Hola Afrodita, toda semana deberìa comenzar con un buen café, una ducha tibia y tus ojos en el espejo. . . El lunes llegó como un respiro para Bianca, que no había logrado salir de su lùgubre fin de semana. Uno a oscuras, entre las cuatro paredes de su piso, con apenas un trozo de pan, el último paquete de Chocolinas que había traído de Argentina y una botella de vino que sabiò a poco luego de la cuarta hora de llanto. No quería ocupar ese papel, no deseaba convertirse en lo que tantas veces le había criticado a su hermano y sin embargo allí estaba, buscando en la soledad y el alcohol una solución que nunca encontraría. Como su computadora no había sido instalada, debía regresar a la oficina. Se puso sus pantalones oscuros y escogió una camisa clara que abrochó hasta el último botó

