Recojo mi cabello en un moño alto, me lleno de valentía al recordarme quien es mi padre y por qué estoy aquí. Voy a la parte trasera de la camioneta, Alek me entrega mi mochila, la cuelgo en mi espalda, tomo mis pertenencias y nos preparamos para comenzar nuestro viaje.
Antes de entrar a la profundidad del bosque, el rubio me deja con Lara, él se llevará la camioneta lejos de nosotros, para que no dejar sospechas de que nos detuvimos en el parque.
Minutos más tarde regresa Alek, se acomoda sus mochilas sobre su ancha espalda y emprende el camino adentrándose al húmedo lugar, Lara y yo lo seguimos.
Entramos al bosque rodeándonos de naturaleza.
—Aina, si en cualquier momento te sientes mal me tienes que avisar. No te quedes callada.
—Ok.
Sigo el camino del ruso, él se detiene un momento, analiza su entorno y al recordar el camino se desvía y lo seguimos. Minuto, tras minuto no nos detenemos. El camino se vuelve pesado y complicado por las grandes piedras y las ramas. Los frondosos arboles nos complican la vista, las botas se me llenan de lodo y me hacen los pesados.
Con mis manos y ante brazos aparto las ramas de mi camino. Un rio se nos atraviesa y tenemos que saltarlo; al primer intento meto el pie en el agua y antes de que me lleve la corriente Alek me toma de la mano y me jala logrando sacarme de la corriente de agua.
— ¿Estas bien? —pregunta, preocupado.
—Si.
Continuamos caminando sin parar, a cada minuto el dolor es más intenso en mi espalda, pero es un dolor que soporto. No digo nada y sigo al rubio. No detenemos un momento para que Lara haga del baño, después seguimos adentrarnos al bosque.
Nos encontramos con un estanque el cual nos impide pasar del otro lado. Alek toma la decisión de rodearlo, eso implica alargar el camino. Me detengo un momento para quitarme el lodo de las botas que no me permiten seguir, los limpio con la húmeda hierva, rápidamente retomo mi camino y alcanzo a los hermanos.
No sé cuánto tiempo llevamos caminando, pero poco a poco el sol se está ocultando y las piernas se me están doblando «me estoy quedando sin fuerza.» Me detengo para descansar por un momento, los hermanos no se dan cuenta, respiro profundamente y continuo detrás de ellos; avanzo rápido para que no se den cuenta de mi agotamiento. Ellos son fuertes, están entrenados para esto y no se ven cansados, mucho menos Alek que manejó por horas y no ha descansado.
Continúo caminando, otro obstáculo, una gran montaña nos impide continuar.
—No podemos escalarla —comenta el rubio.
— ¿Por qué no? —pregunta su hermana —. Ambos sabemos escalar.
—Si, pero Aina.
Lara comprende el motivo y no duda en demostrar su molestia.
—Si claro. Aina no pude hacer nada. No sabe nada.
—Lara, cállate.
Las palabras de Lara me desaniman, pero trato de no demostrarlo.
—Debemos rodearla —propone el rubio.
— ¿Qué? ¡No! Será una pérdida de tiempo rodearla. Es más camino.
—No hay otra opción… Sigamos.
Decidido, Alek toma otra ruta y Lara al pasar por mi lado me susurra cerca de mi oído.
—Solo complicas las cosas.
Al terminar sus hirientes palabras va detrás de su hermano.
Le doy razón a lo que dijo, si no fuera por mi inexperiencia ya hubiéramos avanzado más, pero tuvimos que rodear el estanque porque no sabía nadar y ahora la montaña porque no sé escalar.
No puedo quejarme, lo menos que debo hacer es demostrar mi cansancio, no puedo atrasar más el camino.
Con la poca fuerza que me queda continúo caminando. Nos detenemos unos minutos para que Alek haga del baño y aprovecho para quitarme la pesada mochila y también voy al baño. Al sentarme sobre mis pies me relajo y descanso esos cortos segundos en lo que hago mis necesidades.
Al terminar me levanto y me encuentro con el rubio. Se pone las mochilas indicando que continuaremos; imito su labor, pero la mano se me dobla y la pesada mochila cae en la tierra llamando la atención de los hermanos.
