Sofía. —Lamento profundamente que hayas tenido que cargar con todo ese peso tú sola, Sofía —murmuró Amelia, rompiendo el silencio que se había instalado en la habitación. Mis amigas acudieron a mi camarote en cuanto me marché del comedor, llevándome el desayuno que no alcancé a terminar y quedándose a mi lado mientras les abría las puertas de mi pasado. Les conté, con una crudeza que no sabía que poseía, cómo fue mi vida sin el amparo de unos padres presentes. —Ustedes tampoco la han tenido fácil —les respondí, observando sus rostros compungidos—. Crecieron bajo el yugo de padres tradicionales y estrictos; hombres y mujeres poco cariñosos que no entienden de amor, solo de normas. Sé que intentan obligarlas a vivir una vida que no eligieron, alejándolas de las personas que realmente las

