La relación con Vincent creció a paso veloz. Una salida se convirtió en tres y cuatro en una semana. Era alguien encantador, apuesto y muy sociable. Sin embargo comencé a darme cuenta de pequeños detalles que convertían a mi apuesto amor en el príncipe Eric en la Sirenita. ¿Si recuerdan a Ariel cierto? ¿Ven como ella tiene que renunciar a su voz para poder tener piernas y así quedarse con el amor de su vida? No tengo cola ni nada similar, pero sí tuve que perder parte de lo que era y renunciar a mi voz para poder estar con él.
Él como lo dije trabajaba en una revista de negocios, hablaba de números, la bolsa, estrategias de mercado y yo llevaba una sección de moda y tendencias ¿Qué es el dinero frente a la moda? Ya pueden imaginar cómo resultó eso. Si no se los ilustraré.
—Cariño tengo que advertirte acerca de algo —Se giró hacia mí mientras se anudaba una corbata color cobalto que hacía resaltar el azul de sus ojos.
—Claro.
Yo estaba más que nerviosa por esa reunión. Llevábamos un par de meses saliendo. Había asistido a dos reuniones con sus amigos, todos fueron muy corteses aunque las conversaciones siempre terminaban en el valor de la bolsa, los problemas en el mercado, cuáles eran las mejores inversiones en el momento, las variantes en la economía actual del país, etc y yo quedaba relegada a un rincón porque el conocimiento que tenía del tema no era suficiente para adentrarme en un debate como me gustaba y además me resultaba en extremo aburrido, en especial cuando mi sistema de ahorro se limitaba a guardar el diez por ciento de mi salario en el interior de un frasco de perfume vacío que mi mamá me regaló en la universidad, de resto gastaba lo que tenía en renta, comida y salidas con mis amigas. Sin embargo, a pesar de las enormes diferencias disfrutaba de su compañía cuando estábamos solos, así que eso valía la pena cualquier sacrificio.
—Todas las personas que asistirán hoy ocupan los altos más altos de la revista, Incluso estará el editor en jefe, algo que no sucede a menudo. Probablemente te aburras más que las veces anteriores y puede que incluso sientas que no hablan el mismo idioma —se rió divertido—. Eso es porque te habrás dado cuenta de que su idioma es la bolsa —lo dijo de una manera tan sutil y con esa sonrisa que me desarmaba que no le presté atención. Todo lo que quería era hacerlo feliz, pero sabía muy bien en lo que eso se traducía. Estaba acostumbrada a tener un papel activo, a hacer una declaración de mi posición frente a cualquier tema, pero en el círculo social donde él se desenvolvía simplemente no era posible.
—Por supuesto. De todas formas, sé que a la mayoría de los hombres lo que menos les interesa es la moda. —Me río con fingida despreocupación porque no sé qué más hacer. ¿Acaso había querido decir lo que creo que quiso decir? ¿Me dijo estúpida? Espero que ustedes como yo se hayan dado cuenta.
—Claro. Puedes hablarlo con la novia de Enrique o la esposa de Richard, si asisten a la reunión. —Deposita un beso en mi frente y da por terminado el asunto, yo lo dejo porque ¿cómo negarle algo a ese hombre? Aunque sin ser muy consciente de ello, una parte de mi siente que estoy perdiendo algo muy importante, solo que no estoy segura el qué.
Llegamos al evento tomados de la mano, yo lucía un vestido ciruela entallado que llegaba a mis rodillas, de cuello redondo y espalda ligeramente descubierta, unos zandalias altas de tira fina parecieron la mejor opción, quería que se sintiera cómodo a mi lado y orgulloso, aún cuando aquel vestido me parecía tan sobrio sin una chaqueta mostaza o algo de textura y color. Sin embargo, hizo especial énfasis al verme sacar los pantalones aguamarina y la blusa magenta, aquello se sintió como una prohibición más que una sugerencia, pero no importó porque quiero que sea una noche especial para ambos y él tiene razón, esta reunión es más formal que las anteriores a las que asistimos, sus jefes están ahí de pie al final del salón. Nos acercamos sin disimulo a ellos y después de los saludos reglamentarios me introduce como su novia y yo me siento una princesa del brazo de mi príncipe azul. Nada más importa, todo simplemente vale este momento.
—Vincent... —le llama a la distancia el hombre que me había comentado al entrar al salón que era el editor en jefe de la revista. Llevaba un trago de lo que supuse era whisky en la mano. Era alto de cabello cano y piel bronceada, pero no de forma artificial, sino de ese tono tan sutil que adquiere la piel cuando sales a tomar el sol en tu balcón cada mañana.
—Señor Philliphs. —Estrechó su mano con firmeza y yo esperé paciente que me presentara—. Le presento a mi novia Celine Waldorf.
