Capítulo 9

2077 Palabras
No quita la mirada de asombro al hombre que tengo enfrente, de igual manera, me ve con una mirada inexpresiva. Mi cuerpo no se mueve, esta estático como si tuviera la parálisis de sueño con los ojos abiertos; quiero gritar, moverme, pero el cuerpo no me responde. No hablo, ni siquiera parpado. El rubio se percata de mi inmovilidad, rápidamente se quita de mí, me extiende su mano como anteriormente lo hizo, cuando chocamos en la calle y me ayudo. Solo que esta vez la ignoro. Logro recuperar la estabilidad; parpado y con ese movimiento todo mi cuerpo responde. Lentamente me levanto ajustándome la sabana y me quedo de pie mirándolo. Estoy demasiado desconcertada que no sé qué pensar ante sus palabras, el cómo reaccionar. —No tengas miedo de mí. No te haré daño. El trata de acercarse a mí, pero me alejo con miedo y desconfianza. —Vine a confirmar que no estás muerta, vine a protegerte. —No sé de qué hablas, me estas confundiendo. Me alejo de él para evadir el tema, camino hacia la salida sin tener noción hacia donde ir. Al dar el segundo paso de nuevo su voz me detiene. —Sé que eres tú…eres Aina Ivanova. La hija de Alessandro, el padrino… Bruscamente giro de nuevo hacia él para enfrentarlo e interrumpo sus palabras. —No. No soy esa persona. Me confundes. Pensé que negarlo lo haría cambiar de opinión, pero él se aferra. —A mí no me puedes engañar. Se perfectamente que eres Aina y tu padre es el padrino de Rusia. El cuerpo me tiembla, pero no sé si es por el miedo o por el frio. Quiero mostrarme segura, pero el solo saber que él sabe sobre mi verdadera identidad me aterra la idea que alguien más sepa que yo estoy viva, de mi falsa identidad como Sharon. —Aina está muerta —confirmo mis palabras con seguridad. —Tu eres Aina, y no, Aina no esta muerta. Vine a confirmar que realmente eres tu y no me equivoque. El alto hombre se aferra a decir que soy, su mirada muestra la seguridad de sus palabras. Se ve tan seguro de lo que dice que estoy comenzando a creer en él. — ¿Cómo sabes eso? Todos saben que Aina no existe más. Me atrevo a preguntar. Esto es delatarme, pero necesito saber cómo llego a mí. —Eso creen todos. Solo yo sé que aun sigues viva. No lo conozco, no tengo recuerdos de él, no lo reconocí cuando tropecé con él en la calle. No sé cómo me conoce. — ¿Quién eres? —mi voz tiembla por la ráfaga de aire que golpeo en mi mojado cuerpo. Miro por donde entro el frio aire, la ventana de la sala esta semi abierta. Dejo de mirar la venta de cristal con bordes blancos y me enfajo en el rubio al escuchar su voz. —Sube a cambiarte, te contaré quien soy y qué está pasando. Rápidamente me niego a saber sobre mi verdadera identidad. —No me interesa saber qué está sucediendo. No me espero a escuchar su argumento y me voy de ahí. —No deberías ignorar lo que está ocurriendo. Eres Aina y no puedes seguir escondiéndote… Te harán daño. Mis pasos se detienen al escucharlo. Lo único que puedo pensar sobre sus palabras es en el accidente de mi esposo y la desaparición de mi amiga, por ese motivo él está aquí. De inmediato las lágrimas se acumulan en mis ojos, la rabia se apodera de mí y con euforia me acerco al alto rubio de larga cabellera. — ¿Qué mierda dices?, ¿El cazador tiene algo que ver?, ¿Él me está haciendo esto? El rostro desconcertado del hombre no entiende lo comprende mis palabras. Sin poder contenerme lo agarro de su saco n***o y lo ajito con la poca fuerza que tiene mi débil cuerpo. —Dime lo que sabes, ¿Por qué lo está haciendo? —insisto en que hable. Sus grandes manos agarran las mías y me detiene. Sus tibias manos calientas mis frías manos y eso me relaja. —No sé quien es el cazador. Pero te aseguro que no