sin dejar de despegar su vista en la carretera. A estas horas del día debemos encontrarnos muy lejos. —¿Falta mucho para llegar? Mi voz atrapa la atención de Alek que no duda en mirarme por el retrovisor. —Para llegar a nuestro destino, mucho. Haremos una parada. Asiento y me acomodo en mi lugar, hago lo mismo que Lara y observo el camino. Por cinco horas más la camioneta disminuye su velocidad y a unos metros visualizo un helicóptero en medio del terreno desolado al que entramos. Tanto Lara como yo nos sorprendemos. —Esta es la primera parte del viaje. Debemos abordar el helicóptero. Alek se estaciona, se baja al igual que Lara y los sigo. Estiro mis piernas y todo mi cuerpo, sacamos el equipaje y con más fuerza me pongo la mochila, el botiquín y las bolsas. Dejamos atrás la camioneta, caminamos unos pocos metros y por detrás del helicóptero un hombre sale que de inmediato detengo el paso y me pongo en alerta. Alek se acerca al hombre y en confianza se saludan. Al notar ese afecto mi instinto de peligro se desvanece. —Aquí tienes tu encargo. —Gracias por prestarlo —le agradece al mediano hombre de tatuajes. Alek baja su mochila, la abre y saca un fajo de dólares, me sorprendo por la cantidad de dinero. Le avienta el fajo y el hombre de inmediato lo atrapa. —Iré después por él en lugar acordado. —Ahí lo dejaré. —Suban, está en buenas condiciones. Alek asiente. El hombre de brazos y cuello tatuados toma las llaves que le da rubio, se sube a la camioneta y se marcha del lugar dejándonos solos en medio de la nada. —Debemos subir. Alek se acerca al helicóptero, se sube primero y acomoda su mochila, después Lara le entrega sus cosas y le ayuda en subir, por último, me quedo yo. —Debemos seguir avanzando. No digo nada y me descuelgo la mochila, con fuerza la levanto, él al acepta, el paso las demás cosas y por último me ayuda a subir. Nos acomodamos en los asientos, Alek toma el lugar del copiloto y me asombro. —¿Tu manejarás el helicóptero? —Si. No te asustes, se manejar avionetas, aviones, tanques de guerra, submarinos. Tu padre me lo enseño. Me sorprendo por sus habilidades. Sí que mi padre lo entreno bien y me enorgullece que mi padre lo haya entrenado, eso quiere decir lo increíble, valiente y respetado hombre que fue. «Me hubiera gustado pasar más tiempo con él.» El ruso nos indica abrocharnos los cinturones, él se prepara enciende los motores y al estar listo avisa que emprenderá el vuelo. Con nerviosismo, mis manos sujetan el cinturón y al sentir como despegamos cierro los ojos y trato de controlar mi miedo. —Estamos en el aire. Al escuchar las palabras del rubio, abro los ojos y miro hacia abajo. Se me eriza la piel a ver la altura, me enderezo en mi lugar y opto por no mirar por la ventana. Pasan cuatro horas más y no he dejado de apretar la cinta del cinturón, aunque perdí en miedo a los pocos minutos de despegar. —Hemos llegado, vamos a descender —avisa el rubio. Miro de nuevo hacia abajo y noto el grande campo. Aprieto más fuerte la cinta al sentir la opresión en mi estómago. Al llagar a tierra las alas del helicóptero comienzan a disminuir su velocidad. Alek de apaga los motores, de desabrocha el cinturón y nos voltea a ver. —Iremos por algo de comer —avisa. Bajamos de la nave, sacamos las mochilas y caminamos unos metros más para encontrarnos con otra camioneta. Si que Alek tiene todo planeado. Con unas simple palabras el ruso da la orden de que entremos. Estoy muy confundida, el camino es muy largo y no sé hacia donde vamos, es mucho misterio. En una hora nos adentramos a la ciudad y ahí nos estacionamos para comer. Entremos a un local de comida, nos dirigimos a una mesa, nos atiende y en pocos minutos nos