El viejo detective se llevó la mano al bolsillo y sacó un pañuelo blanco, con el cual limpió su frente sudorosa. Hacía bastante rato que se quitó el saco y la corbata, tratando así de reducir el impacto del calor sobre su cuerpo, aunque conseguirlo era una proeza, dado el lugar donde estaba y las condiciones climáticas habituales. — ¿Le apetece una bebida fría, detective? Kanzaki le entregó la lata de color rojo a Terion, quien agradeció con un asentimiento de cabeza. El simple contacto de sus manos contra el frío de la lata ya le suponía un ligero alivio. —Esta época es de las difíciles—, añadió el hombre tomando asiento al lado del detective— el clima es avasallador para la mayoría de foráneos, los que somos de Osaka no la pasamos tan mal— concluyó apurando un trago de su bebida. El

