El amor nace en lo prohibido

1242 Palabras
¿Se las debía? ¿Por qué se había sentido decepcionada cuando escuchó decir eso? ¿Acaso no, este lobo no había pretendido salvarla solo por querer hacerlo, sino por cuestión de venganza y aprovechándose de su momento? Por un instante, Ariel creyó que Zack podía haber sido un lobo de los buenos, pero después de todo, no parecía ser así. Se decepcionó un poco, pero tampoco iba a ser para que cambiara el pensamiento que tenía acerca del lobo, ahora, se sentía confundida. ¿Aquel lobo era bueno? ¿Era malo? ¿Estaba del lado de las brujas o no? — Bueno, de todas maneras, quiero agradecerte por haberme salvado, de no ser por ti, puede que ahora esté muerta — dijo la bruja, sin quitarle la mirada a los ojos de Zack. Zack tampoco le quitaba la mirada de encima. Por un instante, el lobo sintió la necesidad de tumbarse encima de ella, sin pretender lastimarla, solo quería estar cerca de ella, besarla, abrazarla, y si puede, hacerle el amor para terminar de marcarla a ella con un mordisco en el cuello, así como hacían los lobos cuando han encontrado a su pareja predestinada. Pero, por otro lado, él no quería hacerlo, no quería espantarla, y quería hacer las cosas bien. Porque quería estar con ella, con nadie más, y tampoco iba a poder hacerlo presionándola. — ¿Te sientes mejor? ¿Quieres que te acompañe a tu casa para asegurarnos de que ese idiota no te persiga y sepa donde vives para que no te pueda encontrar? Porque conozco a Gregori muy bien, y cuando él quiere algo, no descansará hasta conseguirlo, y realmente, no quiero que te suceda nada. Ariel se quedó mirándolo, pensativa, no sabía si sería buena idea que él la llevara hasta su casa, no después de conocer la rivalidad que existe entre las brujas y los hombres lobos. Sin embargo, Zack tenía razón en algo, y es que no podía dejarla seguir yéndose sola a casa después de lo que ocurrió con ese lobo oscuro que quería hacerle daño, por esta ocasión, la había tomado de sorpresa, pero luego, podría ser diferente, y hasta terminar peor de lo que pudiera controlar porque su magia apenas estaba aprendiéndola a controlar con las lecciones y prácticas de Lilith. Finalmente, Ariel decidió aceptar la compañía del lobo al resultar ser honesta para ella. Caminaron juntos, en silencio. Ariel no podía mirarlo a los ojos, cuando lo hacía, una chispa se encendía en el interior de su estómago. Ariel no se sentía incómoda, al contrario, se sentía tranquila, estaba confiada de que, realmente, Zack estaba cuidándola, pero entonces, en ese momento, las cosas cambiaron para ellos. Ariel tuvo un impulso, uno difícil de controlar, y fue así como, de repente, ella se acercó con prisa hacia él, y se lanzó a sus brazos. Zack reaccionó y la tomó con fuerza para que ambos no fueran a caer al suelo, y entonces, se miraron a los ojos. Ariel sentía que un extraño y poderoso sentimiento crecía en su interior, un sentimiento hacia él, y era uno del que no sabía con certeza si estaba siendo bien recibido o no. Sí, sería correspondido o no. Pero, evidentemente, Zack correspondería a ese sentimiento sin pensarlo, sin medir las consecuencias de sus actos. Tal parece, a ninguno de los dos les gustaba que eso fuera así, que fuera dependiente de lo que su manada de hombres lobo y su clan de brujas pensaran. Zack no lo pensó ni dos veces, y besó a Ariel. Para ambos, aquel beso fue muy bien correspondido, nunca antes, ni cuando fue novia de su esposo, Ariel había recibido un beso así. Tan vivo, tan lleno de amor, fue como si Zack realmente la deseara más a ella que lo que ella lo deseara a él. Al separarse, volvieron a mirarse a los ojos, pero esta vez, con una sonrisa de par en par dibujada en sus rostros. — Wow… Yo… Lo siento, pero no pude contenerme. Espero que esto no te haya molestado — Ariel confesó, para nada se sentía arrepentida de lo que había pasado entre ellos. Zack negó con la cabeza, sintiéndose tranquilo por lo que había sucedido entre ellos, pero sobre todo, se sintió feliz de que así hubiera sido. — Yo lo deseaba tanto como tú — él susurró frente a sus labios. Ella sonrió. Pero por dentro temía que su matrimonio, que aún no había sido dado por terminado con un acta de divorcio, fuera a ser un obstáculo para su nueva relación, relación a la que ella estaba dispuesta en arriesgarse para aceptar. No le importaba en absoluto lo que sus brujas fueran a pensar de ella, ni lo que los lobos de la manada de Zack fueran a pensar de esto. Ella quería seguir adelante, ya dio el primer paso, no había marcha atrás. — Es que… No sé qué me pasa ahora, cuando nos conocimos, no fueron en las mejores circunstancias, y ahora, ¿Estoy sintiéndome así de nerviosa por ti? ¿De qué se trata esto? — preguntó ella confundida, sin soltarse de los brazos de su lobo. Zack tampoco quería soltarla. — ¿Quieres que te confiese algo? Ella asintió. — Es el destino. Por favor, no te asustes con lo que te diré, pero desde que te vi, supe que eras para mí, que eras mi pareja elegida, mi pareja predestinada. Mi mate, la que estaría conmigo para el resto de mi vida, y yo sé que no nos conocimos en buenos términos, y que si esto de nosotros avanza, a mi manada y a tu clan de brujas no les gustará, pero no me importa, no voy a dejarte ir solo por un capricho de leyes sobrenaturales. Sé que no he sido lo mejor, que llevamos poco tiempo conociéndonos, pero eso no importa. Quiero conocerte y ver qué sucede en nuestro camino, ¿Te gusta la idea? — dice Zack, sin dejar de mirar a Ariel a los ojos. Ariel sonríe, y sin pensarlo, asiente la cabeza. Estaba de acuerdo, no entendía nada de los términos que usó Zack para referirse a ella, pero estaba segura de que el lobo hablaba de amor. Volvieron a besarse. Por dentro, Zack no lo creía, no creía que había sido capaz de encontrar su pareja predestinada, y que ella había sido capaz de aceptarlo sin rechazo alguno. — ¿Quieres que te lleve a tu casa? O, ¿Prefieres que vayamos a cenar? Déjame invitarte — sugiere Zack. Ariel hace pucheros y niega con la cabeza. — ¿Qué opinas si salimos mañana? Tengo un compromiso con mi clan de brujas, vamos a venir al bosque a practicar mis conjuros, ellas necesitan que yo aprenda a usar mi magia rápido si quiero quedarme en su casa y con ellas. Ya sabes, una bruja no puede andar sin su clan. Además, tenemos muchos enemigos a quienes enfrentarnos, si alguna de nosotras decide salir a pasear sola, tendrá que saber defenderse, y yo todavía no sé como hacerlo. — Sí, lo comprendo muy bien. Está bien, te llevaré a tu casa, y mañana, a las 7:00 de la noche, nos vemos en el restaurante italiano del parque, no sé como le harás para escapar, pero se ve que eres una mujer muy inteligente y lograrás salir sin que te descubran. — Así lo haremos — ella respondió con seguridad.
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