Habían transcurrido un par de semanas desde que lo mío con Vincent se fue por el drenaje. Fueron muchos los momentos que disfruté a su lado, el problema fue que me perdí en el camino. Los días al inicio resultaron un tanto difíciles, caminar frente al café donde lo vi por primera vez y tuvimos nuestra primera cita, detenerme en la entrada de la revista y mirar atrás pensando que él estaría en su oficina pensando en mí tanto como yo o quizás ya me había olvidado.
El intentó varias veces que arregláramos las cosas pero al hablar con él y que no entendiera lo que estaba mal dejó claro que lo nuestro ya había tenido su tiempo y era momento de avanzar. Y aunque se volvió una tarea titánica levantarme cada día para ir a la revista, con el tiempo resultó más sencillo.
—¿Nos vamos de farra esta noche? —se acerca Alice a mi escritorio haciendo un baile muy particular, es muy cosa de Alice, siempre consigue sacarme una sonrisa.
—No puedo —le entrego la invitación para el evento de esta noche. Es una gala benéfica.
—¿Es en serio? ¿No hay manera de que te zafes de esta? —hace un mohín dejando caer la invitación sobre los papeles de mi escritorio.
—Marjorie me la ha entregado esta mañana. Tengo que tomar fotografías y hablar de las tendencias que se vieron en la alfombra azul de esa gala. Hizo especial énfasis en la importancia de mi presencia en el evento y lo que sucedería con mi escritorio si no tenía el artículo el lunes sobre su escritorio. El artículo saldrá el martes. No tengo alternativa.
—Es una mierda.. —resopla jugando con uno de mis resaltadores mientras veo que sopesa una idea en su cabeza—. Que eso no nos desanime —sus manos se estrellan contra la superficie de manera estruendosa haciendo que mis compañeros de sección se giren para ver. El resaltador salta por el golpe cayendo cerca de la pantalla de mi ordenador.
—¿Puedes moderarte un poco? —le pido bajando la voz.
—Te enviaré la dirección del club al que iremos esta noche.
—Ya te dije que…
—Nos veremos después de que hagas tu trabajo, tranquila —me da un guiño y se marcha a la sección de salud donde trabaja.
Alice es una fuerza inquieta llena de tanta energía y tan impredecible, que hizo que congeniáramos de inmediato. Agradezco que no trabajemos en el mismo espacio o nuestros compañeros hubiesen presentado una queja hace mucho.
Cuando llego al apartamento Liz no está ha dejado una nota donde indica que ella y Alice salieron y que no vemos en el Club Sensitive después de que cubra el evento. Me envió la dirección y no está tan lejos del lugar al que debo asistir; ambos quedan en el centro de la ciudad, así que eso es un punto a favor.
Como es un evento formal hago uso de uno de mis mejores vestidos, uno color plata que cae delicadamente por mi cuerpo hasta el suelo y tiene un hermoso escote que se detiene en mi espalda baja. Alzo mi cabello en un recogido desprolijo y opto por un maquillaje sutil dejando que mis labios sean los protagonistas con un labial rosa que hace que mis labios adquieran un tono natural. Tomo mi pequeño bolso y guardo además de mis papeles, dinero, maquillaje, una grabadora y mi móvil.
—Celine Beaumont —muestro mi invitación a uno de los hombres que custodian la entrada, revisa mi nombre en la pantalla de su tableta y con un Bienvenida me invita a pasar.
Cuando digo “Pasar”, hablo del primer cordón de seguridad. Ahora me encuentro con una extensa alfombra azul, con vallas de distintos patrocinadores de este evento, Mercedez, Puma y Adidas son unos de los que se han sumado a la causa de centros integrales para niños en comunidades de pocos recursos. Desfilan frente a mí un mar de celebridades deteniéndose frente a las vallas para posar a los fotógrafos.
Reconozco a uno de los nuestros y sonrío. Mi trabajo es esperar después de la alfombra para hablar con algunos invitados sobre lo que usan, sus motivos para apoyar esta causa y lo que piensan de la gala, y justo eso hago.