es él. De nuevo me quedo quieta, dejo de apretar su saco y el agacha la cabeza para mirarme directamente a los ojos. De nuevo admiro ese café claro de sus ojos. —Ve a vestirte y te explicaré. Asiento ante su petición sin demostrárselo. Es de noche y el viento es frio, si sigo así enfermaré y no puedo estar débil. Sus cálidas manos me sueltan y de inmediato suelto su saco. Con la mirada me indica que suba a mi habitación. A pasos lentos me doy la vuelta y subo a mi habitación, abro la puerta y me adentro. Mis pies tocan el agua y reflexiono sobre lo que me pasó. Rápidamente me pongo unos jeans de mezclilla, una blusa de manga larga y sujeto mi largo y oscuro cabello n***o en una coleta. Al terminar de ponerme las botas salgo de la habitación para encontrarme con el hombre que me llevo al hospital. Dejo de lado el desastre que hay en la habitación y bajo con cuidado las escaleras. No puedo confiar en él, a pesar qué dijo que venia a cuidarme, no puedo creerle. Con precaución y atenta bajo los escalones de madera, miro a los lados siendo cuidadosa. El hombre sigue en la sala solo que está mirando por la ventana. Al sentir mi presencia deja de mirar y sus ojos se posan en mí. Su acción de mirar hacia fuera me atemoriza, ¿Está esperando a alguien más para atacarme o por qué lo hizo?, aun así, observo bien sus movimientos. —Habla de una vez —hablo al estar frente a él. Le exijo con la voz un poco temblorosa, pero segura de saber más. —Bien. Te contaré lo qué está pasando. Sentémonos, la historia es un poco larga. El hombre con confianza se sienta en el largo sillón de tela que compre hace un año con Sebastian, unos días después de nuestra hermosa boda salimos a comprar los muebles para nuestra nueva casa.  Continuo con mi camino siendo cuidadosa; me siento del lado contrario a él. — ¿Quién eres? No te conozco. Una hermosa sonrisa aparece en su rostro mostrándome sus perfectos dientes aperlados. El verlo de cerca sus rasgos se me hacen atractivos. Una barba y bigote afeitado le dan un toque masculino, su piel es morena como el caramelo, sus cejas y cabello largo son castaños claros, una combinación perfecta con sus ojos. Es alto, su cuerpo es delgado, hay masa muscular en él demostrando el ejercicio que hace. También puedo observa la pequeña cicatriz que hay en su mejilla, es algo pequeña que de lejos no se alcanza a ver, pero de cerca sí. —Mi nombre es Alek Bronov. Soy descendiente ruso, como tú. Conozco a tu padre, él me acogió junto a mi hermana menor cuando lo necesitábamos. —No te reconozco —las palabras salen solas de mi boca sin antes pensarlas. Alek sonríe de nuevo y puedo decir que su sonrisa es contagiosa. —Eras muy pequeña, salías jugar con mi hermana mientras a mi tu padre me entrenaba para protegerte. Pero todo se fue a la mierda cuando murió. Rápidamente levanto mi mano para que no hable más. —Tu sabes lo qué pasó el día del incidente. ¿Lo sabes? —En realidad no sé porque atacaron la fortaleza, en cuestión de segundos una lluvia de balar cayo y varias bombas destruyeron muros y lograron llegar a la mansión. Conozco la historia, pero las cosas pueden cambiar con la perspectiva de otra persona que vivió el momento. —Recuerdo como nos atacaban, perdimos mucha gente en esa batalla porque no estábamos preparados, ni teníamos conocimiento de ese ataque. Los Volkov y yo peleamos, pero nos derrotaron porque no estábamos armados. Yo corrí a buscar a mi hermana y la escondí en unos de los pasadizos secretos de la fortaleza. Subí a ayudar al padrino, pero antes de hacerlo escuché un disparo y lo primero que hice fue esconderme con mi hermana. Me quede con ella hasta que la guerra termino. Cuando subí encontré al padrino muerto, tu