Sin decir nada, me corrí de la mesa de luz donde estaba apoyada y dí los pasos suficientes como para quedar justo en frente de él. Su mirada quemaba cada espacio de mi cuerpo, haciendolo hervir en ganas. Unas ganas irrefrenables de que me tome en sus brazos y me haga suya de una vez. Mientras observaba expetante cada movimiento que hacía, comienzo a buscar con mis manos sudadas y con los nervios de punta el borde de mi remera. Una vez que la tengo entre mis dedos la voy jalando hacia arriba, para deslizarla sobre mi cuerpo hasta sacarmela por completo. Su mirada pasean por mi torso aun con el sujetador, mientas puedo sentir como mi centro se contrae ante sus ojos completamente dilatados. Continúo quitarme lentamente las prendas que cubren mi cuerpo, esta vez el pantalon quedándo tan

