Su mate

1137 Palabras
— ¿Qué pretendes con eso, Zack? ¡El bosque es público, no te pertenece! ¡Aléjate de mí! ¡Quiero a esa chica! — Gregori gruñía con intensidad, su cuerpo pretendía moverse debajo de las grandes patas de Zack, y Zack se lo impedía. Que Gregori quisiera hacer de las suyas con su mate, era algo que Zack no perdonaría, por él fuera, lo mataría ya mismo, de no ser que donde se entere Mark, el alfa de la manada de Gregori, de la muerte de uno de sus miembros más importantes como lo ea su beta en manos del alfa enemigo, Zack lo haría, todo defender a su mate de que caiga en las garras de este lobo perverso. Gregori era de esos lobos en los que nadie podía confiar, por más que hiciera promesas, jamás las cumplía, y terminaba quejándose, y haciéndose el imbécil. Zack no entendía como este lobo era el beta de Mark, y para colmo, Mark lo defendía a capa y escapada como si no supiera lo que en realidad era. Además, Gregori tenía fama de mujeriego dentro de las manadas de lobos que existían en Nueva Orleans, quizás y por ello, hasta el momento, no había encontrado a su pareja predestinada, ¿Y cómo la encontraría si solamente pensaba en sexo? ¿En acostarse con las chicas a pesar de que ellas se negaban a hacerlo con él? Gregori era un rebelde de primera, y por eso estaba allí. — ¡Zack, quítate de mi camino si no quieres terminar muerto! — exigió Gregori entre gruñidos. Su cuerpo de lobo seguía sacudiéndose bajo las patas de Zack como un cachorro desesperado por salir de sus garras y marcharse de allí corriendo a esconderse detrás de las patas de su madre. Simplemente, Zack lo miraba fijamente. La mirada de Zack era de odio puro y deseo de morderle el cuello para que muriera desangrado, sin embargo, él no quiso hacerlo, porque donde lo hiciera, iba a meterse en problemas, y graves, además de que, probablemente, Mark se vengaría de él, y algún integrante de su manada terminaría lamentándolo, y estaba más que seguro que sería Derek el que seguiría en la lista, y Zack no iba a permitirse el lujo de perder a su mejor amigo de toda la vida. — ¡Lárgate y no quiero volver a verte por aquí, nunca más! ¡Si lo haces, te mataré sin pensarlo! — gruñó Zack con exigencia. Ariel no entendía nada de lo que pasaba, para ella, nada más eran dos lobos mirándose entre ellos, gruñendo de vez en cuando, demostrándole quién era el más fuerte de ambos. Zack estaba siendo el ganador, hasta que se retiró de encima de Gregori, y sin pensarlo dos veces, el lobo salió huyendo de escena, desapareciendo de entre la oscuridad y de la vista de los demás. Ariel seguía mirando todo, estaba asustada, pero al mismo tiempo, se sentía segura, fue como si ella hubiera sabido que en ese momento, Zack no iba a permitir que le hicieran daño, de lo contrario, si así hubiera querido que sucediera, aquel lobo oscuro y perverso hubiera cometido su deseo con ella. Ella sabía que era Zack, aquel lobo que la mirada con otros ojos, ojos diferentes a los del lobo anterior. Ariel recordaba la figura de Zack, su pelaje, y sus ojos, que ahora la miraban con serenidad, con intención de haberla protegido de que alguien hubiera querido hacerle daño. Ariel iba a salir de su escondite bajo el agua, pero recordó que estaba desnuda. — ¡Voltéate para que pueda vestirme y salir! — ella gritó a Zack con vergüenza, aunque ya no debía de sentir vergüenza, puesto que él la había visto desnuda desde un principio. Pero ahora, él no quería que ella lo supiera o se enojaría. Entonces, como un buen perro obediente y domesticado, Zack se dio la vuelta y decidió alejarse un poco para darle la privacidad que tanto le pedía Ariel para vestirse y no sentirse más incómoda de salir así. Mientras que ella se vestía, Zack brincó al bosque, saltando sobre la altura de un arbusto, y cuando cayó al suelo, su cuerpo de lobo se había desaparecido, ahora, era un simple humano. Sin que Ariel se diera cuenta, desde la oscuridad donde se escondía Zack para no verla, terminó por verla, ella salía de la cascada, y estando así de mojada, se puso su ropa porque no había llevado toalla para secarse, de haberlo sabido que terminaría allí, lo hubiera hecho. Otra vez, Zack la vio desnuda, y en esta ocasión, tuvo la oportunidad de sentir como la figura de esa mujer lograba excitarlo inesperadamente. Cuando estuvo lista, Ariel miró hacia el lugar donde creía que Zack estaba esperándola. — ¿Estás por ahí? — dijo Ariel sin necesidad de gritar, porque creyó que siendo Zack un lobo, podría escucharla a la perfección desde esa distancia y sin alzar la voz. — Sí, aquí estoy — Zack respondió, saliendo del interior de su escondite. Al verlo salir, Ariel no supo cómo reaccionar, no supo cómo sentirse al respecto. En la primera vez que se conocieron, ella y Zack habían peleado, ella lo había atacado brutalmente con su magia, y él juró que pronto se volverían a reencontrar. Pero ahora, es una situación diferente, y ella sentía que había algo en ellos, que no era normal. ¿Habrá sigo gratitud hacia él lo que ella sentía por haberla salvado? — Eh… muchas gracias por haberme salvado. De no ser por ti, quién sabe que hubiera sido de mí. Soy muy distraída, no me había dado cuenta de lo que pasaba a mi alrededor por vivir metida en mis problemas — dijo Ariel, sintiéndose avergonzada por lo ocurrido. Zack asintió. — Sí, no te preocupes. Estaba caminando por aquí, a veces me gusta ser lobo y caminar por la naturaleza como lo que soy. Y fue así como supe que estabas en problemas, cuando vi a ese imbécil de la otra manada que se estaba acercando a ti, y no dudé en salvarte. De todas maneras, me las debía, no tenía por qué caminar sin mi permiso y por mi territorio, ya había hablado de esto con la otra manada, y habíamos aceptado el trato de que nadie se metería en las tierras de nadie, teniendo las propias — dijo Zack, sintiendo un profundo resentimiento porque Gregori haya incumplido las normas de los hombres lobos de esa manera, y más para cunado quería hacerse dueño de Ariel en su propia cara. Zack solo ansiaba que Gregori no se haya dado cuenta de que Ariel era una bruja, porque de ser así, Gregori podría haberse dado cuenta de que Zack se había imprimado con ella desde que quiso salvarla de esa manera.
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