traen los alimentos. —Aliméntate bien. Lo más difícil vendrá después. Sus palabras me asustan, pero haga caso a su petición. Como lo necesario hasta sentirme llena y satisfecha. Alek paga la cuenta y continuamos con nuestro camino. No puedo continuar con la intriga. —Alek, ¿hacia dónde vamos? ¿qué es lo más difícil por hacer? No puedo quedarme callada por más tiempo necesito saber hacia dónde vamos. —Es momento de decirles. Lara y yo captamos nuestra atención en el rubio. Él respira hondo, para después explicarnos. —Cuando te explique que tu padre me entreno para cuidarte, es porque me hizo su confidente, su mano derecha, como lo quieras llamar. Sé todo de él, de su imperio... Hacia donde vamos nadie sabe de su existencia y espero que siga así, solo los tres debemos se saber de su existencia. —¿Qué es eso que nadie sabe? Sin dejar de mirar la carretera continúa explicando. —Bunkers —explica, en una palabra —. Alessandro tiene bunkers escondidos por todo el mundo, nadie sabe de su existencia solo yo. Sé en donde está cada uno. —¿Qué hay en los bunkers? —esta vez Lara pregunta. —Son los tesoros de Alessandro. Están repletos de dinero, joyas, armas de alta tecnología, entre otras cosas de alto valor y tecnología. Me impresiono por su confesión. En verdad que mi padre confió mucho en Alek como para saber en donde se encuentran los bunkers. —Iremos a un bunker por dinero y armas. Lo que necesitamos para defendernos. —Si, Aina. A esos venimos. —¡Wow! Es impresionante la inteligencia del padrino —Lara alaga a mi padre —Hubiera sido un buen daddy. Alek le reprocha, la castaña sonríe y se calla. —¿Cuántos bunkers hay en total? —pregunto. Alek me mira por el retrovisor. —Veintisiete en total. Quedo totalmente impresionada. —En todo este tiempo por qué no fuiste a los bunkers. Alek sonríe al comprender mis palabras. Cualquier persona que supiera la ubicación de los bunkers hubiera robado, pero Alek lo no hizo y me impresiona su lealtad. —Esos bunkers fueron creados para mantener el imperio ruso. Tu padre tenía muchos enemigos y todos querían su fuerte imperio, aun lo quieren… En caso de colapsar se requerirá a los bunkers para retomar el imperio, y hasta el momento no se ha requerido… Y sobre tu pregunta, nunca traicionaría a Alessandro, el dio mucho por mí y mi hermana, no tendría como pagar su ayuda y lo menos que puedo hacer el mostrar mi lealtad, aunque ya esté muerto. Comprendo sus palabras. El resto del viaje explica un poco el mapa que tiene grabado en su mente. Y del solo escuchar que tenemos que atravesar el bosque Palgrave Forest and Wildlife Are me pone en alerta. —Pero Palgrave Forest and Wildlife Are es un lugar turístico —intervengo. —Si lo es, pero no nosotros no vamos de vacaciones. Iremos más allá de lo que está permitido llegar. —Si que es un largo viaje por recorrer —dice Lara en dramatismo —. Continuare descansando, se viene lo peor. —Si háganlo, tienen que tener mucha fuerza para caminar. Me preocupo por mi salud. Si dicen que es lo más difícil debo prepararme y no desvanecerme en el camino. Después de dos horas más nos detenemos en la entrada del bosque, justo como lo explico Alek con anterioridad. —Hemos llegado. Prepárense —avisa el ruso. Salgo del vehículo y una ráfaga de viento con olor a naturaleza húmeda me golpea. Me pongo frente al lugar y observo lo profundo que es, la gran altura de los pinos y la soledad de lugar. ¿Este es el precio de ser Aina Ivanova? Si, eres la hija de Alessandro Ivanov y debes ser fuerte porque tu padre lo fue y dio la vida por ti. Eres su descendencia, la próxima reina de Rusia. Ese es mi lugar, esa es mi verdadera identidad.
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