Hola, Afrodita. Ya preparé tu comida favorita, te espero a las nueve en casa. . . Desde aquella noche, la más oscura para la ciudad de Barcelona, que había sufrido el apagón más largo de su historia, nada había sido igual. Era irónico como la oscuridad había logrado traer tanta luz a lo que ambos sentían. Luego de aquel primer encuentro, Willy la había alzado en sus brazos para llevarla hasta uno de los sillones del amplio living. La había recostado allí, para luego cubrirla con una delicada manta que había estado enrollada en un canasto cercano durante todos los años que él llevaba viviendo allí. La había comprado exclusivamente con ese fin y había esperado pacientemente hasta ese día, sin atreverse a moverla. Incluso en las frías noches de invierno, en las que sus pies helados lo

