Con la precaución de los que saben lo que está en juego, Willy deslizó su mano hasta la de ella, esa que aún tenía la piel sana, suave y empapada. Entrelazó sus dedos y la miró a través de sus gafas empañadas para invitarla a seguirlo. Ella lo miró con el corazón a punto de quebrar sus costillas, sentía un deseo irrefrenable que parecía haberle ganado la pulseada al temor. Bajó su mentón al mismo tiempo que sus párpados, en una volcada que supo convertirse en un sí. Quería acompañarlo, quería darle en control, aunque en el fondo no estaba segura de poder lograrlo, decidió intentarlo de todos modos. Willy comenzó a caminar hacia la entrada, primero hacia atrás, como si no quisiera perderla de vista, pero la lluvia había formado charcos en el camino y no tuvo más remedio que voltear. Col

