Un día más de trabajo, otro martes en la oficina. El día de ayer Marjorie me asignó un artículo sobre un diseñador emergente que estaba por ofrecer un desfile en la ciudad y me llevó todo el día. Entre sesión de fotos, arreglos y reuniones, tuve que aguardar paciente para hablar con él, no fue hasta la hora del almuerzo, uno muy tardío, cuando tuvimos tiempo para hablar sin prisas. ¿Y el resto del día? Cuando llegó la noche regresé a casa y me dediqué a escribir el artículo, necesitaba mantener la mente ocupada. En cambio el martes, temible martes, estuvo tan vacío como mi corazón en estos momentos. La noche anterior adelanté el trabajo de hoy, así que solo me restaba quemar las horas navegando por internet. Sé que no debo hacerlo, no debo entrar en el navegador, sin embargo tan pronto lo

