Capítulo 18

2529 Palabras
Eder Ross Al terminar de poner la masculina loción sobre mi cuello, tapo el envase y lo dejo sobre el tocador de fuerte roble con diseños rústicos. Con ambas manos me acomodo el cuello del saco n***o, me miro unos cortos segundo en el espejo y al confirmar mi perfecto aspecto salgo de la habitación para dirigirme a la reunión con Cedrick y Charlotte. Antes de que empiece la subasta tenemos que repasar el inventario para que todo salga bien. No quiero fallas en mi negocio. Me desplazo por los grandes muros de Mintternacht. Este lugar se ha vuelto mi hogar después de abandonar Londres, no soportaba quedarme ahí, me era imposible contenerme en no ir a la bodega y recordarla. Por mi bien mental tuve que alejarme, decidí venirme a Alemania a seguir con mis negocios, la herencia de mi padre, los Rossvelt. Con seguridad empujo el grande portón de madera para entrar a la sala de reuniones. En mi visión, me encuentro con mis dos socios, la hermosa rubia Charlotte quien se encuentra sentada en la silla frente a mi escritorio, después miro a Cedrick quien está de pie en el mini bar sirviéndose un whisky en rocas. —Querido Ross —Cedrick levanta su bebida y me saluda al notar mi presencia. Sin responder a su saludo me ubico en mi lugar sentándome enfrente de ellos, el alemán termina de beber su whisky en un solo trago y se posa en su asiento, alado de la francesa. —¿Aquí nos tienes Ross? Escuchamos. Dejo de mirar al moreno de ojos azules y poso mi mirada en la rubia quien esta callada. A pesar de ser bisexual y su preferencia son las mujeres, es una hermosa mujer, que me es imposible no mirar su escote. Uno grandes pechos se asoman por la abertura, no trae blusa, solo un simple saco color marrón le cubre el pecho. En la abertura del saco puedo observar la curvatura de sus grandes pechos. Despego la vista de sus pechos y alzo la mirada encontrándome con sus ojos claros color ámbar, me ha atrapado observándola. No dice nada, dejo de mirarla y me enfoco en ambos rostros para proseguir con la reunión. —Las joyas están siendo preparadas para su exhibición. Las s*x frauen están arreglando el salón para darle la bienvenida a los compradores. —Esto de la subasta es el mejor proyecto que he realizado —comenta el alemán con alegría. —Muchos han confirmado su asistencia —afirma la brillante dama —. El rumor se expandió como agua y todos los ricos están interesados en venir. Me agrada escuchar las palabras de la francesa. —Todo tiene que salir, todo está planeado a la perfección. —Mi aportación se lo entregue a Christa —avisa la rubia. Después de nuestra visita a la propiedad de la difunta Greta, la francesa se encargó de conseguir sus propias joyas a subastar, los tres aportamos la inversión para la subasta. —Entendido… Si todo está bien no hay nada que repasar. Ambos asientes ante mis palabras. —Estaré presente, seré parte del público. Me he fijado en una joya hermosa de la brillante dama y la quiero en mis manos, aparte de la dueña. Charlotte lo mira y voltea los ojos en fastidio ante el alago del alemán. —Ambos pueden ser compradores si les interesa —les aviso. Sin dudarlo me levanto de mi lugar y de nuevo me acomodo el saco n***o. —Iré a supervisar el salón. Los veré después. Emprendo mi camino, salgo de la sala y voy directamente a buscar a Christa quien está a cargo de la subasta. Bajo los grandes y angostos escalones, me desvió a la derecha y al fondo me encuentro con las grandes puertas de cristal, el cual, a través de ellos puedo observar a las mujeres moverse de un lado a otro acomodando las mesas y sillas en el salón. Al entrar las s*x fraeun me reconocen y hacen una ligera reverencia que no me molesto en responder. A lo lejos me encuentro con Christa, quien le está dando indicaciones a las damas de lo que deben hacer. Llego hasta ella y me pongo detrás de su presencia. —Pueden retirarse. Las tres mujeres asienten y se marchan dejándome sola con Christa, quien aún no se percata de mi presencia hasta que le llamo por su nombre. —Christa… Inmediatamente voltea y se sorprende por mi presencia. Sin descaro alguno, sus ojos repasan mi aspecto. —Mein merr… ¿Qué es lo que sucede? —me sonríe. —Solo vengo a supervisar. Sabes que no me gusta que no se haga como digo. —Todo está en su lugar, tal y como usted lo ordeno. Doy un repaso al salón y concuerdo con sus palabras. Todo está en su lugar. —Esto tiene que quedar antes de las cinco, a las seis los compradores comenzarán a llegar. —Si, mein merr. —No quiero fallas. Christa —le advierto. —No sucederá. Yo