— ¿Estas bien, Aina?
El primero es preocuparse el Alek, el rubio.
—Estoy bien. No te preocupes.
Estiro la mano para levantar la mochila, pero me tiembla. Tomo rápidamente la mochila para que Alek no se dé cuenta, pero demasiado tarde, él lo ha notado.
—¿Estas cansada?
—No, no lo estoy —me niego al instante.
—Las manos te están temblando.
—Es por el frio.
Alek no cree en mis palabras.
—Podemos descansar un poco.
Rápidamente la pelinegra reprocha.
— ¿Descansar? No podemos atrasarnos más tiempo, la noche esta por caer.
—Lo sé Lara. Pero descansar un poco nos hará bien.
—No… Tomas esa estúpida decisión por ella —me señala —. Por su culpa nos estamos atrasando más de lo normal.
—Lara cállate. Si quieres seguir lleva su mochila y continuemos.
Los hermanos discuten y me siento incomoda. Ante las palabras de su hermano, Lara lo duda.
—Si no puedes llevarla mejor cállate y descansa.
Lara se traga su coraje y con molestia deja caer la mochila para alejarse de nosotros.
—¡No te alejes demasiado Lara! —grita.
—¡Vete a la mierda! —le responde.
Como todo ser humano, entre hermanos siempre hay discusiones. Al estar solos me disculpo con Alek.
—Perdón por atrasar el camino. Pero sabes que no estoy acostumbrada.
—¡Hey! No tienes por qué disculparte. Comprendo que no tienes la misma resistencia que nosotros.
—Podemos seguir, no hay necesidad de detenernos.
Si lo necesito, pero no quiero atrasarnos más.
—Aina. Te dije que me avisaras cuando estuvieras cansada.
—No lo estoy. Te he dicho que es por el frio.
—No mientas y mejor descansa.
No digo nada y me tiro en la húmeda tierra importándome poco que se me ensucie el culo. Me estiro para que mis huevos truenen y descanse mi cuerpo. Al poco tiempo regresa Lara y se sienta sobre una piedra.
Alek saca comida de una de sus mochilas, me entrega un sándwich empaquetado, otro a su hermana que no duda en tomarlo y el otro lo come él.
Terminando de comer guardamos la basura y bebemos un poco de agua, nos levantamos y agarramos nuestras pertenencias. Antes de continuar Alek se acerca a su hermana y en voz baja la regaña.
—No quiero que te vuelvas a comportar como una niña malcriada. Recuerda bien con quien estás hablando, es la hija de Alessandro Ivanov y recuerda lo que él hizo por nosotros.
Aunque le haya reprochado en voz baja lo puede oír.
Lara asiente, y molesta se cuelga la mochila, Alek hace lo mismo, con una mirada me dice que debemos continuar. Con un poco más de fuerza comienzo a seguirlo.
Paso a paso las ramas golpean mis brazos y alguna me raspan la piel, lo ignoro y continuo. El cielo comienza a nublarse y después pequeñas gotas de agua nos empapan, pero eso no nos detiene el camino, aunque si no los dificulta.
La tierra se ablanda más y al dar mis pasos me resbalo. Me animo a seguir, no puede dejar que digan que soy una inexperta, una carga porque no los soy, soy más fuerte de lo que creen.
Me mentalizo lo fuerte que soy y sin poder creerlo logro rebasar a la pelinegra poniéndome a un lado del alto rubio. Se percatada de mi presencia, me mira y después me sonríe.
—Resiste más. Estamos por llegar.
Le sonrió y voy a la par de sus largos pasos. La ropa se me adhiere a la piel y el frio comienza a hacer de las suyas. Ignoro mi ropa moja, la pesadez en mis pies por el lodo, la debilidad de mis rodillas, el temblor en mi cuerpo y el dolor en mi espalda y continúo estando a la par del rubio.
—¡Mierda!
