Y aunque él no lo sabía, lo estaba necesitando. Porque seguía con la polla dura. - J-Jacob… - ¿Qué pasa, cariño? - Y-Yo, y-yo, bueno... si tu quieres, si no te molesta... y-yo... ¿podría follarte? El rostro de Jacob en ese momento expresó ternura y sorpresa al mismo tiempo. Pero después de desviar la mirada en un gruñido, con un semblante más duro asintió como sí le diese vergüenza, diciéndome: - Está bien… Pero no me jales del pelo. Sonreí instantáneamente, y él me fulminó con la mirada, gruñendo: - Pero quiero ser yo el que controle la situación- señaló sin mirarme a los ojos, y yo asentí, jadeando. Observando, como después él se mordía el labio y con esa expresión dura se subía a mi regazo, el corazón se me detuvo y la respiración me falló en el momento en que ese endemoniado ho

