Aina Ivanova.
¿El tema de la coronación debe afectarme? No lo sé
En estos instantes es el tema de momento. Noticiero y periódicos se dedican a maquillar la información. Las r************* son un caos, unos hablan del oscuro y demente aviso de la mafia rusa, y otros solo se dedican a mandar información falsa.
¿Cuál es la realidad?
La mafia rusa del antiguo padrino de la mafia rusa, Alessandro Ivanov. Han confirmado, por medio de los jóvenes desaparecidos su regreso. La única hija de Alessandro a tomado posición del poder de su padre. Aina Ivanova no murió como se menciono hace cuatros años, ha regresado de la muerte para retomar el poder de su padre.
Alek recibió información sobre los otros carteles de la mafia. Cada cartel recibió el mensaje del regreso de la reina de Rusia, la explosión de los cuerpos con la misma nota.
No comprendo el por qué me preocupa el tema. No debería importarme, no me interesa el poder, pero algo dentro de mi me inquieta, no me agrada que esa falsa mujer tome el poder de mi padre, me molesta, más ahora que estoy conociendo el imperio de mi padre.
—Debemos investigar lo qué realmente está pasando en Rusia.
Alek y Lara se encuentran en mi habitación, después de ver las noticias, los tres nos reunimos.
— ¿Cómo es posible que existan dos reinas? —al terminar de hacer su pregunta la pelinegra me mira mal. Siempre lo ha hecho.
—No existen dos reinas. La que esta haciendo todo esto es una falsa —afirma el ruso.
— ¿Y cómo mierda llego ahí? —Lara mira a su hermano —. Tu sabes que los Volkov no son fácil de engañar.
—¿A qué se refieren? —pregunto. Necesito entender de lo que hablan.
Lara me mira por unos instantes y después posa la mirada en su hermano para que él explique. Sin dudarlo, Alek posa su mirada en la mía.
—En años anteriores aparecieron dos mujeres diciendo que eran hijas de Alessandro. Para confirmar su identidad los prisyazhnyye realizan pruebas… Amabas no pasaron las pruebas y las mataron por usurpar una identidad.
— ¿Qué son los prisyazhnyye? —
—Son jueces, ellos son la segunda autoridad en el poder, un rango abajo de Alessandro.
Comprendo lo que dicen.
—Esto es muy raro. Debo ir a investigar qué pasa.
—Tenemos que ir —corrijo al rubio.
—No. Tu no puedes estar en Rusia —se niega—. Es peligroso es que vayas a tus tierras. En este momento Rusia es un caos, todos los carteles están detrás de la hija de Alessandro, la futura reina que tomará su poder. Si te expones estamos arriesgándonos a que te casen y no tenemos ventaja para defendernos.
—Tu —me señala Lara —. Debes quedarte aquí. Alek y yo debemos regresar a Rusia para investigar que está pasando.
—No —se opone su hermano —. Tampoco podemos dejar a Aina sola. Esto de su regreso alerto a todos.
Ambas entendemos el mensaje de Alek.
—Bien, ¿qué propones hacer?
Alek lo duda por unos cortos segundos, el silencio invade la habitación del hotel. Y al igual que él pienso el encontrar una solución.
—Te quedarás con Aina, la debes proteger. Yo iré a investigar.
Ante las palabras de su hermano, Lara hace una mueca de desagrado y rápidamente se niega.
—Es mejor que tu te quedes con ella y yo voy a Rusia.
—Lara, no voy a permitir que vayas sola.
—No podemos seguir si no tenemos aliados, y tu tienes esa ventaja. Tienes personas que te deben, si los reclutas tendremos un ejercito con el cual defendernos.
Las palabras de Lara son asertivas.
Su hermano mayor lo duda, pero al final acepta quedarse y mandar a Lara a Rusia.
—Procura ser cautelosa. Hace años que nos desaparecimos y si nos ven los Volkov nos capturaran.
—Tú sabes que soy experta en camuflaje —dice con orgullo la pelinegra y Alek asiente con una sonrisa.
—Bien, el plan es este… Lara irá a Rusia a investigar, Aina y yo iremos a reclutar personas. Estaremos listos para lo que viene.
Entiendo sus últimas palabras y estoy dispuestas a enfrentar al enemigo.
Al caer la noche despedimos a Lara, Alek le recuerda lo que debe hacer, ella asiente y abraza a su hermano. Al subir al vehículo abandona el hotel y emprende su camino a Rusia.
Alek y yo nos adentramos de nuevo al hotel, subimos a mi habitación para contactarnos con los posibles aliados.
—Tengo tres opciones, pero no estoy seguro con quien ir. Hace tiempo que nos lo visito.
—¿Son amigos tuyos?