Ante el grito de Lara, Alek y yo volteamos. Al verla nos damos cuenta que su pie quedo hundido en el pantano de lodo que esquive. Su hermano rápidamente se acerca a ella y toma su mano. La jala, pero el peso de la mochila y el de ella no le permite sacarla, rápidamente me les acero y tomo la otra mano de Lara, ella la acepta y con fuerza la jalo, pero mi pie resbala y se mete al pantano. Alek suelta a su hermana y me ayuda a salir; al soltarla Lara se hunde más que medio cuerpo queda libre.
Rápidamente bajo la mochila de mi espalda, saco la cuerda que Alek me dio a guardar, el rubio entiende mi plan, le hace un dudo a la cuerda y se la avienta a Lara, ella la atrapa.
—Sujétala a tu cintura —le digo.
Hace caso a mis palabras, se ata a la cintura y al terminar de hacer el nudo Alek y yo jalamos fuerza, hecho mi peso hacia atrás y con más fuerza logramos sacarla del lodoso pantano, al instante caigo al suelo y Alek suelta la cuerda para auxiliar a su hermana.
Preocupado, sujeta su rostro y la hace que lo mire.
— ¿Está bien?
—Estoy bien.
Alek le sonríe y besa su frente. Lara no se queja ante su muestra de afecto, aunque hace unos minutos atrás lo insulto.
—¿Puedes seguir?
—Si, puedo hacerlo. No te preocupes, soy fuerte lo recuerdas.
—Eres fuerte —confirma.
Le ayuda a levantarse, después levanta la cuerda y la enrolla. Me levanto del lodoso suelo, Alek me extiende la cuerda y la guardo de nuevo. Me cuelgo la mochila de nuevo y continuamos.
Minutos más tarde la noche cae y Alek nos ordena encender las linternas. Seguimos caminando y al percatarme que Alek dejo de caminar me detengo.
—¿Qué sucede?
Alek se queda callado, está analizando nuestro entorno, que para mí es igual desde que comenzamos a caminar.
La luz de su linterna se mueve de un lado a otro y al detenerla miro hacia donde alumbra y miro la piedra cubierta de musgo.
—¿Qué hay ahí? —pregunto algo preocupada.
—Hemos llegado —anuncia el rubio.
—¡Al fin! —grita de emoción Lara.
Nos acercamos a la piedra, que no es piedra, lo confirmo al estar enfrente de ella.
Alek le entrega su lampara su hermana y le pide que lo alumbre, Lara comprende y le alumbra. Con sus dos manos toma el musgo, lo jala y lo tira al suelo. Poco a poco comienza a ver la puerta de acero.
Al quitarle toda la hierba percibimos la pequeña construcción.
Alek me voltea a ver feliz.
—Esta es la bodega número doce.
Sonríe de emoción y puedo ver como su rostro hace gestos de alivio.
—¿Cómo entramos? —digo al espantar los molestos moscos que me rodean.
Alek comprende mi pregunta y en la esquina de la puerta levanta una tapa dejando ver una pequeña pantalla digital. Con el aprendizaje que guarda en su cerebro ingresa la contraseña, la pantalla se pone en amarillo y se escucha como se desbloquea el seguro.
Alek me voltea a ver y me extiende su mano. Lo miro confundida.
—Préstame tu mano derecha.
Desconcertada, me acerco más a él y pongo mi mano sobre la suya.
—Extiende los dedos.
Los extiendo los dedos y el dirige mi mano a la pantalla. Mi mano hace contacto con el aparato, una luz verde la escanea y al instante la pantalla se pone en verde mostrando las palabras: acceso correcto.
Me impresiona que mi mano sea la clave del bunker. Al instante la puerta de metal se levanta dándonos el acceso a unas oscuras escaleras.
—Entremos.
Alek entra primero, después Lara y por último yo. Al terminar de entrar la puerta baja, se cierra y nos encierra en la oscuridad. Continuamos alumbrando con las lámparas y al terminar de bajar nos encontramos con una puerta de cristal, Alek toca con sus manos los lados y aprieta el botón rojo. De inmediato las luces se encienden y la segunda puerta se abre.
Una grande estructura rodeada de vidrios blindados con grandes puertas de acero nos recibe.
—Esto esta increíble.
Mis ojos no paran de analizar el lugar, estoy impactada por lo que estoy viendo.
—Nos quedaremos un día aquí para descansar —avisa el rubio.