Dos horas más tarde me duelen los pies al permanecer tanto tiempo de pie, me reprocho por decidir usar unos zapatos tan altos. Doy un vistazo alrededor y parece que las personalidades más importantes ya han llegado, así que sin pensarlo un minuto más entro al salón donde tendrá lugar el evento. El azul y el blanco son los colores que reinan en todo el espacio. Hay comida, bebida y música, como en todos los eventos.
El orador hace su llamado de atención y después de un conmovedor discurso que lo más probable es que no haya sido escrito por él, invita a los presentes a hacer su donación. Comunica que durante el resto de la velada dos invitados harán su presentación para hablar de su labor en esta causa y nos deja disfrutando de una artista internacional que nos entretiene unas canciones para después ser sustituida por un Dj.
Estrecho manos de invitados, doy besos de cortesía, sonrío como si los chistes de estas personas fueran graciosos aunque la mayoría no lo son. Me gusta mi trabajo pero asistir a este tipo de eventos no tanto, menos los de caridad. Para mí son estrategias de publicidad de las que se valen los artistas para conseguir fama. Soy de las que piensa que si quieres hacer caridad hazlo sin necesidad de que el resto del mundo sepa que lo haces.
Cuando creo que tengo toda la información que necesito me dirijo a uno de los baños más alejados del salón, cerca de una salida de emergencia. Es el pasillo menos concurrido y lo agradezco porque no quiero tener que despedirme de nadie.
Entro al tocador de damas y retoco mi maquillaje mientras le aviso a Alice que pronto estaré con ella. Ella dice que el sitio es una bomba y que le diga al gorila de la entrada que he sido invitada por Dominic. No tengo la menor idea de quién es ese tipo Dominic, pero me da igual. Creo que me vendrá bien salir.
Estoy terminando de arreglarme para luego vaciar mi vejiga cuando la puerta se abre de forma abrupta dando paso a un hombre con cara de pocos amigos.
—Necesito que te salgas —exige haciendo señas de que me vaya y yo me quedo perpleja.
—Soy yo quien necesito que te vayas. ¿Sabes que este es el baño de damas? —me cruzo de brazos ceñuda y veo que su mandíbula se tensa teniendo que tomar un par de inspiraciones.
—Lo sé. Por eso estoy aquí. Ahora necesito que te largues de aquí.
—Quien tiene que sacar su trasero de aquí eres tú —señalo la puerta y siento que estoy a punto de sacarlo yo misma.
—¿Acaso tienes una idea de quién demonios soy yo? —Avanza deteniéndose a unos centímetros de mi rostro. Es solo unos centímetros más alto gracias a mis tacones, su cabello es castaño claro que cae hasta sus ojos que son una mezcla de azul y verde, de una manera turbia y violenta.
—No. ¿Uno de los más buscados por la INTERPOL? —este tipo no me genera ni una pizca de buena vibra. Su rostro me suena pero estoy tan ofuscada por su intromisión y falta de educación que me importa una mierda si es uno de los nietos de la reina Isabel II. Él cree que puede intimidarme pero no sabe con quién se está metiendo.
—¿Acaso vives con la cabeza metida en un agujero? —Se ríe con ironía. Una parte de mi quiere largarse e ir a bailar con Alice y Liz, pero mi parte orgullosa no va a obedecer a este tipo.
—Probablemente se deba a que no eres tan importante como lo piensas —mi respuesta no le ha gustado porque su risa cesa tan pronto escucha mis palabras.
—¿Te vas a largar de una buena vez? —esta vez no es una petición es una orden, su voz suena más afilada que una navaja y sus ojos lucen ahora tan oscuros que no creo haber percibido tanta ira contenida dentro de alguien, pero no me dejo amilanar ni un minuto.