nunca le he fallado. Da un paso hacia mi acortando la distancia. —Está noche puedo visitarlo a su habitación —susurra cerca de mis labios. No es imprudente su acercamiento para los demás, todo saben que Christa tiene sentimientos por mí. Sus palabras me calientan partes sensibles de mi cuerpo que me es imposible negarme a su propuesta, pero no digo nada, me quedo callado. Su profunda mirada café se profundiza en la mía al notar mi negación. Con descaro sube su mano derecha a mi pecho y lo acaricia haciendo que la piel se me erice. —Mi placer es satisfacerte. Y los recuerdos vienen a mí. Las dos veces que ella se ha hincado a hacerme una felación con sus pequeñas manos, una pequeña boca que envuelve mi falo y me lleva al placer que necesita mi cuerpo. Abro los ojos al imaginar una tercera vez. Lo necesito, no puedo controlar partes de mi cuerpo que necesitan ser atendidas por su boca. —Ve a las diez imputo al sótano. Una sonrisa malvada aparase en su rostro para después acariciar mi mejilla con su cálida mano. —Ahí estaré. Puntual como siempre. Orgullosa, se da vuelta y se aleja de mi moviendo las caderas de un lado a otro para tentarme a que la toque. Algo que no he hecho ni lo haré, solo busco mi propio placer. Para despejarme de la tentación voy a mi habitación, me fumo un cigarrillo y me bebo tres tragos de vodka. Cierro los ojos al dar mi último trago de vodka, dejo que el alcohol haga su efecto en mi cuerpo y mente, al instante la imagen de la hermosa mujer de ojos jade me invade. Recuerdo el emotivo momento de ella junto a mí; ambos en la cama del hotel compartiendo una noche, la primera noche que la toque y me llevo al limbo. El lugar donde me perdí en su belleza, sus cautivadores ojos, sus suaves labios rosados, ella acariciando mi cuerpo con sus suaves e inocentes manos. Una pulsa en mi pecho me hace abrir los ojos. «¡Mierda!, porqué su recuerdo me está matando vivo.» Respiro profundamente para tranquilizarme. Tomo la botella de vidrio y me sirvo un poco más del fuerte licor y lo bebo de un solo trago. Recupero mi postura, al estar más tranquilo de nuevo abandono el lugar para aceptar a los invitados, de nuevo me adentro al salón encontrándome con la finalización de la decoración. Miro el reloj de oro sujetado a mi muñeca y confirmo que falta media hora para que entren los compradores. Al dar las seis en punto los grandes portales de Mintternacht se abren dejando a pasar a los primeros compradores. Tomo asiento en una de las primeras mesas para ser espectador. Veinte minutos pasaron y solo han llegado el gobernado de con sus amantes, unos pocos empresarios que no conozco. Me tranquilizo, me mentalizo que vendrán después. Las puertas de Mintternacht están por cerrarse y solo hay diez presentes, el salón no se llenó y eso me desconcierta. Poco a poco comienzo a enojarme. Molesto, me levanto de mi lugar, con una mirada y movimiento de cabeza le indico a Cedrick que debemos hablar, la francesa le mando mensaje por celular. El alemán viene detrás de mí, a paso rápido voy a la entrada para ver que mierda pasa que hay pocos compradores. En unos cortos segundos Cedrick se posa a mi izquierda y segundos más tarde la francesa se posa a mi derecha. Me acerco a Peter quien está en la entrada y no dudo en preguntar qué sucede. —¿Qué mierda está sucediendo? Nadie ha llegado —exclamo con furia. —No lo sé mi señor. Esos son los pocos autos que se presentaron, no hay más invitados a la vista. Sus palabras me carburan la sangre. —Como qué no hay más compradores —el alemán se comienza a molestar —. Todos confirmaron su asistencia —espeta con furia. —Hay que investigar qué sucede. Esto no es normal —dice la rubia. Asiento ante su idea, planeamos mandar a los Rossvelt a visitar a cada comprador que afirmo su asistencia. Antes de separarnos para iniciar la búsqueda la radio de Peter suena interrumpiendo nuestro camino. —Peter. Han deja un hombre moribundo en la entrada. Está colapsando. Las palabras del guarda me alertan. Los cuatro, desconcertados, vamos a la entrada de la fortaleza. Al llegar me encuentro con dos guardias, tratan de sujetar al hombre golpeado que no deja de convulsionarse en el suelo. De inmediato la francesa, el alemán y yo sacamos nuestras armas, les desbloquemos el seguro y apuntamos al hombre. Al entrar a la mafia me han enseñado en desconfiar en todo, hasta de mi propia sombra. El hombre que han dejado y el escaso de compradores en Mintternacht me da señales de que alguien se está interponiendo en mis planes. —Suéltenlo —les ordeno a los