—Que genial.
A Lara parece encantarle el lugar.
—Al fondo están las habitaciones, hay dos. El baño está a la derecha —con su dedo índice nos señala el lugar —. Ese es el cuarto de seguridad y lo demás son almacenes, ya saben de qué.
—Iré a darme una ducha no soporto el lodo en mí.
—Ve.
Lara de dirige a una habitación y ahí se queda. Me quito la pesada mochila y miro al rubio.
—No puedo creer que esto sea verdad.
—Lo es, linda. Y hay más de estos, cada uno es diferente y con más tecnología.
No puedo dejar de estar sorprendida, esto es inimaginable. No puedo imaginar el poder, el dinero, la inteligencia de mi padre; la persona que fue en vida, como dicen, el mejor mafioso de los tiempos.
—Ve a limpiarte y después les explicaré todo lo que hay aquí.
Sin pensarlo, suelto las palabras.
—Gracias.
Alek se sorprende y me mira confundido.
—¿Por qué?
—Por tu lealtad a mi padre, por encontrarme y ayudarme.
—Mi deber es protegerte.
—Gracias a ti puedo darme cuenta de quien es mi padre, quien soy y de dónde vengo.
—Eres Aina Ivanova, de eso estoy seguro.
Le sonrió y el me sonríe.
—Bien, iré a ducharme.
Sin tomarme la molestia de cargar de nuevo la mochila la arrastro hacia la otra habitación. Me adentro y la analizo, es sencilla, una cama, un sencillo ropero y un espejo, nada más. Dejo la mochila en una esquina y comienzo a quitarme la sucia ropa. Cubro mi cuerpo en la una toalla y salgo para ir al baño, al entrar me encuentro con Lara quien se está tallando su larga melena.
El baño es grande, tiene dos regaderas, una taza, un mingitorio, el lavamanos y un espejo. Me poso en la otra regadera, me quito la toalla y abro las llaves. Me sorprende que el agua este caliente. Comienzo a limpiarme y al hacerlo veo los pequeños hematomas en mi cuerpo, mis antebrazos son los más dañados. Lara sale del baño y me deja sola. Termino de ducharme y salgo, al salir me encuentro con Alek esperando afuera.
—Puedes entrar —le aviso.
Él asiente y se mete al baño, me dirijo a mi estancia y me cambio de ropa. Al terminar de arréglame salgo del cubículo y camino hacia el centro del bunker. Detalladamente analizo todo a mi alrededor.
No tengo palabras para describir la ingeniosa mente de mi padre, creó este lugar para proteger su imperio, comprendo el por qué veneran a mi padre, el respeto y la envidia que le tienen al imperio de los Ivanov.
Con un poco de nerviosismo me acerco a la primera puerta. La puerta es de un grueso acero, no puedo ver a través de ella, pero si hay un orificio de vidrio que permite ver del otro lado. Precavida, me acerco, poso mi vista en el rectángulo y miro los grandes estantes metálicos repletos de bolsas platinadas y grandes cajas de cartón.
No hay nada raro dentro.
Despego la vista del vidrio, me alejo y me doy la vuelta. Al mirar a Lara frente a mí, su presencia me sorprende, pero de inmediato al reconocerla callo el grito.
— ¿Viniste a observar?
Sin decir nada asiento con la cabeza.
—También vine a observar. Aún no puedo creer que el padrino haya creado esto… Es simplemente asombroso.
—Lo es para mi también… Yo no recuerdo a mi padre, no sé nada sobre mi infancia, tengo la mente borrada y me es impactante ver que mi padre es más que un ser humano.
—Alessandro no es un humano cualquiera. Fue muy inteligente, fuerte y asusto. Era un gran gobernante, toda Rusia e incluso el mundo lo respetaba. Esa era la envidia de muchos gobernantes políticos, de los de la realeza, las otras mafias. Todos querían ver al padrino muerto, quieren su imperio y el sabía la clase de enemigos que tiene.
Me sorprendo por la fluidez con la que tenemos la conversación. No digo nada y continúo escuchándola.
—Muchas mujeres peleaban por él, además de ser inteligente, era un hombre muy apuesto y con mucho dinero.