Ante mi pregunta Alek sonríe.
—Amigos, no. Son personas que me deben el apoyo que les he brindado. Es momento que me regresen mi ayuda.
Decido quedarme callada para dejar que piense bien, pero no logra tomar una decisión. El moreno propone que descanse, es tarde y es mejor que él se ponga en contacto a solas. El día de mañana me da una respuesta. Sin protestar asiento, él regresa a su habitación y yo opto por dormir, pero me es imposible hacerlo. La noticia sobre la falsa reina me trae insomnio y no he podido parar de pensar quien es esa falsa.
Al notar los rayos del sol reflejarse por el ventanal me levanto de la cama, me despojo de mi ropa y me adentro al baño. A través del espejo miro mi desgastado rostro, el no dormir hizo que debajo de mis ojos se forme unas ojeras.
Me meto a la ducha, decido bañarme con agua fría para desaparecer el cansancio. Al terminar de arreglarme, la puerta suena indicándome que es Alek; sin dudarlo abro y me encuentro a un refrescante rubio. Lo dejo entrar, cierro la puerta y me poso enfrente de él.
—He tomado una decisión y ya me puse en contacto —informa.
— ¿Con quién?
—Debemos viajar a Marruecos. Tenemos una cita con Farid Ahmad, musir allah.
(Musir allah: consejero de dios)
No digo nada y escucho el plan.
Al terminar, tomamos nuestras pertenencias, salimos del hotel y partimos al aeropuerto donde, una vez más, un avión nos espera.
Me es ajeno el cómo Alek consigue estos medios de transporte.
Durante el vuelo me quedo dormida al terminar de comer, después de unas horas el piloto anuncia nuestra llegada, aterrizamos en RAK (Menara Airport). Las tierras calientes nos reciben con un aire caluroso que de inmediato unas pequeñas gotas de sudor brotan de mi frente.
Antes de ir con el señor Farid Ahmad, Alek decide ir a esconder nuestras pertenecías a un lugar que el conoce, asiento ante su idea. Solo llevamos pocas armas y dinero con nosotros. Después de asegurar la caja fuerte nos dirigimos vamos a un restaurante, que en lo absoluto es de mi conocimiento. Alek ordena por los dos, pues tiene más conocimiento de estas tierras. Minutos después traen nuestros alimentos y como lo que pidió, al principio el sabor no fue de mi agrado, por mi escaso conocimiento, pero al dar mi tercer bocado me acostumbre al sabor y me lo termine.
—Debemos seguir.
Ante sus palabras, Alek saca su teléfono y comienza a escribir un mensaje de texto. Al terminar de teclear sus verdes ojos se enfocan en mí.
—En unos minutos vendrán por nosotros.
Asiento y miro la calle a través de la ventana observando a cada persona que entra al local. Entran diferentes personas al local, pero ninguna se nos acerca.
—No te pongas nerviosa, Sharon. Sabes que no dejaré que lastimen.
Le sonrió dándole entender que confió en sus palabras. Mi sonrisa un dura mucho tiempo, la campana del restaurante suena de nuevo, rápidamente poso mis ojos en la persona que entra y miro a dos hombres marroquíes buscando a alguien. Alek mira a la misma dirección, los reconoce y alza la mano. Ambos hombres se percatan de su presencia y se acercan a nosotros.
—Su nombre —ordena el hombre de larga barba negra y ojos oscuros.
—Alek Bronov.
El hombre de barba mira a su acompañante y asienten.
—Nosotros los llevaremos con Farid Ahmad.
El rubio asiente. Ambos marroquís me miran y Alek les explica que soy su acompañante, no dicen nada y emprenden su camino. De inmediato me levanto y voy aun lado de Alek, quien me dijo que siempre caminara a su derecha.
Nos acercamos a una camioneta negra. Subo primero y detrás de mi sube Alek, después suben los otros dos hombres y emprenden el viaje.
Durante el camino trato de tranquilizarme. Esto es nuevo para mí, el compartir espacio con personas peligrosas me altera.
Tengo conocimiento de quien es mi padre, una persona peligrosa, pero yo no crecí en ese ambiente, el conocer al italiano me dejo una mala experiencia que no quiero volver a repetir. Me es difícil volver a confiar.
Mi mente desconfía de Alek, pero sus acciones me demuestran lo contrario que comienzo a creer en él, me ha dicho la verdad, «es el único que lo ha hecho.»
Salgo de mis pensamientos al dejar de sentir la camioneta en movimiento. Una grande estructura marroquí se posa en mi panorama.
—Bajen —dice el desconocido hombre barbón.
Miro a Alek y el asiente, bajo del vehículo y él también lo hace. El intenso sol me lastima la vista que de inmediato cierro los ojos.