—No. Aún no termino —Tomo una profunda respiración, me cruzo de brazos recostando mi peso sobre uno de los lavabos y la vena en su frente parece estar a una oposición más de explotar. Se pasa las manos por el cabello con exasperación y camina de un lado al otro como intentando calmarse. Finalmente es como si hubiese tomado una decisión y se detiene.
—Bien. Entonces supongo que estás atascada aquí conmigo. —Sale un momento colocando el cartel de fuera de servicio, al volver echa pestillo y recuesta su espalda sobre la puerta bloqueando la salida.
—¿Estás de coña? —pregunto confundida porque este hombre no puede estar hablando en serio.
—No. Te di la oportunidad de que te largaras. Ahora estás encerrada aquí conmigo hasta que toda esta mierda de caridad llegue a su fin.
—¿Tú y cuántos más me van a impedir irme cuando quiera? —Camino hasta él decidida a usar la fuerza de ser necesario pero él ni siquiera se inmuta.
—¿Cómo sabes que no estoy armado? ¿o no soy peligroso? —se yergue frente a mí con expresión seria y yo retrocedo de forma involuntaria, su mirada me hiela la sangre y dudo por unos segundos, los suficientes para darse cuenta de mi reacción, una sombra de arrepentimiento parece nublar su mirada, así que retrocede y se sienta en el piso reemplazando su antigua expresión con una sonrisa triunfal.
—¡Muévete! —Avanzo reuniendo todo el valor del que soy capaz.
—No me has dejado otra alternativa. —Se levanta resoplando y cuando vengo a darme cuenta me carga sobre su espalda, llevándome dentro de uno de los sanitarios. Al dejarme en el suelo intento escapar pero me lleva ventaja, así que antes de llegar a la puerta la cierra en mi nariz sujetando con algo la puerta desde el exterior.
Escucho sus pisadas alejarse para después regresar de forma pausada. Un ruido sordo suena contra la puerta metálica sobre saltándome y la imagen del sillón ubicado a un lado de los lavabos viene a mi mente. Maldita la hora en la que hacen de un baño una sala de descanso.
—¡Sácame de aquí! —Golpeo varias veces la puerta con fuerza.
—¡Es mejor que guardes silencio a no ser que quieras que te amordace para que cierres la boca! —escucho que se deja caer sobre el sofá y yo resoplo sentándome sobre la tapa del retrete.
—¡Eres un troglodita!
—Es lo más lindo que alguien ha dicho de mí en mucho tiempo.
Los minutos avanzan a paso de caracol y siento que voy a perder la cordura si no hablo con nadie. Mi móvil lo dejé en el lavabo junto con mi bolso, y con ellos se desvanece la oportunidad de pedir a alguien que me rescate de esta bestia en piel de hombre.
—Al menos puedes decirme tu nombre, para saber a quién denunciar cuando salgamos de aquí. —Le doy una patada a la puerta que parece tomarlo por sorpresa porque escucho como se levanta del sillón.
—Te di la oportunidad de irte. Fuiste tú quien decidió quedarse —me recuerda resoplando.
—¿Siempre eres tan bestia?
—¿Y tú siempre eres tan terca y preguntona? —imita mi tono acusante y yo entiendo que no es la manera más inteligente de tratarlo si deseo negociar mi libertad.
—De verdad me gustaría saber tu nombre. No me agrada mucho tanto silencio —lo escucho reír pero esta vez es una carcajada, genuina. Es una risa grave pero real.
—En realidad no tienes ni puta idea de quién soy —ríe de nuevo y yo siento que me estoy perdiendo de algo importante—. Mi nombre es Evan Ligthman —su nombre resuena en mi cabeza y sé que lo he escuchado en alguna parte pero no tengo idea.
—Sería un placer Evan en otras circunstancias.
—Sigues sin saber quién soy.
—No tengo la menor idea —suspiro cambiando de asiento en el suelo, descansando mi espalda en la puerta.