Con esas palabras recuerdo el único recuerdo que tengo de mi padre. Un hombre alto, delgado, de cuerpo corpulento, de barba, ojos verdes claros y una sonrisa aperlada.
El solo visualizar la imagen de mi padre los ojos me comienzan a picar.
—Aunque debo decir que Alessandro no fue perfecto. Todo ser humano tiene defectos… Alessandro no fue la excepción.
Las palabras de Lara me llenan la mente sobre quien es papá. Esta llenando mi mente vacía.
—Tu padre fue un mujeriego, tuvo muchas mujeres. Aunque estuvo casado con Lena desde temprana edad, tuvo muchas mujeres en su vida y a pesar de ello, siempre le dio el lugar de reina a tu madre.
—Estas diciendo que mi padre tuvo amantes.
—Si, incluso llegue ver a salir mujeres de la fortaleza. Aun así, Lena nunca lo dejo siempre le fue fiel a él.
No puedo imaginar a mi madre soportando las infidelidades de mi padre. Debió ser muy doloroso soportar.
—¿Tu recuerdas a mi padre?, ¿cómo fue?
Quiero saber más de él.
—Como no sabes el cómo es. Alessandro es muy reconocido, en el internet debe haber muchas fotos de él.
Lo sé, pero nunca tuve la intriga de buscarlo, no quería saber más sobre mi pasado.
—Yo no…
—Actualízate.
Al terminar de interrumpirme, se aleja de mí, mira por el vidrio y me ignora por completo.
Quiero insistir en saber más, pero me mantengo callada. La relación entre la rusa y yo no es buena, no sé el por qué, simplemente no le agrado.
—Lamento la tardanza.
Su hermano mayor aparece a mis espaldas, para después posarse a mi izquierda.
— ¿Interrumpo algo?
—No, nada —respondo.
—Ok. Le explicaré lo que hay dentro del bunker.
Lara y yo asentimos. Alek trae con él un iPad.
Después apretar el touche por varias veces Alek me mira dejándome desconcertada.
—¿Qué?
Pregunto al notar su seria mirada.
—Necesito tu pupila para desbloquear las puertas. Tu eres la llave de los Bunkers.
Me sorprendo por sus palabras.
—Abre los ojos y no te muevas.
Acerca el IPad a mi rostro, aprieta el touche; de la cámara frontal sale un destello de luz verdad que impacta me mi iris. La luz me aturde la vista, pero me niego a parpadear.
Acceso correcto.
Es lo que logro ver en el IPad. De inmediato el seguro de las puertas se desbloquea a un pitido y se abren.
—Entremos.
Alek entra primero, después lo sigo yo y por último Lara.
Un almacén de armas que, en lo absoluto tengo conocimiento de ello. Lara se asombra y toca las armas con admiración. En una breve explicación, Alek nos dice su funcionamiento, después pasamos, al almacén de aparatos innovadores: computadoras, teléfonos, relojes, micrófonos, entre otras cosas de alta tecnología, Alek explica y proseguimos en pasar a la tercera bodega.
Aquí, los tres nos quedamos en asombro. La bodega de dinero; miles, millones, billones de euros y dólares, todos acomodados en grandes paquetes que pesan alrededor de media tonelada.
Por último, no entramos a la ultima bodega, Alek explica que es de joyas y oro. El cual explica que no nos servirá y es mejor no tocarlo.
Nos repartimos la tarea de guarda lo necesario en las mochilas para afrentarnos a lo que me persigue. Alek, se encarga de la tecnología, Lara de las armas, ya que son su pasión y yo del dinero.
—Aina.
La voz de Alek me habla a mis espaldas. Dejo de acomodar los billetes en la mochila y me detengo para escucharlo.
— ¿Qué sucede?
—Entra a la bodega doce.
Recuerdo el numero marcado en la puerta de acero, el de las joyas.
—¿Por qué? Dijiste que no las necesitaríamos.
—No, pero son herencia de tu familia, pienso que las necesitaras después.
No comprendo bien su mensaje, pero no lo contradigo, asiento y me avienta una pequeña mochila, el botiquín de primeros auxilios. La abro y no hay nada del medicamente que cargue.