—Síganme.
La extraña voz me hace abrir los ojos, de nuevo me poso a la derecha de Alek y comenzamos a seguir al hombre. En la entrada nos encontramos con más hombre armados, él cual, al identificar a los extraños nos permiten el acceso.
Somos recibidos por una grande fuente decorada con una gran variedad de plantas verdes. Nos adentramos más a la casa y el sol se desaparece al caminar por debajo de los grandes techos decorados. Varias mujeres cubiertas de la cabeza con un hiyab y vestidas con un largo vestido, llevan varias charolas brillantes hacia una habitación en especifica, al fondo.
Las mujeres abren nuestro camino y se inclinan al vernos pasar. Curiosa, miro hacia atrás y me doy cuenta que las mujeres, al dejarlas atrás, murmuran entre si mirando con desconfianza a Alek y a mí.
Entramos a la habitación donde las mujeres marroquís entran con grandes bandejas y salen con las manos vacías. Una larga mesa repleta de varios platillos se posa en mi vista.
Nos detenemos en el comedor, el hombre de ojos oscuros se gira y nos mira.
—Farid Ahmad no has pedido darles la bienvenida, es por ello que se preparó un banquete para ustedes.
Con una señal de manos dos mujeres se nos acercan, nos brindan asiento y sin dudarlo aceptamos.
—Disfruten la comida y de su estancia. Al terminar de comer Soraya —la mujer se acerca al escuchar su nombre y nos saluda con una ligera inclinación —los llevará a sus aposentos y estará a cargo de sus necesidades… Esperen la llegada de Farid Ahmad.
Los dos hombres se retiran. La mujer quien se llama Soraya les pide a las otras mujeres presentes servirnos la comida, ellas sin dudarlo obedecen a sus órdenes.
—Los dejaré para que coman con tranquilidad. Estaré en la cocina por si me necesitan.
Soraya se retira y les dicen algo en su idioma a las cuatro mujeres que se quedan con nosotros en el comedor.
—¿Qué significa que nos darán estancia? —pregunto.
Alek comprende mi enojo, él no me hablo nada de quedarnos aquí con Farid Ahmad.
—Lo siento por no decirte antes. Pero, al ponerme en contacto con Farid acepto vernos, pero en estos momentos no sé encuentra en el país.
Me molesto por no ser sincero conmigo.
— ¡¿Qué?!, ¿por qué no me dijiste eso?
—Porque sabia que no querías venir.
Y exploto. Estoy muy molesta con él por no tomar mi palabra, mi opinión.
—Estas diciendo que tomas mis decisiones por mí. No tengo palabra para opinar en lo que estamos haciendo.
—No, Sharon, las cosas no son así.
—No, tu estas tomando mis decisiones para tu conveniencia.
—Sharon, no. Esto lo estoy haciendo por ti. Recuerda mi lealtad a tu padre y mis palabras de cuidarte.
Quiero creerle, pero el que me haya ocultado partes importantes del plan me molesta.
Las mujeres nos observan sin decir nada, no saben que hacer o decir ante mis gritos.
—No te he mentido, Sharon —dice.
—Espero que no lo hagas, porque estoy confiando en ti.
Molesta, me levanto de mi lugar y trato de salir del comedor, pero Alek me alcanza y me detiene.
—No puedes irte.
— ¿Po qué no?
—Estamos en un territorio que no es nuestro, si faltamos el respeto a sus costumbres no salimos vivos de aquí —advierte —. Te pido que seas discreta.
Al escuchar sus palabras trato de calmarme. Tiene razón, estamos en un lugar ajeno, las costumbres son diferentes y tenemos que respetar, aun así, no puedo perdonar que él tome decisiones por mí.
—Quiero descansar.
No puedo seguir discutiendo, el tomo las decisiones de quedarnos aquí y no puedo hacer nada.
Al sentir sus manos en mi cintura me alejo de él y él entiende mi molestia. Asiente y le pide a la mujer que llame a Soraya, ella asiente y va rápido por la mujer.
Soraya hace acto de presencia y en su idioma Alek le pide lo que le ordené. Soraya asiente y me guía a mi habitación. Nos perdemos por los coloridos pasillos y llegamos a una habitación, la mujer abre la puerta y me permite entrar, para después irse y dejarme sola.
No pierdo el tiempo en admirar la decoración de la habitación, lo que hago es ir a la cama y aventarme para tranquilizar mi mente.
¿Fui grosera con Alek?, no lo sé.
No puedo dejar que me manipulen, no más. Tengo que ser fuerte, mi padre fue fuerte y yo también lo puedo hacer. No más Aina, la marioneta de todos, ahora yo seré el titiritero.