guardias. Ambos asienten y se separan del hombre dejándolo libre, al igual que yo, no dudan en apuntarle con sus rifles. —¿Cómo llego aquí? —pregunto sin apartar la vista del hombre. —Una camioneta sin placas lo abandono aquí. Hemos mandado que vayan detrás de ellos —contesta uno de los guardias. El hombre se da la vuelta quedando boca arriba y su convulsión comienza a aumentar, de su boca comienza a salir espuma con sangre. De repente el hombre deja de moverse dejándonos en un intenso silencio. Las palabras de la francesa rompen el silencio llamando nuestra atención. —Es uno de ellos. Confundido la miro, pero no dejo de apuntar al hombre tirado. —¿Qué estás diciendo? —Estoy segura. Es uno de los turistas que desaparecieron en Omsk. Sus palabras me hacen recordar la noticia de hace dos días, el grupo de jóvenes que desaparecieron a manos de los Volkov, la mafia rusa. —Cierto. Es uno de ellos —confirma el alemán —. Tiene la misma vestimenta que muestran en las televisoras. Reparo el atuendo de hombre, unas bermudas beige, camisa de manga corta con un chaleco de mezclilla; una vestimenta común de un civil. El mensaje nos queda claro, los Volkov lo han enviado. —Cúbranme. Peter y mis socios asienten. Me acerco al inmóvil hombre, con mi mano izquierda toco a un costado de su cuello confirmando que su pulso es débil. Al instante el hombre abre los ojos, me sorprendo y caigo hacia atrás, pero no pasa nada más, no se mueve y eso nos alerta. —Les dispararé —avisa Peter. — ¡No! —lo detengo —. Tenemos que investigarlo. El hombre trata de abrir su boca y con una pesadez en sus palabras habla. —Ella…Ella está aquí. Sus palabras fueron débiles, comprendo el mensaje, pero no entiendo de quien habla. A los cortos segundos comienza a convulsionarse de nuevo y en un instante su cuerpo comienza a hincharse. Me quedo perplejo a lo que veo. El hombre se infla como un globo, su piel no soporta y estalla haciendo que su sangre se esparza machando mi cara y mi ropa. Quito mi brazo del rostro y miro la escena macabra. El cuerpo del hombre abierto con sus viseras por fuera y otras en el suelo manchado de sangre. — ¡Mierda! ¡Qué asco! —se queja la rubia quien también la sangre la manchó. —¡Fantástico! —se expresa el moreno de ojos azules. Me levanto del suelo y poso de nuevo mi mirada en el cuerpo. Además de sus intestinos explotados esparcidos por el concreto dentro del cuerpo, en su estómago, logro visualizar algo extraño. —Tiene algo en el estómago —aviso. Antes de pedirle un guante a Peter, Cedrick se adelanta. Sin asco, ni desagrado se acerca al cuerpo. Se me revuelve un poco el estómago al verlo introducir su mano en el estómago del hombre, remueve las vísceras y saca una bolsa negra. —Lo he conseguido —sonríe como si fuera un premio el que ha ganado. —Eres un enfermo Cedrick —comenta Charlotte. Me acerco a Cedrick y tomo la bolsa, al instante siento la caliente sangre en mis manos y el recuerdo vienen a mi mente. La tibia sangre que sale del vientre, su pálido rostro, el miedo es sus ojos verdes, las lágrimas mojar su rostro. El desespero se apodero de mi al perder de vista el brillo único de sus ojos. Suspiro dejando de lado a la mujer que tortura mi mente y corazón con su recuerdo. Abro la bolsa y dentro de ella hay una nota, dejo caer la bolsa y desdoblo la hoja. En el ajedrez los reyes pueden moverse en un espacio a la vez, pero las reinas son libres de ir a donde quieran. Ahora todos inclínense y miren hacia arriba que estoy por recibir mi corona. He sido la reina desde que nací y nadie más podrá hacerlo. Aina Ivanova, tu reina. La mente se me paraliza al leer su nombre completo. La razón del regreso de los Volkov es porque la reina de la mafia rusa ha tomado su poder, la hija de Alessandro ha regresado. Ha regresado de la muerte. El imaginar a la mujer de ojos jade tomando el poder de su padre me desconcierta. De un momento a otro me cuesta trabajo respirar y el cuerpo me tiembla. No es por medio, es por la noticia de saber que está con vida. —Aina, no. Ella no puede estar con vida. Peter se desconcierta por mis palabras, se acerca a mí, me arrebata la mancha hoja de mis manos y al terminar de leer me mira un rostro sorprendido y confuso. —Aina está con vida —Peter confirma mis palabras. Los recuerdos de la sencilla e indefensa mujer que conocí me atormentan. Mil imágenes de su rostro pasan por mi mente y me torturan con la escena donde yo le disparé acabando con su vida. Ella está con vida y tengo la necesidad de verla.
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