—Que Lara no se entere que las llevas.
Asiento y salo. Alek se queda a seguir acomodando el dinero, me fijo que Lara aun este en la bodega veinticuatro. Con precaución, sin hacer ruido me adentro a la bodega.
Me quedo pasmada por la cantidad de cofres que hay, no se ven las joyas, ellas están dentro de los cofres. Cada uno tiene una pantalla como el bunker y están enumerados con cuatro dígitos.
Me concentro en el cofre 3675, aprieto el botón rojo que tiene y de inmediato se enciende la pantalla, al instante me pide el código de desbloqueo, algo que no sé.
—Mierda…
Susurro, decido por regresar y preguntarle a Alek, pero antes de abrir la pesada puerta la voz de Lara suena del otro lado.
—¿En dónde está Aina?
—Fue al baño.
—El ser reina no significa que haremos todos el trabajo por ella —se queja.
—Tuvo una urgencia —responde con enojo su hermano —. Deja de quejarte.
—Bien, te ayudaré.
Lara se queda con Alek y arruina mi encuentro. Regreso al cofre de metal y entro en un estado de nervios.
—¿Qué hago, ¿qué hago?
Comienzo a estresarme por no saber que hacer.
Una idea viene a mi cabeza, yo he sido la clave a la entrada al bunker, a las bodegas y hay una posibilidad que también a los cofres. Intento meter mi fecha de nacimiento, pero me marca error al ser un código de cuatro dígitos.
—Mierda…
Pienso y pienso, pero no recuerdo ningún numero de cuatro dígitos.
Me estreso más por el tiempo en que me quedo pensando. Subo la vista al cofre y se me ocurre introducir el numero que tiene marcado en la parte superior derecha.
Rezo para que si esa la clave, aunque es algo estúpido.
Lo introduzco y al apretar el botón rojo de inmediato se marca en verde.
— ¡Si! —grito a lo bajo.
Al instante sale una luz verde como en el IPad. De inmediato pongo mi ojo y al escanearlo lo reconoce y se desbloquea el cofre.
Con emoción termino de abrir el cofre y me encuentro con las joyas. Muchos cristales de colores, pedrería brillante con oro blanco.
Me enfoco en el collar de piedras verdes, sin dudarlo lo tomo y lo introduzco al botiquín. Agarro otro collar de diamantes blancos y un anillo con un gran diamante azul.
Solo decido tomar esas tres piezas. Cierro el cofre y de inmediato se vuelve a bloquear.
Feliz, con cuidado salgo de la bodega y entro a la habitación para esconder el botiquín. Salgo de mi estancia y me adentro a la bodega encontrándome a los hermanos aun acomodando dinero en las dos mochilas.
—¿Les ayudo?
Los hermanos me voltean a ver y les sonrió.
—Deberías estar aquí haciendo tu parte del trabajo, no nosotros —se queja la pelinegra.
—Lo siento tuve problemas estomacales —miento.
—Las princesas y las reinas no cagan —dice con molestia.
—Pues te mintieron porque si hacen del baño. Yo soy una reina y tuve diarrea.
Lara voltea los ojos en fastidio y continúa guardando el dinero. Alek me sonríe y yo a él.
Continuamos preparándonos para nuestro regreso.
—Descansen el resto del día, mañana por la mañana partimos de regreso.
Avisa el rubio.
Lara asiente y se mete a la habitación a costarse. Yo voy hacia los estantes repletos de comida empaquetada. La comida que compró Alek se termino y necesito alimentarme bien para mañana.
Camino entre los estantes mirando las etiquetas de los empaques. Agarro uno que dice verduras, abro el empaque y me encuentro con polvo de color anaranjado adentro.
—¿Qué es esto?
Me cuestiono.
—Es comida.
Volteo a ver a mi acompañante que entro después de mí.
—¿Enserio esto es comida?
—Lo es. Es comida en polvo, solo basta con ponerle un poco de agua, lo revuelves y tendrás una papilla de verduras.
—Es como la comida de los bebés.
—Si, exacto.
—Espero que no sepa mal.
—Pruébalo.