—Me han apodado el príncipe vanidoso de Los Angeles —tan pronto lo dice es como si una luz se encendiera en mi cabeza. He escuchado de él y leído también. Estuvo casi un mes en las portadas de revistas cuando me mudé a esta ciudad. Decían que era un despilfarrador, haciendo fiestas que terminaban en orgías, plagadas de sexo, alcohol y drogas.
—Ohh… —fue todo lo que fui capaz de decir.
—Todo lo que dicen…
—No es cierto.. —le interrumpí. Era lo que todos siempre alegaban en alguna entrevista.
—Lo es. Todo es cierto —su sinceridad me sorprende. No esperaba tal respuesta de una bestia. Me río por el nombre que he usado para él y es que es justo La Bestia de este cuento, el apodo le queda como anillo al dedo. De no serlo no estaría en esta situación encerrada en un baño en contra de mi voluntad.
—¿Y qué hacemos aquí escondiéndonos? Al menos tú. Yo he sido secuestrada —digo haciendo énfasis y lo escucho resoplar al otro lado de la puerta.
—Te recuerdo que fue tu decisión.
—Responde mi pregunta —lo detengo antes de tener que escuchar de nuevo que yo solita me metí en este embrollo.
—No se supone que vendría pero mi abogado y mi personal insistieron que sería una buena idea para limpiar mi imagen y evitar… —se detiene soltando un largo suspiro— eso no importa. El punto es que los paparazzi comenzaron a acosarme y hacerme preguntas para hundirme más. Cómo si eso fuera posible —se burla—. Así que decidí encerrarme aquí hasta que todo acabe.
—¿Sabes que eso tomará horas? ¿El salón está rentado hasta las cuatro de la mañana y apenas son... ¡A las diez! —suelto un grito al comprobar la hora. Esta será una larga noche.
—¿Qué importa la hora? ¿Deseas regresar a esa fiesta llena de hipócritas y oportunistas? ¿No he arruinado tus fantásticos planes de un viernes por la noche para encontrar a un soltero millonario? —se burló.
—De hecho sí. Tenía asombrosos planes con mi mejor amiga para ir a tomar algo y bailar en el Club Sensitive —enfatizo para desmentir su última acusación, aunque no le deba nada a esta bestia—, hasta que llegaste y ¡lo arruinaste todo secuestrándome! —Golpeo varias veces la puerta echa una furia, al recordar que esto no se trata de un encuentro fortuito de dos desconocidos, estoy aquí en contra de mi voluntad.
—No es necesario caer en esto de nuevo. Asume la responsabilidad de tus acciones. Deja de comportarte como una chiquilla en lugar de una mujer de… ¿cuántos? ¿Veintidós?
—Veinticinco —corrijo malhumorada, con frecuencia me confunden con alguien de menor edad, en algunas ocasiones es un halago, en otras como estas no lo es. Soy una estúpida debo aceptarlo por no haberme ido en lugar de enfrentarme a esta Bestia, pero no imaginaba que sería un secuestrador.
—Puedes dejarme ir y yo te dejaré aquí para que sigas con tu plan de esconderte.
—No puedo tener la certeza de que ahora que tienes mi nombre no venderás esta historia al mejor postor o en su defecto llamarás a seguridad, lo que equivaldría a un escándalo similar al saberse quién soy. —Tiene razón. Por más que desee salir de aquí su punto es muy lógico.
—Podríamos...
—¿Por qué no mejor me dices tu nombre? —interrumpe mis intentos de convencerle de dejarme ir—. Nos quedan aún muchas horas por delante, es buena idea ir conociéndonos.
—Una buena idea sería dejarme ir en lugar de mantenerme encerrada aquí —lo escucho gruñir y respirar profundo—. Celine.. mi nombre es Celine Waldorf —suspiro tratando de ponerme lo más cómoda posible, no quiero malgastar mis energías discutiendo con él porque en algo tiene mucha razón, aún nos quedan muchas horas por delante.
—Es un placer Celine, al parecer no tenemos otra opción que conocernos.