PRÓLOGO

511 Palabras
La vida no siempre se desarma en cámara lenta. A veces, se desmorona a puñetazos, gritos, o gemidos mal cronometrados. Miguel miraba fijamente el reflejo de su nariz sangrante en el espejo del baño de empleados, mientras pensaba en cuántas veces le habían dicho que "controlara su carácter", él solo recordaba fue más de una vez. El puñetazo que le dio a su compañero de trabajo había sido limpio. El problema fue que lo hizo frente a toda la oficina... y justo después de que saliera a la luz que estaba acostándose con la esposa del jefe de planta, esa rubia tentación, ahora se encuentra desempleado, con una posible cicatriz en la ceja y sin un solo peso en el bolsillo. Ángel, por su parte, no tenía sangre en la cara, pero sí un camisón femenino enredado en el tobillo y la boca seca del susto. La puerta del departamento se había abierto de golpe y ahí estaba ella: Carolina, su novia de los últimos tres años, con una maleta en la mano y la expresión de quien acaba de descubrir que su confianza fue una estupidez. La mujer que yacía en su cama apenas alcanzó a cubrirse. Él no alcanzó a decir nada coherente, luego de un portazo y varios gritos después, lo único que le quedaba era un departamento que no le pertenecía, una relación hecha cenizas, y la certeza de que estaba por dormir en la calle. Raí no estaba en una oficina ni en una cama ajena. Estaba en su pieza, su pequeña fortaleza de la soledad frente a su consola, justo cuando su padre irrumpió como una tromba de rabia y decepción. "¡Veintiocho años, Raimundo! ¿Hasta cuándo con esta mierda? ¡Consíguete una vida! " El joystick voló por el aire y la consola...también. Minutos después, Rai recogía sus cosas mientras su viejo le cerraba la puerta en la cara. Literalmente. Tres historias que empezaron como cualquier otra mañana… terminaron en una sinfonía de caos compartido. Los tres caminaron por distintas calles, bajo el mismo sol de las cinco de la tarde y como siempre, sus dedos fueron a dar con el chat grupal que tenía el mismo nombre desde la secundaria: “Los locos 💥”. Miguel: ¡Me echaron! y creo que también tengo una orden de alejamiento 😅 Ángel: Mi ex me echó a la mierda y ahora no tengo ni dónde caerme muerto. Rai: Mi papá me echó de la casa y me rompió la consola 😭 Ese weón ya no me quiere ni ver Miguel: ¿Nos vemos en la plaza? La respuesta fue casi inmediata, como un reflejo natural. Ángel: Obvio de ahí somos Rai: Yo llevo las chelas o lo que queda 😅 Y así, como cada vez que el mundo se les venía encima, los tres volvieron al único lugar donde todo tenía sentido: una banca vieja, una mochila por cabeza, y el tipo de risa que te salva la vida. Aunque esta vez… las risas iban a tener que durar más que nunca.
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