La verdad es que no fue fácil para Kaus, acaricié mi vientre y continué pasando un par de páginas. Los días siguientes he pasado las tardes en la casa de Yelena, en las noches realizo una que otra presencia en el Norte o en el despacho. No puedo dormir. Es de madrugada, me tiré en la cama para ver si conciliaba el sueño, pero es en vano. Tengo un hormigueo en el estómago y es porque Yelena está de nuevo sola. —debo arriesgarme—. Tomé la tabla, pasé a su casa, Intenté tocar y me arrepentí, me devolví a mi habitación. ¡Qué cobarde soy!, me vuelvo una pelota completa ante el hecho de que quiero confesarle lo que siento. —bueno, no confesarle, pero sí hacerle ver mi interés a ella como mujer—. Me decidí y sin pensarlo toqué la puerta de su balcón, escuché sus pasos. Verla con esa ropa de dorm