madre y tu no estaban. No había nadie con vida solo mi hermana y yo. Escuchar de nuevo la historia el miedo me invade. Es como si lo estuviera presenciando como en los sueños. —Mi hermana y yo tuvimos que enterrar a tu padre. Y tras tu desaparición y la de tu madre pensé que estaban secuestradas. No te busque más porque no había rastro de ustedes... En estos años me he preparado junto a mi hermana para salvarte, entre ambos cuidamos la fortaleza Ivanov a escondidas. Preparamos un plan para buscarte, me entré que Mohammed fue en el invadió la fortaleza, poco tiempo después nos enteramos de su muerte, te fuimos a buscar y nos dimos cuenta que no estabas con él. De un suspiro suelta el aire de sus pulmones y los vuelve a llenar para continuar.  —Nuestros planes cambiaron. Tuvimos que seguir investigando sobre ti, y mientras lo hacíamos nos entrenamos más… Después, por medio de las noticias no enteramos de tu muerte a manos de la mafia italiana. Los recuerdos llegan a mi mente. La bodega, los cazadores, Leo, muerte, venganza y un disparo. —Mis planes se fueron a la mierda de nuevo. No podía creer que estuvieras muerta. Así que tuve que seguir investigando… Me enteré que Enzo D’Angelo vino a reclamar las propiedades del padrino, pero no fueron cedidas debido a que no te habías cazado con él… La descendencia Ivanov se quedo en el olvido después de tu muerte… y ahora. — ¿Ahora qué? ¿Qué pasa? —Una mujer vino a reclamar su corona, diciendo que es la hija de Alessandro. Me asombro por lo que dice. Alguien más quiere tomar mi nombre. —Los Volvok dudaron de ella, pero al final aceptaron. Demostró ser la verdadera hija de Alessandro Ivanov. Aun no anuncia su coronación, pronto lo harán. La están preparando para tomar el poder de Rusia. — ¿Ella mostro pruebas de ser Aina Ivanova? —Si, jura ser la hija del padrino de la mafia rusa. Y lo peor de todo es que los Volvok le creen. — ¿Por qué no le creíste? —Sencillo. El verde de sus ojos es diferente al tuyo. Nunca olvidaré el jade de la pequeña Aina. Sus palabras me conmueven. —No sé de donde salió, pero si estoy seguro es que ella está cambiando el imperio de tu padre… Debes volver. Rápidamente me niego. —No me interesa lo que esta pasando en Rusia. No quiero el imperio de mi padre. Que los Volkov sigan creyendo que ella es Aina. El tener otra Aina me da ventaja, ella puede ser yo, y yo puedo continuar siendo Sharon. —No debiste buscarme. No quiero regresar. Son mis ultimas palabras. Me levanto del sofá y salgo de casa, no quiero estar ahí. Sin pensarlo dos veces camino hacia al hospital para despejarme de lo que está pasando. El frio golpea en mi cuerpo y me eriza la piel, pero me ayuda a tranquilizarme y no pensar malas ideas sobre lo que el rubio me acaba de revelar. No estoy interesada en el reinado de Rusia. Antes de llegar a la parada de autobuses una mano me sujeta del brazo y me detiene. De un jalón de da la vuelta y miro de nuevo de frente al ruso. — ¿No puedes dejar que ella tome el poder? Respiro para no gritarle al contestarle. —No me interesa. Ella pude ser la reina del mundo, no me importa… Y déjame tranquila, me confundes. No soy Aina. Mi nombre es Sharon Beckett. Con fuerza me hago que me suelte y me alejo. En segundos se detiene el autobús y me subo dejando atrás a Alek. Me conmociono por dejarlo. La historia de cómo se aferró a buscarme y rescatarme solo porque mi padre se lo pido me conmueve. Paso años tratando de buscarme y al final lo logro. Sacudo la cabeza en negación. No debo preocuparme por él, no debo sentir compasión por los demás. Ser débil y confiada acabó con Aina, no puedo permitir que lastimen a Sharon. 
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