Llegaron al pueblo, y justo antes de que estuvieran muy cerca de la casa donde el aquelarre de brujas de Nueva Orleans vivían, Ariel y Zack volvieron a besarse para despedirse, acordando que al día siguiente saldrían a cenar al restaurante donde Zack sugirió que fuera su primera cita.
Mirando para todos lados y asegurándose de que no hubiese nadie conocido por allí cerca que los pudiera ver, Ariel se despidió de su lobo con un tierno beso en los labios, Zack no podía estar más feliz en ese momento, era como si el amor le hubiera hecho olvidarse de todo lo que era antes.
Ariel se fue corriendo a casa, y Zack se fue a la suya justo antes de que alguien más pudiera verlo allí, antes de que los chicos de su manada que estaban por fuera, justo en el pueblo, comprando las cosas necesarias para la fogata, y quizás, retrasándose en dar un paseo aprovechando que estaban libres de su alfa.
Llegó a casa, y se encontró con que la fogata estaba siendo encendida, el humo del fuego iba ascendiendo a medida que el fuego se iba propagando, sus lobos ya estaban preparando todo, había música sonando, suave, pero la habían encendido.
Zack estaba demasiado feliz como para darse cuenta de que al acercarse al lugar de la fogata, sus lobos lo miraban extraño, y Derek era el único que podía entenderlo en ese momento.
— ¿Alfa? ¿Está todo bien? — preguntó Kevin, el más valiente de los lobos de la manada, para hablar cada que se debía de preguntar algo, cualquier cosa a su alfa.
Zack estaba tan distraído en lo que había ocurrido que no le había puesto atención a lo que preguntaba su lobo. Luego fue que volvió a la realidad para responder.
— Sí, estoy bien. No me pasa nada, oigan, huele delicioso. ¿Compraron muchas cosas? — preguntó Zack antes de que pudieran seguir cuestionándolo más.
— No, alfa. Derek llevó su tarjeta a su habitación. Compramos justo lo necesario, y también añadimos algunas cosas que nos faltaban para la casa. Además, le hemos traído más cervezas. Por si quiere servirse, adelante, están enfriándose en la nevera — respondió Kevin.
Los demás lobos estaban concentrados en la fogata, lo más raro de todo era que Karina no estaba con ellos, apenas ahora es que Zack lo ha notado, parecía que la tierra se la había tragado.
— Gracias, Kevin. Iré por una. Ya regreso — accedió Zack.
Los chicos siguieron prendiendo la fogata, Zack se fue a la cocina, abrió la nevera, sacó una lata de cerveza, cerró la nevera de un portazo y para cuando él bebió la cerveza, se llevó un gran susto. De pronto, la imagen de Karina se puso en frente de él, provocando que, de reacción, escupiera la cerveza que había bebido y la salpicó al suelo, casi se atraganta.
Karina lo miraba con otros ojos, aquellos ojos expresaban mucho más que solo rabia, impotencia, tristeza… Parecía sentirse con deseos de venganza.
— ¿Está todo bien? — Zack preguntó con inocencia después de tranquilizarse.
— Me las vas a pagar. ¿Entendiste? No me importa que seas mi alfa. Pero te las voy a cobrar — dijo ella con ira. Por un momento, Zack creyó que se trataba de una broma, pero no fue así luego de mirar fijamente a los ojos y darse cuenta de que era cierta cada una de sus amenazas.
En lugar de asustarse, Zack se burló sarcásticamente, como si Karina le hubiera contado de un buen chiste.
— ¿Qué te pasa, Karina? ¿Acaso te has fumado algo? Porque si lo haces, de una vez te digo, en esta casa está permitido beber licor, pero no están permitidas las drogas. Así que si andas en esas, ve dejándolas, de lo contrario, te pediré que te olvides de nuestra manada, porque no quiero malas influencias aquí.
— ¿Malas influencias después de lo que estás haciendo tú como alfa a nuestra manada?
Zack se quedó atónito, viéndola fijamente a los ojos. Quería beber un sorbo de cerveza, pero necesitaba seguir lo suficientemente sobrio como para prestar atención a lo que oía.
— ¿Qué? ¿A qué te refieres con eso? ¿Karina, quién te crees que eres para venir a hablarme de esta forma a mí? ¡Soy tu alfa, que no se te olvide! — grita Zack, y con furia, lanza la lata de cerveza hacia el bote de basura más cercano, no le importaba desperdiciarlo, porque no había podido ni siquiera disfrutar de un sorbo, pero en ese momento, Karina le había arruinado su felicidad, pero, ¿Por qué lo hacía? ¿Qué le costaba verlo feliz y arruinarle todo con sus idioteces de niña mimada y encaprichada? ¿Acaso había sido por culpa de que él no le correspondió hace un rato cuando trató de satisfacerlo sexualmente?
— ¡Eso me vale una mierda! — ella gruñó y decidió marcharse a su habitación, como si no le importara nada en absoluto.
Aquella discusión no tuvo sentido para Zack, ¿Por qué Karina se había comportado de esa manera con él? ¿Qué se traía entre manos?
Zack decidió no darle importancia, dejó que su malhumor se hiciera a un lado, y volvió a sacar otra cerveza de la nevera, esta vez, trató de beber fondo del licor para que, por culpa del coraje, no lo volviera a desperdiciar, desquitándose con la cerveza que nada tenía que ver con lo sucedido hace un rato.
El olor de las salchichas asadas lo atrajo hacia la fogata, sus lobos compartían entre ellos, se reían mientras charlaban, contaban anécdotas graciosas de cuándo eran lobos más pequeños y primerizos de ser parte de una manada, entre ello, Zack se unió a su conversación, y le dieron una salchicha que comió con tanto gusto que se olvidó por unos minutos acerca del problema que había tenido con la inmadura y malhumorada de Karina.
El resto de la fogata fue muy agradable, Zack terminó comiendo más de la cuenta, perdió la cuenta cuando se llevó a la boca, quizás, la cuarta salchicha.
La fogata acabó alrededor de las tres de la madrugada, y Zack ayudó a organizar todo, en todo momento de la celebración, Karina no salió, de hecho, Derek tuvo que subir a su habitación para llevarle su comida, porque de no ser así, era muy probable que terminara quedándose sin comer nada con todo ese poco de lobos hambrientos que tenía por compañeros de manada.
— Zack… Quiero hablar contigo, ¿Podemos? — dijo Derek a Zack para cuando bajó de la habitación de Karina al llevarle el último plato de comida que quedaba para ella.
Zack asintió, preparándose para contarle toda la verdad a su mejor amigo antes de que fuera tarde, porque bien sabía él que Karina, algo tuvo que haberle mencionado de lo que pasó entre ellos como para que Derek se hubiera mostrado tan preocupado después de haber ido a verla.
— Ven, vamos al bar. Necesito un trago, y tú también necesitarás uno, porque necesito contarte muchas cosas. Pues a partir de mañana, las cosas en esta manada cambiarán, quién sabe si para bien, quién sabe si para mal, pero definitivamente, las cosas cambiarán. Con ello, te voy adelantando un poco acerca de lo que te voy a confesar cuando lleguemos al bar. Sígueme, vamos — dijo Zack, sintiéndose un poco mareado y alegre por culpa de la cantidad de cervezas que se había tomado esa noche junto a la fogata.