Me sumerjo en los acordes que provoco con mi guitarra. Las cuerdas suenan al compás y siguiendo el ritmo mientras las muevo con mi púa favorita, la que me regaló mi princesita. Creo notas y melodías al azar, no tengo mucha cabeza como para elaborar una canción con una letra muy currada. Estoy muy rayado por lo que pasó anoche, me dejó muy mal cuerpo todo. Es acojonante el poder que tiene esa hija de puta sobre mis emociones, me hace sentir tan vulnerable y desprotegido, igual que cuando estuve en esa cárcel. No son recuerdos buenos, en lo absoluto, y en parte está superado… Por otra parte, creo que los resquebrajos de esos momentos jamás se me irán de la memoria ni seré inmune a ellos. Todo por culpa de ella, es lo que más me jode. Una mierda de mujer con curvas de 1,70 con pestañas posti