—Encantada señor. —Él deja un beso en cada mejilla que me hace recordar a los europeos y al teatro que montó Liz al conocer a Vincent.
—Una bella señorita. ¿A qué se dedica?
—Soy la redactora de la sección de moda y tendencias de la revista….
—Trabaja en la revista frente a nuestros edificios —me interrumpió Vincent con naturalidad.
—Conozco a Marjorie. —Sonrió de forma ladina con una mirada que reflejaba cierta picardía, supuse que algo tuvo que haber tenido con ella, después de todo Marjorie era la sub editora en jefe de la revista, llevaba todo cuando Stephen no se encontraba. Ella era muy hermosa y a sus cincuenta años lucía tan imponente como cuando tenía treinta o al menos eso parecía en las fotos. Además, se tuvieron que cruzar en distintas reuniones sociales—. Debe ser un trabajo interesante.
—Para cualquier mujer lo sería —Vincent respondió de nuevo por mí—. Hablar de ropa y accesorios, el sueño de cualquier mujer —ambos se rieron y noto un deje de superioridad que aunque sutil e inocente, no me gusta para nada e incluso comienza a incomodarme. Y después de ese momento se sumen en una animada conversación acerca de la Revista Finance, las decisiones difíciles que tendrá que tomar la junta prontamente y un posible ascenso para Vincent.
El resto de la velada cumple lo que me él advirtió, no tengo espacio ni oportunidad de escuchar mi voz ni mis pensamientos. Hablo lo necesario cuando me presenta a sus colegas que al saber en la sección en la que trabajo es como si hubiese dicho que tengo mononucleosis o herpes , se alejan por temor al contagio, así que no tengo más alternativa que permanecer junto a él sonriendo, como Ariel junto a Eric sin entender lo que dicen ni poder decir una palabra, justo así me siento.
—¿Puedes llevarme a mi apartamento? —le pido cuando se acerca a la barra para pedirle a uno de los chicos que le sirvan tres escoceses más.
—Si la fiesta recién empieza. Acaba de llegar Jhon Martins —me señala a un hombre de traje azul marino y camisa blanca junto al ventanal, quien se ríe de algo gracioso que dice la mujer a su lado que a leguas se nota que él le dobla la edad—, uno de los mayores inversionistas de la revista, parece que quiere crear una nueva, así que esta fiesta es el lugar perfecto para terminar de cerrar el trato.
—Luce muy… importante —me ahorro el comentario acerca de ser un viejo verde saliendo con jovencitas que se nota sólo están detrás de su dinero, porque ese bigote no le agradaría a ninguna mujer cuerda, tendría que estar ciega para soportarlo.
—Lo es, por eso es importante permanecer en la fiesta. ¿Por qué no vas, das una vuelta y haces amigas? Estoy seguro que encontrarás a más de una que estará encantada de saber acerca de tu trabajo en la revista. —Me da un corto beso en la mejilla y se aleja en dirección al grupo de hombres que ya están reunidos junto al cazador de jovencitas.
Me siento indignada ante sus palabras. “Estoy seguro que encontrarás a más de una que estará encantada de saber acerca de tu trabajo en la revista”, eso dijo y estoy segura de que no es consciente de lo que va mal en esa frase.
Como me sugiere, comienzo a caminar alrededor del salón y las copas de champán van desapareciendo de mis manos una tras otra. No hablo con nadie y nadie parece prestar atención tampoco, sólo quemo el tiempo para salir de aquí. Llega un punto en el que la cabeza me da vueltas y es mi señal para tomar mi abrigo e irme de aquí. Busco a Vincent con la mirada y él sigue hablando con el mismo grupo de hombres, me acerco enderezando mi espalda y esforzándome por no parecer ebria, toco su hombro capturando su atención y el gira frunciendo el ceño pero al verme su mirada se dulcifica.
—¿Está todo bien? —pregunta él.
—Si, solo quiero irme a casa.
—Cariño, como te dije antes estoy en medio de algo.
—Lo sé, pero no me siento muy bien y necesito meterme en mi cama y descansar.
—Lo entiendo —medita por unos segundos—. Te llamaré un taxi ¿Te parece bien?
Mi mente hace un corto circuito y mi expresión tiene que ser de incredulidad por lo que se apresura a decir— A menos que quieras que me vaya contigo, lo haré sin dudarlo, sólo tienes que pedirlo.
Y entonces me fijo en su mirada, no sé si tengo razón o el alcohol me hace ver lo que no es, pero puedo asegurar que me implora con la mirada que no le pida acompañarme.
—No te preocupes, le diré al valet que me pida un taxi. —Fuerzo una sonrisa que él recibe con entusiasmo.
—Hazme saber cuando ya estés en casa —deposita un beso en mi mejilla y regresa a su lugar junto a los caballeros de la banca.
—Buenas noches para ti también —murmuro al espacio vacío y me marcho sin esperar algo que no llegará.