Eso debe cambiar, no se debe vivir con esas vidas pasadas sin darle vuelta a la página. Ibrahim pensaba en llevar la biblia en la próxima visita e invitarlos a la iglesia católica para que encuentren la paz interior, esa paz que tanto necesitan. Muchos de la comunidad o pocos, quizás, habrán asistido en algún momento a misa.
A la familia de Sharis se le nota… Un “jamás he asistido a misa”, es por ellos que, necesitan orientación, creencia, solo se enfrascan en la ignorancia y ven lo que solo quieren ver, no se atreven a buscar qué hay más allá de sus creencias africanas.
¿Por qué culparlos? Son descendientes de esclavos que llegaron desde hace muchos años a este país, en el cual echaron raíces, se quedaron y de allí sus creencias han ido desarrollándose con el tiempo.
Las religiones de los africanos, los bailes afro pop como lo llaman ahora, tiende a ser música mezclada con distintos elementos, europeos y americanas.
Ellos expandieron su r**a a todos los lugares donde fueron llevados, vendidos como esclavos. Con los esclavos africanos llegados a la Isla de Cuba, fueron más de medio millón remontándose por los años 1840 por ende, la mayoría de los pobladores cubanos son africanos.
En los Estados Unidos, se liberó la esclavitud por los años de 1863, cuando el presidente Abraham Lincoln, los emancipó para su libertad, hoy en día muchos de los afroamericanos siguen pensando en aquellos tiempos de sus antepasados, lo mucho que sufrieron mientras fueron esclavos en este país.
La familia Martí, creció con todas esas creencias, de la misma manera, Sharis escucha a su abuela contar la misma historia siempre… Eso la hace sentirse rechazada tanto por blancos, como por gente de su misma r**a. Tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, abuelas, todos y cada uno en su tiempo, contaban esas historias tratando de que nunca pudieran deshacerse de sus ancestros y lo que trajo, todo ese pasado al presente.
En caso contrario, Ibrahim creció junto a sus padres, en Europa, exactamente en Londres, una ciudad inmensa, con mucha gente, con una cultura desarrollada en gran potencia. Con tradiciones como las de este país, Estados Unidos, entre otros. Los padres de Ibrahim viven al norte de Watford, enviaron a su hijo a estudiar en el colegio católico St. Joseph´s Seminary, College, ubicado en Manhattan.
La rebeldía de las personas de color, se debe muchas veces a sus estatus, es como todo, encontramos artistas, cantantes, cineastas, presidentes… muchísima gente de color con buena posición social, así como los blancos que no todos tienen la misma suerte, la realidad suele ser más visible que lo que puedes pensar o sentir.
Sharis pudo haber sido una chica adinerada, pues su padre tiene cadenas de tiendas, pero ella no corrió con tanta suerte. La madre abandonó al padre apenas nació Songo, no soportaba sus teorías, todos los momentos que pudieron pasar juntos era solo para tener algo de sexo, los demás días eran sacar cuentas, llevar balances, traer y llevar mercancías, una vida monótona que no le ofrecía más que eso.
Loray conoció a Emilco en una fiesta de fin de año, celebrada en una de las tiendas de las cuales era empleada. Allí trabajaba como costurera, mientras él, era el dueño.
—Ya regreso, iré por una copa —dijo Emilco mientras se encaminaba hacia la barra, un poco distraído.
Mientras Emilco iba a llenar su copa, Loray regresaba de haber hecho lo mismo.
Sorpresivamente, tropezó el uno con el otro, lo que provocó que la copa de Loray se cayera y se hiciera añicos, mientras que la de Emilco, quedó intacta entre sus manos.
— ¡Oh, cuidado! —exclama Loray.
— ¡Ay, lo siento! —dice Emilco, sosteniendo su copa con firmeza.
— ¡Ay, noo! —acota la empleada mientras la copa cae al suelo, haciéndose trizas.
— ¡Oh, vaya! ¡Eso debió doler! ¿Te encuentras bien? —pregunta Emilco, mostrando preocupación.
— Sí, sí. ¡Estoy bien!, más bien disculpa mi torpeza. —exclama Loray, entre risas.
— No, no te preocupes. Yo tampoco me fijé por donde iba. (Riendo)
Sorprendidos por lo sucedido, ambos se miraron y rieron, como si se tratara de algo divertido. De haber sido un tropiezo más fuerte, alguno de ellos habría resultado herido.
— Bueno, me parece que tendremos que conseguirme una nueva copa. —dice mirándolo a los ojos.
— Creo que es una buena ocasión para invitarte a tomar algo conmigo. —le dice Emilco, devolviéndole la mirada.
— Me encantaría, —finaliza Loray.
Desde ese entonces se enamoraron y contrajeron nupcias. Él apenas se estaba formando como empresario, tenía un par de tiendas, fue creciendo poco a poco hasta formar una red de sucursales en casi todo el país.
Para Loray empezaron los problemas debido a las fiestas de cóctel, las llegadas tarde de su esposo, las mujeres que lo acompañaban en los eventos y las que conocía en ellos, entre otros… Sufría mucho por ese hombre, ella solo era una costurera en uno de sus talleres de costura, al cabo de un tiempo, salió embarazada de Sharis, para ese entonces, ellos estaban bien y su relación, comenzaba a arreglarse.
La vida le estaba dando un respiro a la señora de Briche.
Al pasar un tiempo, cuando la niña estaba casi de dos años, Emilco embarazó a su mujer. A partir de ese momento, las peleas eran más frecuentes, la golpeaba cuando regresaba tomado y la maltrataba verbalmente. El cambio había sido radical, sin embargo, Loray no quiso poner nunca una denuncia, a pesar de todo, no deseaba verlo entre las rejas y mucho menos, arruinado socialmente, por lo que ella, solo tomó una decisión, y fue dejarlo para siempre.
Desde ese entonces, no volvió a saber nada más de su esposo, ella mandó los papeles de divorcio y no quiso nada que viniera de él, ya que le recordaría esos momentos horribles que hubo vivido en el pasado con Emilco Briche. Luego de eso, decidió ser simplemente, Loray Martí… De su vida nunca más escuchó hablar. A pesar de los comerciales que pasan de sus tiendas, ni los ve, ni los escucha y mucho menos las visita, ella solo se apartó sin desear volver ni saber de ese hombre que la maltrató hasta más no poder.
Su vida cambiaría para siempre, volvería a ser la misma costurera, sin dinero, pero tranquila con una paz mental, que ni todo el dinero del mundo puede comprar.
Después de eso nunca ha de olvidar aquella frase que dijo antes de salir… «Preferible comer un trozo de pan solo, que comer un banquete con tantas amarguras», de allí se aseguró de no volverlo a ver, alejándose para siempre.
Sharis no le perdona a su madre, por la vida que le ha hecho vivir en ese barrio, como lo llama “inmundo”.