—Cómelo conmigo —propongo.
—No se ve muy apetitoso —dice, para después hacer un gesto de desagrado.
—No, pero lo sabrás si lo pruebas.
—Bien, lo comeré contigo.
El ruso se rinde y ambos salimos del almacén, nos dirigimos a la mesa del centro del bunker. Lleno un vaso con agua y regreso a la mesa, vacío poco a poco el liquido hasta hacer la papilla.
—Las damas primero —dice el rubio.
Sonrió ante su comentario. Con valentía meto mi cuchara y tomo un poco de la preparación. Meto la cuchara a mi boca y de inmediato siento los sabores.
El rubio pone atención a mis gestos.
—¿Qué tal?
Saboreo un poco más la comida. No sabe mal, pero no es de mi agrado la textura.
—No sabe mal.
Alek sonríe y mete su cuchara al empaque, toma una porción, lo mete a su boca y espero a su reacción.
—Tiene buen sabor. Quien lo haya preparado no es tan malo en la cocina.
Me rio ante su comentario y continúo comiendo, aunque no es de mi agrado debo comerlo o desmayaré. Alek hace lo mismo y entro ambos nos terminamos el sobre, después cada quien se va a su habitación y descansamos para partir.
En la madrugada nos preparamos y siento el triple del peso de la mochila. Salimos del bunker y Alek se encarga de bloquearlo.
Emprendemos nuestro camino, el camino es más sencillo por el caluroso día. Nos detenemos tres veces por el peso de las mochilas, Alek me ayuda a carga una mochila siendo él el que lleva más peso, después de dos horas me la regresa y continuamos.
Durante el camino caigo dos veces, logro rasparme las rodillas y una de ellas me sangra, pero no digo nada para no atrasarnos.
El cuerpo me suda, me duele, las rodillas me tiemblan, mis brazos no tienen fuerza, tengo mucha sed, me siento deshidratada; además, el terrible dolor en la espalda me debilita más. Alek me ayuda, sujeta la cuerda en mi cintura, él también se la enreda en su cintura y con su fuerza me ayuda a seguir.
Poco a poco el sol se oculta y nos dificulta más el camino.
Respiro de alivio al ver la reja que marca el límite para los visitantes del parque.
«Hemos llegado.»
Me motivo a cruzar la reja, nos adentramos al parque encontrándonos con los pocos visitantes.
Al salir del extenso bosque una camioneta nos espera, una diferente, el cual Alek rento. Lara decide tomar el lugar del piloto para que su hermano descanse; en el camino, al cruzar el rio una filosa piedra le abrió la piel de su pierna. El ruso asiente y se adentra atrás de los asientos.
Al caer la noche nos adentramos a la ciudad, nos metemos a un hotel, pagamos por la estadía y cada quien se adentra a su habitación. Me doy una ducha y curo las ligeras heridas en mi cuerpo. Me acuesto en la cama y prendo la televisión.
Con la ayuda del control, cambio los canales sin que uno llame mi atención. Me detengo en las noticias y me impacto con las palabras del conductor.
Hace dos días se reporto la desaparición de un grupo de jóvenes turistas a las afueras de Omsk, quienes acampaban aun lado del rio Irtish a fuera del parque Verevochnyy Park "Akademiya Turizma".
El ejército FME se está encargando de la investigación y hasta el momento este es el informe que el ministro Grigori Berntrand dijo: La desaparición de los jóvenes de Omsk fue llevado por la gran mafia rusa, los Volkov. La investigación nos llevo a esa conclusión, la FME se encargará de hacer su trabajo.
Después de años, la mafia de los Volkov ha vuelto y no sabemos el por qué.
Hasta el momento no se ha dado más información al respecto. Esperemos que encuentran a los jóvenes de Omsk y puedan regresar a casa a salvos.
El conductor termina de informar y prosigue con otra noticia.
El corazón se me acelera al escuchar la noticia.
—Ya hay alguien quien los gobierne.
Esa es mi deducción.
Los Volkov han regresado porque ya tienen a su reina, y eso me lo confirma Alek al tocar mi puerta con desesperación.
La falsa reina ya tomo el trono de Alessandro Ivanov.